El ensayo más serio del juicio por jurados finalizó con una condena a la violencia de género

La experiencia organizada por la Justicia y el CAM confirmó el interés existente en el juzgamiento de delitos con participación del pueblo.

05 Sep 2019 Por Irene Benito

Por un momento pareció que Fabio Ladetto iba a librarse de una condena. Su defensa se había encargado de inocular la duda. ¿Las pruebas acreditaban que ese 3 de marzo de 2017 había matado a su pareja, María Magdalena Juárez, como corolario del maltrato a la que la sometía desde que se había entregado al alcoholismo? La pregunta pudo haber recibido un “no”, pero los ciudadanos que juzgaron el caso consideraron que la acusación se apoyaba sobre una base cierta y respondieron: “sí, es culpable”. Ladetto -periodista de este diario, además de actor, abogado y docente- se salvó de ir preso porque estaba en una recreación. Por lo demás, todo lo que pasó ayer en el Teatro Alberdi fue verdadero, en especial el interés que concitó el juzgamiento con participación de la ciudadanía.

El ensayo más serio del juicio por jurados practicado en la provincia superó el test de la credibilidad. Lo que sucedió en el escenario del coliseo vale tanto como lo que aconteció en las butacas. Risas y exclamaciones acompañaron los ataques de Carlos Sale y de Edgardo Sánchez, y las defensas de Adolfo Bertini y de Vanessa Lucero, quienes en la “vida real” se desempeñan respectivamente como fiscales y defensores públicos. Muy compenetrado en su papel de director, Mario Juliano, juez penal en Necochea (provincia de Buenos Aies), condujo -sin corbata- el simulacro de tres horas y media de duración. Ellos hablaron para que los 12 jurados, seis mujeres y seis hombres escogidos por sorteo a partir de una convocatoria pública, pudieran tomar una decisión fundada en el sentido común, la libertad y la independencia. La expectativa perduró hasta que Eneas Kevin Pacheco Pereyra, presidente del tribunal popular, tomó la palabra y comunicó el veredicto.

CIUDADANOS. El defensor Bertini se dirige a los 12 jurados, que permanecieron en silencio y deliberaron en secreto.

El simulacro ocurrió en una provincia que mira “de lejos” los juicios por jurados que practican otras jurisdicciones (ver “Una deuda...”). Aunque hubo otras simulaciones, por primera vez el sistema judicial se involucró en la prueba por medio del Centro de Especialización y Capacitación de los Tribunales, y de la Escuela Judicial del Consejo Asesor de la Magistratura que encabezan en forma respectiva Claudia Sbdar y Daniel Posse, vocales de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán. Sbdar asistió a la puesta en escena de principio a fin. Junto a ella se sentaron, entre otras autoridades, la secretaria de Gobierno y Justicia de la Provincia, Carolina Vargas Aignasse; el legislador opositor José María Canelada y el juez de Instrucción en lo Penal de Monteros, Mario Velázquez, que nunca dudó de que el “imputado” Ladetto estaba frito -y, por ello, ganó una apuesta-. Según este magistrado, la declaración del homicida fue un error. En esas circunstancias, Ladetto admitió que trataba mal a la víctima en el hogar que compartían en Banda del Río Salí.

Las razones de la condena quedaron en la deliberación secreta que, luego de recibir las pruebas y tras bambalinas, sostuvieron Pacheco Pereyra; Florencia Carabajal; Constanza Villafañe; Silvana Vanessa Guevara Gallegos; María Florencia Cordero; Romina Constanza Aguilar Bianchi; Daniel Federico Del Olmo; María Florencia Romano; Mauricio David Gaón; Jorge Pablo Rodríguez; Mario Augusto Andrada Trejo y Julio Gramajo. Los jurados compusieron su decisión sobre la base de la información que le proporcionaron una perita, un policía, una vecina y el hijo de la pareja encarnados sucesivamente por la camarista Malvina Seguí; el abogado Eugenio Racedo; la jueza Valeria Brand y el letrado Pablo Rank.

El cinto de Sale

La defensa hizo hincapié en las falencias del procedimiento policial e investigativo: no hubo preservación de la escena del hecho; ni exámenes de alcoholemia; ni precisión respecto de denuncias previas contra Ladetto. “Nadie sabe qué pasó ese 3 de marzo de 2017”, insistió Lucero. La acusación sostuvo que la víctima murió como consecuencia de un golpe en la cabeza provocado, a su vez, por el “ojo en compota” que le ocasionó su esposo ebrio. Bertini conjeturó que la violencia no debía ser tal puesto que no había logrado alertar a Casimiro Ladetto, el hijo de Fabio y Magdalena, que estaba chateando con su novia en el cuarto de al lado. El defensor también esgrimió que el “ojo en compota” podía ser una lesión de por lo menos seis días de antigüedad, según José Ángel Patitó, el autor de cabecera de Medicina Legal. Nada funcionó: los jurados creyeron a Sale. “Ladetto es el señor ‘nomeacuerdo’, que trataba a su señora como no se trata a un animal: a cintazos (sic)”, comparó el fiscal.

PARTES. Fabio Ladetto, y los defensores Vanessa Lucero y Adolfo Bertini, y los fiscales Carlos Sale y Edgardo Sánchez.

El discurso acusador alusivo al movimiento Ni Una Menos pudo más que los reproches de la defensa, al menos en este simulacro de juicio por jurados. Más allá del resultado, Juliano, que milita con pasión por el modelo, afirmó que el ensayo lo había impresionado. “Los jurados no quieren ascender en el Poder Judicial y no necesitan surfear la política. Son jueces accidentales, que no pueden ser destituidos ni están atados al precedente”, recordó. Y añadió que la dirigencia tucumana debía tomar nota del entusiasmo existente. ¿Será esta experiencia un punto de inflexión en una provincia que aún no logró implementar del todo el Código Procesal Penal sancionado en 2016? Hasta mayo parecía que faltaban años para aplicar el juicio jurados. Quizá el “caso ‘Ladetto’” haga que esa espera sea más corta.

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