Acciones conjuntas para lograr la inclusión social

13 Sep 2019 Por LA GACETA

La droga, la delincuencia y la violencia son temas centrales de nuestra sociedad, como también lo son la desocupación, el analfabetismo y la exclusión social, todas están estrechamente relacionadas entre sí. Existen barriadas que han sido estigmatizadas por esa condición, como La Costanera, El Sifón, Los Vázquez, La Bombilla. Sin embargo, siempre es importante tener en cuenta no solo una visión desde afuera, sino también de aquellos que viven allí, especialmente de jóvenes que no responden a esa condición y trabajan en grupos para rescatar de la drogadicción a otros chicos.

Una estudiante, de 17 años, que es escolta en su colegio y trabaja en un voluntariado, dijo que es consciente de los problemas que acechan en su barrio, en particular cuando debe atravesar a diario el barrio Alejandro Heredia para llegar al colegio, razón por la cual van en grupos.

La joven le contó a LA GACETA Play que se consume pasta base, poxi-ran y “faso” (marihuana), drogas que afectan principalmente el sistema nervioso central. Señaló que los chicos fuman y hacen cualquier cosa para conseguir la droga, salen a robar e incluso les hurtan cosas a los padres para venderlas y poder consumir.

La estudiante colabora con un grupo de jóvenes integrado por chicos que todavía consumen sustancias ilegales, otros que nunca consumieron y otros que lograron salir de la droga. “Nuestro proyecto es armar un club barrial. Tenemos una plaza y una cancha y estamos haciendo un contrapiso para hornos y asadores. Hemos recuperado una capilla donde se hacen capacitaciones; tres veces a la semana hacemos merenderos. Vivimos en un barrio pobre, donde los chicos andan todo el tiempo con hambre. Los martes tenemos un taller de costura donde hacemos delantales y bolsas, con nuestra propia marca, Los Vázquez. Tenemos varios pedidos”, dijo.

Justamente, días pasados comentamos en esta columna la labor de un grupo de ocho jóvenes de Los Vázquez, que forma parte de un proyecto de prevención, ayuda y lucha contra las adicciones cuya meta es la inclusión social de quienes se han recuperado, mediante trabajos manuales; cuentan con el apoyo de la universidad San Pablo-T para aprender corte y confección. En abril del año pasado, se puso en marcha un taller de capacitación para la elaboración de chacinados, en el que participaron jóvenes en recuperación, también con el asesoramiento de esa casa de altos estudios y de psicólogos.

Los voluntariados, sobre todo si parten de los miembros de la misma comunidad, son muy importantes, así como los talleres de capacitación que pueden convertirse en el punto de partida para un emprendimiento comercial futuro.

La escuela tiene un rol fundamental en esta realidad. Tal vez se debería hacer hincapié en materias relacionadas con el aprendizaje de oficios o de tareas manuales que fueran útiles en el futuro como una salida laboral. Como bien señaló hace unos días un experto en adicciones del Ministerio de Desarrollo Social, habría que capacitar a docentes para trabajar en esas zonas con chicos recuperados, pero que han quedado con algún daño neurológico.

Sería interesante si el Gobierno, las universidades y las organizaciones no gubernamentales elaboraran un plan de trabajo conjunto que se desarrollara en forma coordinada en estas barriadas vulnerables, de ese modo, los esfuerzos serían más provechosos y probablemente el resultado mucho mejor.

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Alejandro Heredia
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