La “burbuja digital” amenaza la verdad y pide una regulación, según dos especialistas

Las connotaciones negativas y peligros de la comunicación en internet fueron objeto de un debate en los Tribunales provinciales. Dessein, presidente de LA GACETA, y el académico Garmendia analizaron 
las “traiciones” de la revolución tecnológica.

15 Ago 2019
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CONTRA LA DESINFORMACIÓN. Daniel Dessein (izq.) y Santiago Garmendia en la charla en el Poder Judicial. la gaceta / foto de hector peralta

Internet prometía potenciar la libertad, la democracia y el pluralismo, pero los internautas quedaron sujetos a nuevas formas de encierro y de aislamiento, y expuestos más que nunca a los perjuicios de la falsedad. Esta preocupación de actualidad irrefutable reunió en el Centro de Especialización y Capacitación del Poder Judicial a Daniel Dessein, presidente del Directorio de LA GACETA, y a Santiago Garmendia, doctor en Filosofía. Mediante intervenciones que resultaron muy complementarias, los expositores advirtieron ayer sobre los riesgos de habitar en redes sociales sesgadas donde cada quien oye y ve lo que quiere oír y ver. La disertación dejó esta síntesis: la “burbuja digital” amenaza la verdad y pide una regulación, que debe ser muy cautelosa para evitar el cercenamiento de las voces críticas.

Dessein propuso reflexionar a partir de la coyuntura electoral. “Lo que pasó el domingo es un ejemplo de la paradoja contemporánea: nunca antes tuvimos tantos datos para analizar la realidad y, a partir de ellos, prever escenarios futuros, y, al mismo tiempo, nunca el porvenir fue tan imprevisible”, meditó.

El ex titular de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) observó que nadie había podido anticipar el resultado de las primarias: “es un fracaso de las encuestas, de los analistas, de los periodistas y de la política. Y las turbulencias de estos días son fruto de esos déficits”. Dessein añadió, en otro tramo de su exposición, que la sociedad se había quedado desorientada y sin referencias. “(Consumimos) recortes que están en línea con lo que queremos creer”, definió.

Garmendia llamó la atención sobre la proliferación de pensamientos fundados en emociones, en prejuicios o en rasgos identitarios. Por medio de una ponencia que tituló “Fake news: lo doloso, lo culposo y lo apestoso”, comentó que la manipulación era un hecho. “Se decía que a (Hipólito) Yrigoyen se le hacía un diario para que él leyera ciertas noticias: el problema hoy es que hay millones de diarios de Yrigoyen. La red se comporta como una especie de enorme vitrina donde está todo: el problema es que está A y no-A”, expresó el investigador en presencia de Claudia Sbdar, la vocal de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán a cargo del Centro de Especialización, y de asistentes de adentro y de afuera de la Justicia. Entre los últimos se destacó la presencia de Alberto Lebbos, animador de la Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad, quien comentó que había sufrido las consecuencias nocivas de la desinformación. “¿Cómo responder a quien mancilla el honor escudado en el anonimato?”, interrogó Lebbos.

La violencia sería un síntoma del encapsulamiento. Dessein dijo que compartir contenidos engañosos o falsos genera un daño, y que por eso había aumentado el valor de la prensa profesional. “El periodismo es vacuna y antídoto porque previene y cura al corregir los perjuicios de la desinformación”, reflexionó. El editor de LA GACETA Literaria consideró que quizá las mayores tragedias y sufrimientos provengan de una mala comunicación: “la decadencia, la falta de progreso, la pobreza y la desigualdad usualmente surgen de la incapacidad para entendernos. Esa imposibilidad mina la cooperación a gran escala que explica el avance de nuestra especie”.

Dessein acotó que la falta de esa colaboración producía casos como el de la Argentina: un país con muchos recursos naturales y capacidades que no avanza porque no consigue forjar una coordinación inteligente. “El periodismo debe combatir esta carencia”, bregó.

La falta de comprensión del que piensa o vive distinto, o de diálogo entre los diferentes está anclada, en gran medida, en lo que cada quien imagina como las cualidades de su grupo, según Garmendia. “Ciertas cuestiones hacen que estemos dirigidos a algunas creencias. Hay veces que ponemos ‘me gusta’, aceptamos algo o lo hacemos circular no con base en su valor cognitivo sino por lo que sería el sesgo de pertenencia. Es muy difícil poner sobre la mesa o cuestionar algo que se convirtió en un rasgo de identidad de un conjunto”, expresó. Y precisó que a veces, para seguir perteneciendo a ese grupo, los integrantes callaban sus diferencias. Garmendia añadió que lo contrario podía implicar una “condena al ostracismo”. “Vamos camino a convertirnos en gritones que no tienen lugares donde debatir”, pronosticó.

La conducta clánica puede llevar a la negación de la realidad, y a ser un objetivo fácil para la inteligencia artificial y el entorno virtual, que procesan las preferencias para ofrecer “productos a medida”. Garmendia y Dessein dijeron que esos paquetes envuelven en forma sofisticada intereses económicos y políticos. Se trata de mensajes muchas veces sutiles, que penetran en las cabezas desprevenidas, y las predisponen para reaccionar o actuar -consumir, votar, etcétera- en un sentido determinado. Los disertantes coincidieron en que ese oscurantismo difícil de detectar y completamente descomprometido con la verdad exigía reglas y una conciencia por parte de la ciudadanía. Dessein explicitó que las empresas tecnológicas habían recibido “un subsidio indirecto”: la inexistencia de normas que impidieran los m desbordes de la “revolución digital”. Garmendia dijo: “la regulación era considerada una barrera para la expansión. Hoy ya se avanzó demasiado (en un sendero peligroso) y hay que ver si podremos dar marcha atrás”.

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