La vida de Pelli: los años de formación

Lo más importante de las Torres Petrones es el espacio que hay entre ellas, sostuvo Pelli apoyándose en una enseñanza de Eduardo Sacriste.

21 Jul 2019
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MAESTRO DEL MAESTRO. Eduardo Sacriste en el Instituto de Arquitectura. credito

El primer Pelli arquitecto del que se tiene algún registro se llamaba Pietro y fue el diseñador y constructor de la Iglesia de Santo Giácomo, en Venecia, a mediados del siglo XVIII. Un siglo más tarde nacía Vincenzo Pelli, un italiano que terminaría radicándose en Tucumán, a mediados de la segunda mitad del siglo XIX. Allí nacerían sus hijos. Uno de ellos, Víctor Vicente, nacido en 1898, se casaría con Teresa Bernabela Suppa. El matrimonio tendría tres hijos: César, Víctor y Carlos.

El pequeño César, nacido en 1926, creció en una casa chorizo sobre la calle Ayacucho, cerca de la plaza San Martín, en el centro de la ciudad. La familia luego se mudaría a otra casa en la calle La Madrid, entre Chacabuco y Ayacucho. Su madre era profesora de Geografía y Francés en la Escuela Sarmiento. Su padre era empleado municipal y tenía distintas habilidades. Una de ellas era la de la construcción. Una de las pocas casas residenciales que su hijo proyectaría en Tucumán sería terminada por su padre.

En el hogar familiar había una biblioteca con una buena cantidad de volúmenes. César, lector voraz y precoz, tenía predilección por los libros de arte. De allí sacaba ideas para sus dibujos. Desde muy chico construía pequeños puentes, fuertes y, premonitoriamente, grandes torres. A los cinco años entró a la primaria, en la Escuela Obispo Molina, donde conoció a su recordada maestra Charo Juárez.

A los 11 ingresó al Colegio Nacional. Dante Diambra, compañero del secundario que después también lo sería de sus estudios de arquitectura, se reencontraría con Pelli en el regreso de 2012.

En 1943, con 16 años, ya estaba listo para iniciar su formación universitaria. “No estaba seguro de lo que quería estudiar. No era consciente de que existiera una profesión como la arquitectura… Cuando leí la descripción de los cursos, me intrigó y me atrajo increíblemente. Parecían ser todas las cosas en las que era bueno o de las que disfrutaba -dibujo, historia, pintura, matemáticas, arte-. Así que decidí intentarlo. Cuando empecé a diseñar en la universidad, descubrí que tenía un don para ello”, afirmaba Pelli, en una entrevista concedida a la revista Arquitectural Digest.

Un fragmento central de la biografía de Pelli, que nos permite vislumbrar cómo se fue forjando el destino de quien terminaría siendo una figura estelar de su disciplina, es su paso por el Instituto de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de Tucumán, entre 1944 y 1949.

El instituto, la universidad y la educación tucumana en general tuvieron sus años dorados en la década del 40. “El rector de la Universidad era Descole, quien tenía mucha ayuda de Perón”, cuenta Pelli. Horacio Descole, interventor de la UNT entre 1946 y 1948 y posteriormente rector hasta 1951, tuvo recursos extraordinarios por su cercanía con Eva Perón y un impulso notable que transformaron a la institución en una de las casas de estudio más destacadas y vitales de América latina. La oferta académica pasó de cinco a 40 carreras. Más de 200 profesores, varios de ellos figuras reconocidas a nivel internacional que provenían de la Europa de posguerra, se sumaron a sus filas. Werner Golschmidt, Manuel Lizondo Borda, Rodolfo Mondolfo, Renato Treves, Guido Parpagnoli y Lino Eneas Spilimbergo fueron algunos de los descollantes docentes de ese período.

Pelli podía nombrar velozmente a buena parte de quienes cursaban con él en ese entonces: Ripolli, Padrós, Alvarez Claro, Tannuré, Niklisson, De Lassaletta, Galíndez, Lescano. Todos ellos fueron testigos privilegiados y afortunados beneficiarios del profundo cambio que experimentó la UNT, y específicamente la enseñanza de la carrera que habían elegido, en esos años. “Cuando entré a estudiar arquitectura nos pasábamos diseñando palacios y urnas para cenizas, mansiones para soberanos que habían sido destituidos... Pero luego vinieron a Tucumán unos arquitectos jóvenes, nos comunicaron las ideas de la arquitectura moderna, y en vez de palacios, empezamos a diseñar estaciones de ómnibus, hospitales, dispensarios, viviendas populares. Ahí encontré el sentido de la arquitectura”. Se refería a José Le Pera, Hilario Zalba, Rafael Onetto, Jorge Borgato y Horacio Caminos, de quien fue asistente de cátedra. En 1947 se sumarían los italianos Ernesto Rogers, Ciro Calcaprina, Enrico Tedeschi y Luigi Piccinato. Resaltan, sobre todos los nombres de esa época, sus dos grandes profesores: “Jorge Vivanco me abrió la cabeza y me dio vuelo intelectual; Eduardo Sacriste me hizo enamorarme de los materiales, del lugar donde uno trabaja, de la arquitectura”.

Franco Marigliano, arquitecto tucumano y autor de una tesis doctoral sobre la relevancia del Instituto de Arquitectura y Urbanismo, señala la influencia del movimiento moderno, y de Le Corbusier en particular, sobre los profesores de Pelli. Una de las teorías emblemáticas de Le Corbusier es la de la vivienda como “máquina para vivir”, en la que la belleza debe subordinarse o derivar de la funcionalidad. Los docentes del Instituto unían, a diferencia de lo que ocurre hoy en un alto porcentaje de los centros universitarios, la teoría y la práctica, la enseñanza y las posibilidades concretas de acción en la realidad. “El Instituto diseñó los planos de urbanización del Ingenio Ñuñorco, del Ingenio Marapa, proyectó distintas colonias en el interior provincial y diseñó la Ciudad Universitaria”, apunta Marigliano. Esa visión pragmática de la arquitectura fue determinante para la inserción y el desenvolvimiento de Pelli en sus primeros años en los Estados Unidos.

Pelli gozó de lo que sería un corto período de esplendor del Instituto de Arquitectura. Poco después de egresar, a partir de la salida de Descole, muchas facultades y la universidad en general, perderán los mejores profesores y el flujo de recursos que había tenido.

Su primer diseño “moderno” fue una vivienda de un ambiente para un trabajador de la zafra cañera. Pero en esos años también apareció el germen de un edificio que albergaría a 10.000 personas. “La realidad de una vasija no está en sus paredes de arcilla sino en el espacio que éstas contienen”. Leyó esta frase de Lao Tse en una copia que tenía Sacriste de una charla de Frank Lloyd Wright. Esa frase volvió a la cabeza de Pelli mientras diseñaba las Petronas. Lo más importantes de las torres, según su creador, es el espacio que hay entre ellas, un espacio reconocible y memorable entre los dos rascacielos que le dieron a Malasia un lugar en el mapa mundial.

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