Preocupa el incremento del índice de criminalidad

27 Ago 2019

Es tan antigua como el ser humano mismo porque está en sus genes. Recrudece en los momentos más conflictivos de una sociedad. La recesión económica, el desempleo, el avance del narcotráfico y la delincuencia la potencian. Desde hace ya tiempo, la violencia está instalada en Tucumán y la inseguridad es una de sus mejores expresiones. Hay episodios que llaman la atención y alarman no solo por la cantidad, sino también porque se producen con diferencia de pocas horas.

Entre el viernes pasado y el domingo, se registraron en la provincia siete asesinatos en diferentes hechos, una cifra mayor de la que se produjo durante todo el mes de julio y, hasta ayer, agosto superó los números del pico de violencia que se registraron en mayo pasado. Varios de ellos son considerados como crímenes de la inseguridad: dos jóvenes murieron en intentos de robo y los otros dos, fueron supuestos ladrones que fueron muertos por las personas que pretendían asaltar: estos tuvieron lugar en Alderetes (dos), el barrio Oeste II, barrio Sur, barrio Victoria y Villa Alem.

El secretario provincial de Seguridad dijo que debería efectuarse un análisis sociológico de lo que está ocurriendo. “La del sábado fue la primera noche primaveral en serio. Evidentemente al aumentar la temperatura, se incrementa el consumo de alcohol y droga. Eso podría incidir en un aumento de casos”, afirmó.

Según el registro llevado por LA GACETA, son 86 los crímenes cometidos hasta ahora en lo que va del año, 18 más que en igual período de 2018. De esa cifra, 44 fueron en situación de robo, lo que representa más del 50% del total de los hechos registrados; son 17 las víctimas que murieron en manos de sus asaltantes, mientras que 20 fueron supuestos asaltantes asesinados por las víctimas a las que quisieron robar. Tres fueron abatidos por la policía y cuatro personas murieron al quedar en medio de enfrentamientos producidos por un hecho vinculado a un delito contra la propiedad. La violencia intravecinal fue la causa de 25 muertes y la intrafamiliar dejó como saldo 17 víctimas.

El incremento del índice de criminalidad debería alarmar a las autoridades, que desde hace mucho tiempo vienen centrando su acción en la tarea policial, sin haber podido encontrar soluciones para desterrar este flagelo. Se trata de un problema con un importante trasfondo social, que debería ser abordado por una política integral que promoviera acciones puntuales para combatir el delito como la prevención contra grupos violentos, el fortalecimiento de mentores barriales. Se podría pensar en programas de recreación luego del horario escolar y de visitas a familias desprotegidas y con niños, planes de educación preescolar que involucraran a padres, prevención de la violencia familiar y acciones adecuadas en la Justicia Penal, recuperación de desertores del sistema escolar, capacitación de docentes para afrontar los problemas de origen social en las aulas, fortalecimiento de patrullas dirigidas a lugares conflictivos.

La desigualdad social, la falta de educación y de oportunidades laborales dignas son a menudo el caldo de cultivo no solo para el recrudecimiento de la violencia, sino también del consumo de estupefacientes para beneficio del narcotráfico. Siete homicidios en un fin de semana son un reflejo del deterioro del tejido social al que asistimos en los últimos lustros. Si no se enfrenta el problema desde varios ángulos, seguiremos en caída libre.

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