El cliente del Siglo XXI, un desafío para el diseñador

18 Ago 2019
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Quien elige construir su casa en esta época y con los desarrollos tecnológicos a pleno es un cliente especial. Los que sueñan con su espacio propio están informados, comunicados, tienen acceso a todos los medios de comunicación e inmediatamente puede enterarse de tendencias de materiales y de técnicas nuevas, por lo que ya tienen una idea en la cabeza que quieren concretar. Esto es positivo, ya que obliga a los arquitectos y a los diseñadores a plantearse un desafío e ir más allá de la demanda del cliente.

Así lo reconoció Dolores Jaeggy, diseñadora y arquitecta de interiores, que cuenta con un estudio que acompaña a muchos constructores para terminar de elaborar el hogar ideal de cada persona. “Hay que salir de la zona de confort resignificar qué es lo que se le puede ofrecer a este cliente. Cada persona tiene un anhelo, pero hay que ir más allá de eso”, explicó la especialista. Y agregó que hay que descubrir los requisitos del buen vivir que es el objetivo de sus proyectos. “Hay distintos tipos de clientes, pero todos quieren llegar a lo mismo: el buen vivir”, dijo Jaeggy.

Del espíritu del arquitecto dependerá el resultado de la obra. La pasión, la curiosidad y el compromiso de descubrir que hay más allá de lo que el cliente quiere es nuestro valor diferenciado.

En este sentido, aseguró que un decorador, un diseñador de interiores y un arquitecto de interiores son tres cosas distintas. El arquitecto de interiores se dedica a obras más grandes que un diseño o un decorado. Se trata de trabajar con formas y ampliaciones. El diseñador de interiores colabora con los acabados de la textura de la obra, elige los pisos y se concentra en la cubierta interna de la propiedad. El decorador es la “frutilla de la torta” y se especializan en colores o la distribución de los elementos. “Es importante entonces, concentrarse más en la esencia de la persona y en la personalidad del cliente más que las tendencias, aunque sí hay que tenerlas en cuenta”, finalizó.

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