La crisis también golpea a las ventas en el Mercado Persia

Los pasillos están desolados y fríos, mientras los puesteros se miran unos a otros con resignación por la caída en la actividad comercial.

13 Sep 2019

Hubo otros tiempos en que era imposible caminar por los pasillos. La venta de indumentaria atraía a los clientes, en su mayoría mujeres, en busca de una prenda con bajo precio. Sin embargo, ahora el escenario es diferente. Los extensos pasillos del mercado Persia parecen fríos y con tan poca gente que se puede caminar sin andar chocándose con bolsas y paquetes de ropa. Según los puesteros, las ventas cayeron más del 50% en el último mes.

Los puesteros pagan un alquiler mensual o semanal, depende del sitio y del tamaño. Hay puestos por el que pagan $ 6.000 por mes, pero hay otros que deben abonar $ 2.000 por semana (es decir $ 8.000 al mes). Las ventas con tarjeta de crédito todavía atraen a los clientes, pero eso tiene sus consecuencias para los comerciantes. Por un lado, no reciben ingresos en efectivo, que necesitan para reponer la mercadería y, por otro lado, están obligados a tener los impuestos al día, porque es la única manera de acceder al posnet.

Algunos locales cerraron y no volvieron a ser alquilados. LA GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO.

Raquel Seiman tiene un puesto de venta de indumentaria deportiva, en la entrada al mercado por calle Junín. Hace 25 años que está en el rubro comercial. Dice que la crisis golpea fuerte. “Esto es una cadena –dijo-. Hablan de que el IVA que no se cobra, pero a nosotros los proveedores nos están cobrando la ropa con un dólar a $ 70 –precisó Raquel-; el calzado se fábrica en Córdoba y la ropa viene de Buenos Aires y ellos ya remarcaron los precios”, agregó.

El fin de la represión

El Mercado Persia está a punto de cumplir 25 años. El 10 de diciembre de 1994 se inauguró luego de varios cruces entre la Municipalidad de la capital y los vendedores ambulantes. Los mismos puesteros solían ocupar espacio en las peatonales. En aquel momento se logró un acuerdo entre las partes, pero en el medio hubo varias peleas y enfrentamientos en las calles del microcentro.

Los puesteros atienden en horario corrido, sin interrupción a la siesta. Sin embargo, esa decisión tiene un costo adicional como hacerse cargo del menú de los empleados. En tiempos de “vacas flacas” como atraviesan ahora, se abre un interrogante: ¿conviene atender de corrido si no hay clientes?, se preguntan los comerciantes.

Algunos puesteros no traen mercadería de Bolivia por la suba del dólar. LA GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO.

Fabiana Díaz administra un puesto que da a la salida por calle Salta. Ella también es una de las tantas que está desde el inicio del mercado. En su local ofrece ropa de hombre y de mujer y algunas piezas de bazar. “Yo vendo lo que sea –dice la mujer, mientras almuerza arroz amarillo con albóndigas-; a mí me das cualquier cosa y la vendo; menos droga”, remarca.

La mujer detalla que su vida es el comercio. Por eso administra varios puestos en el mercado Persia y en otros puntos de la ciudad. “La semana pasada no se movió nada –advierte-; pero ahora empezó a retomar un poco el movimiento, porque la gente ya ha cobrado”.

A la crisis hay que buscarle la vuelta de tuerca. Cuando bajan las ventas es el momento de ajustar los gastos y buscar por dónde ahorrar. “Antes pedía al delivery la comida, pero ahora me conviene prepararla en mi casa y traerla al local para ahorrar algo de plata”, detalla. Dos empleadas abren las bandejas del menú que recibieron unos minutos antes.

Casi no hay gente en el predio; es cierto que es la hora de la siesta, pero se nota el bajón en la actividad comercial. Jesmit Angulo Acuña es una joven que administra un puesto que pertenece a sus padres. “Esta semana se reactivó un poquito –asegura-, pero no es como antes”.

Las copias y las originales

La ropa deportiva para niños y adultos es la que más atrae clientes por estos días. Las camisetas de los equipos de fútbol son la “vedette” de las ventas. Cada vez las hacen más parecidas a las originales.

Para niño, una camiseta de fútbol cuesta $ 350, mientras que la original supera los $ 1.600.

Luis Ruiz es uno de los puesteros que llegó en 1994 al Mercado Persia. En aquel entonces era el secretario adjunto del sindicato de vendedores ambulantes. Admite que las ventas se frenaron en los últimos meses. “Traer ropa de Bolivia o de Chile es un problema por el precio del dólar –detalla Ruiz-; si aquí el dólar está a $ 59 allá (en Bolivia) nos reciben a $ 64 o más y ya no me conviene”.

El puestero dice que tampoco es cuestión de remarcar los precios, porque se ahuyenta a los clientes. Ruiz detalla que, para colmo de males, el invierno no fue tan frío como esperaban y las ventas de temporada no fueron buenas. "Si vendemos una campera, se le gana más que a la ropa de verano, pero no nos fue bien por ese lado, tampoco", asegura con resignación.

Comentarios