¿Por qué estamos como estamos?

22 Ago 2019
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reuters

Daniel Abad

Director de Cesnoa

Gobernar para mercados especulativos a la espera del derrame nunca funcionó en la Argentina. Solo la estabilidad a través de políticas de Estado garantizan inversiones productivas de largo plazo.

Las políticas económicas que intentaron reemplazar la producción nacional con productos importados, la vieja pelea de economía cerrada versus economía abierta, solo trajo cierre de pequeñas y medianas empresas (PyME) y desocupación. Los resultados sociales están a la vista: la pérdida del 12% de los empleos industriales.

Tampoco funcionaron las medidas de flotación cambiaria con libre entrada y salida de capitales especulativos (golondrinas) para bajar la inflación. Tasas exorbitantes dejan al descubierto lo erróneo de esa política. El fenomenal negocio del Carry Trade (vender dólares especulativos e invertir en pesos a tasas altas y luego recomprar los dólares y fugarlos nuevamente) dinamitó cualquier inversión productiva.

Aparecen cuanto menos, como decisiones funcionales a grandes negocios financieros y del sector energético que deterioraron enormemente el bolsillo de los argentinos en un contexto de estanflación crónico.

Lamentablemente se perdió la oportunidad de orientar los recursos derivados del enorme endeudamiento al desarrollo productivo. Todo lo contrario. Se agravó la restricción externa. La fenomenal devaluación de 2018 y la del lunes 12 de agosto pasado, sólo conduce a más inflación. Tampoco mejora las cuentas externas porque seguimos exportando productos primarios con poco valor agregado. Con este escenario, era de manual que la única preocupación ahora sea contener al dólar.

Si bien se busco el déficit fiscal cero, ahora en duda con las recientes medidas, la meta con el FMI está lejos de cumplirse. No se cumplió con el valor del dólar ni la inflación.

Párrafo aparte merece el déficit cuasi fiscal del Banco Central. Las Leliq (Letras de Liquidez del BCRA) son una verdadera bomba de tiempo y por las enormes tasas de interés que pagan. El stock ronda el 1,2 billón de pesos y los intereses diarios que abona el BCRA a los bancos superan holgadamente los dos mil millones de pesos.

Es cierto que mejoraron otras cuestiones como la obra pública, pero fueron focos. Nunca hubo un programa económico consistente. Tampoco un ministro de Economía que centralice las decisiones.

Claramente este no es el camino.

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