La producción de alcohol y el manejo de la vinaza van juntos

El sector sucroenergético necesita políticas públicas adecuadas y previsibles.

24 Ago 2019
1

BIOETANOL. La pelea esta en conseguir un precio competitivo. LA GACETA

En el año 2006, el Poder Legislativo Nacional sancionó y promulgó la Ley N° 26.093 de Promoción a la Producción de Combustibles Líquidos desde Fuentes Renovables, para la producción de alcohol a partir de melazas, a la que le siguió la Ley Nacional N° 26.334, de incentivación específica para producir bioetanol para su mezcla con combustibles de origen fósil.

“La rápida, contundente y positiva reacción de la agroindustria sucroalcoholera, que pasó de producir alcohol etílico a escala de litros y sólo a partir de melazas (cuyo destino era, hasta ese momento, la exportación o la venta al mercado interno para las industrias licorera, farmacéutica y de agroquímicos), a hacerlo a escala de m3 de bioetanol anhidro, añadiendo como materia prima al jugo directo de caña y azúcar crudo refundido, generó un nuevo desafío: la disposición ambientalmente responsable de su subproducto principal, la vinaza”, señaló el ingeniero Juan Carlos Mirande.

Consciente de esta realidad, la Secretaría de Estado de Medio Ambiente de Tucumán (SEMA) pidió a la Estación Experimental Obispo Colombres (Eeaoc), en 2010, la elaboración de documentos guía para el Manejo Responsable de la Vinaza.

Asimismo, el entonces Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable promovió la firma de un Acta Acuerdo entre los representantes del mismo, la SEMA y la Defensoría del Pueblo de Santiago del Estero, con los referentes de toda la industria sucroalcoholera tucumana, que se denominó “Acta Acuerdo para la prevención de la contaminación de origen industrial del Embalse de Río Hondo” y se refrendó a fines del año 2011.

Los preceptos establecidos en la misma fueron “cero vuelco de agua de lavado de caña, agua con cenizas y vinaza a los cursos naturales o artificiales que desembocan en dicho Embalse”. Al control directo de los cursos de agua los realiza tanto la SEMA como la Defensoría del Pueblo de Santiago, las que, además, realizan visitas de inspección periódicas a las industrias, en conjunto con la actual Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación (Sayds).

Desde el año 2010 a la fecha, el incremento de la producción de bioetanol fue constante y a una elevada tasa, habiéndose registrado no obstante una gran disminución en los accidentes ambientales y una importante mejora en la calidad del aire y de las aguas que discurren hacia el Embalse de Río Hondo.

Todo esto ocurrió a consecuencia de que las inversiones con impacto ambiental positivo realizadas por la actividad sucroenergética en las dos últimas décadas años fueron de enorme envergadura: a las de los primeros años, más bien orientadas a la incorporación de tecnología en la producción de campo, les siguieron las de las áreas industriales.

En las fábricas de azúcar, y sólo por mencionar algunas, se adquirieron y pusieron en servicio sistemas de captura de gases de chimeneas; calderas bagaceras de mayor capacidad y eficiencia; plantas de ósmosis inversa; filtros estáticos y dinámicos para separación de cenizas; decantadores; reboilers de jugo; sistemas de control automático de procesos; intercambiadores de calor, y nuevas centrífugas.

En cuanto a la producción de bioetanol, se adquirieron nuevas cubas de fermentación y columnas de destilación; equipos de concentración de vinaza; plantas de deshidratación de alcohol industrial, e islas de carga para camiones cisterna que transportan al año más de 300.000 m3 de alcohol anhidro, para su mezcla con naftas de origen fósil, y cumplen con todas las medidas de seguridad necesarias.

En lo que hace a disposición responsable de residuos orgánicos industriales, se invirtió en camiones cisterna y equipos de riego para vinaza; vinazoductos; piletas de evaporación, y una importante planta de concentración forzada y compostaje, probablemente la más grande de la Argentina.

Últimamente, se ha abierto para la actividad un nuevo y promisorio horizonte: el de la cogeneración de energía eléctrica a partir de la quema de bagazo, residuos agrícolas de cosecha y a un futuro próximo, vinaza concentrada, todas provenientes de fuentes renovables.

Obviamente, y para que estas expectativas se cristalicen, la agroindustria sucroenergética requiere disponer de políticas públicas adecuadas y previsibles, líneas de crédito a tasas de interés accesibles, impuestos y tasas no sobredimensionados, y políticas de precios que incentiven las inversiones y reconozcan su importante aporte, no sólo a la recuperación de la soberanía energética, sino también a la disminución del ritmo de generación de gases de efecto invernadero, sólo lograble mediante la captura y reuso del carbono ya existente en la tropósfera, cosa que no sucede con los combustibles fósiles.

Sin dudarlo, muchos de los temas planteados en esta reseña serán profundamente tratados en el Congreso que se iniciará el 31 de agosto.

Comentarios