Miedo a que gane Macri

21 Jul 2019 Por Juan Manuel Asis

Manzur debe temblar de sólo pensar en otro mandato de Macri coincidiendo con su segunda gestión como gobernador. Al reelecto Gobierno le altera la posible reelección del Presidente. Aunque alude a la escasa vocación federalista del mandatario nacional para justificar su inquietud, el gobernador alimenta sus temores por el lado de las diferencias ideológicas y por la tensa relación institucional que mantienen a la hora de pensar en futuros acuerdos, por ejemplo, en materia de obras públicas. Vaya un detalle al respecto: difieren las cifras de la Nación y de la Provincia sobre la construcción de viviendas. Ya lo veremos. En ese marco son las acciones que desarrolla el gobernador en el plano nacional del peronismo y su prédica en favor del binomio de los Fernández para las presidenciales.

El mandatario no se guarda nada a la hora de apostar sus fichas por Alberto y por la ex presidenta. Usa toda su capacidad de intermediario entre gobernadores y sindicalistas para provocar acercamientos entre los que antes deambulaban en veredas distintas. Él mismo llegó a decir que Cristina ya fue cuando pensaba en una tercera alternativa peronista -disidente, federal, republicana o moderada- para enfrentar al Gobierno nacional. Esa mirada, también, ya fue.

Aquella opción no se pudo consolidar y, ahora, a la mayoría de los compañeros los unió el espanto a Macri: prefirieron taparse las narices y perdonarse antiguos rencores personales y distanciamientos políticos para darle batalla al Presidente. Por una cuestión de supervivencia institucional y tranquilidad de gestión, Manzur necesita que cambie de camiseta el poder central, para aspirar a que la identidad peronista común le permita obtener, en teoría, más beneficios para la provincia que los conseguidos en la era macrista. El Gobierno local comenzó a crujir por el lado de la economía y agudiza la imaginación para afrontar los gastos que se le vienen. De ahí que no vean bien un triunfo de Macri.

No hubo sintonía desde el inicio entre ambas gestiones. Durante el primer año de Macri, en Tucumán no se hizo una sola vivienda por iniciativa de la Nación. Se lo justificó por el lado del prolongado tiempo que le llevó al nuevo Gobierno reorganizar el área de la obra pública y dotarla de mayor transparencia respecto del manejo de los fondos públicos.

Es de imaginar, entonces, cómo Manzur debe anhelar la coincidencia temporal de los 12 años de Alperovich con los del kirchnerismo, donde la provincia resultó beneficiada en inversiones. Si se repasa la página del senador (josealperovich.com.ar) se descubre la cantidad significativa de obras que pudieron llevarse a cabo en Tucumán a causa de la condición de gobiernos peronistas afines de la Nación y la Provincia: cuatro hospitales nuevos, la construcción de 26.000 viviendas, de 376 escuelas y 3.000 aulas y de 48.000 soluciones habitacionales.

Cómo no envidiar ese pasado y cómo no querer que, por lo menos, se repita la condición de que la gestión nacional sea afín. En ese marco, que Macri sea reelecto será la peor noticia para el Gobierno provincial, porque intuyen lo que pueden esperar: no más de lo que recibieron en estos cuatro años. O sea, escasos beneficios para la gestión manzurista. Verán cómo en obras encaradas por la Nación no aparecerán en el cuadro ni siquiera como invitados. Esto es porque ambas gestiones se desconfían. Eso garantiza las diferencias, la distancia, las peleas y las chicanas.

Manzur ruega y apuesta a que esa relación incómoda se corte, sueña con que se puedan repetir las afinidades de la época alperovichista, por lo menos para sus últimos cuatro años de gestión. Durante esta semana hubo un dato que les provocó sonrisas a los oficialistas: en los pasillos de la Casa de Gobierno alguien comentó que, según encuestas, la dupla Fernández estaba a unas cuantas décimas de ganar en primera vuelta. Sea o no cierto, el rumor alienta aquella esperanza de la afinidad de signos y la comunidad de intereses. Pero antes hay que sortear las PASO.

¿Hay datos en materia de obras que reflejen que el poder central hizo poco en favor de Tucumán y que justifiquen las preocupaciones del Gobierno local? Hay uno a mencionar, que surge del seno del Poder Ejecutivo: durante la gestión de Macri se iniciaron en Tucumán 1.376 viviendas con fondos nacionales, pero no se entregó ninguna todavía, pese a que los avances de obra son del 80% y del 90%. Los adjudicatarios de las casas deben ser aprobados por el Gobierno nacional, según se deslizó en el IPV.

La Provincia, con recursos propios, tiene 200 viviendas en ejecución, otras 300 en proceso de ser iniciadas en el corto plazo y 500 se hallarían en proceso de adjudicación. O sea, entre ambas gestiones suman 2.376 viviendas, ¡en tres años y medio de mandato! El promedio durante la gestión de Alperovich indica que se construyeron 8.500 casas cada cuatro años. Ergo: esas 2.376 están lejos de aquellos números, ya sea porque los colores partidarios de los dos gobiernos no coinciden, por la escasa afinidad entre Macri y Manzur para acciones conjuntas o por el peso de la crisis económica que agobia a todos. Por lo que sea, son insuficientes.

En el PE entienden que el Gobierno nacional hizo poco por la Provincia, lo cual parece cierto en comparación con el tiempo kirchnerista, marcado por puntos oscuros en el manejo de los dineros de la obra pública. Aunque sus funcionarios dicen más: ni siquiera con dos tucumanos en el gabinete nacional, Cano con el Plan Belgrano, y Amaya desde el área de Viviendas, hicieron mucho por la provincia. Porque no pudieron o porque se los ordenaron, según palabras de un integrante del Gobierno provincial.

Si mala fue la relación entre Macri y Manzur en estos primeros cuatro años, y eso repercutió en la relación institucional entre Nación y Provincia, menos que menos el gobernador querrá que el Presidente repita al frente del PEN. No sólo porque no conseguiría más de lo que recibió, sino porque deberá soportar mayores presiones desde el poder central en tiempos que pintan de tonos oscuros en aspectos económicos para el país.

El alivio para el gobernador -que viene repitiendo que el agobio de las políticas nacionales lo están soportando todas las provincias- sólo puede venir por el lado del triunfo de los Fernández. Entiende que así se romperá la desigualdad en la asignación de los recursos nacionales para el interior que viene denunciando a partir del conflicto por el transporte.

La vereda nacional

Ahora bien, esa es la mirada crítica del oficialismo tucumano, pero ¿qué se dice desde la otra vereda? Por de pronto, Domingo Amaya, subsecretario del Interior de la Nación, encabeza la lista macrista de diputados nacionales. Es la forma en que el Gobierno nacional expone al dirigente responsable de la mucha o poca obra pública que bajó a la provincia; más allá de que existiera un compromiso previo de Frigerio con el ex intendente capitalino para que liderara la nómina de Juntos por el Cambio.

En ese marco, la presencia de Amaya en la boleta no se reduce a la incorporación de un peronista para seducir a una porción de justicialistas tucumanos sino también para sostener a quien es la cara de la obra pública del macrismo en Tucumán. Aunque, según una voz radical de este espacio: una cosa son obras y otra son las acciones de gobierno. Sin el Gobierno (nacional) no se hubiera aumentado el cupo alcoholero, lo que permitió sostener el precio del azúcar. Tampoco se hubiera exportado limón. Fueron algunas de las cosas que se lograron; pero lo más importante que todo fue devolver el federalismo al país.

Casualmente, el Gobierno nacional lleva una planilla actualizada de manera mensual referida a las acciones de la Nación en las provincias. La correspondiente a Tucumán, a junio último, indica que durante la gestión de Macri se realizaron y se finalizaron 338 obras y que 95 están en ejecución. Allí consta que durante el período macrista se terminaron 3.028 viviendas con una inversión de $ 824 millones y que se concretaron 5.130 mejoramientos con un gasto de $ 660 millones.

Los números que aluden a las viviendas contrastan con los proporcionados por la Provincia: difieren en 1.624 casas. Números que no sólo dicen que alguno no está diciendo la verdad, sino que revelan que ninguno habla bien de la gestión del otro en lo referido a la Provincia. Y los pagan los sin techo.

En la planilla nacional se lee, además, que están pronto a iniciarse 1.072 viviendas (inversión de $ 635 millones). Y como para sostener que sí efectuó obras en Tucumán, en esas nueve páginas rescata: en materia de rutas y autopistas, 61 kilómetros finalizados y 258 en ejecución; el nuevo puente sobre el río Medina, la pavimentación de la ruta nacional 38 entre el río Marapa y Aguilares, la reconstrucción de la autopista de circunvalación sobre la ruta 9, la ampliación de la plataforma de cargas del aeropuerto, la reconstrucción de la pista de aterrizaje; la reactivación de 1.800 kilómetros de vías del Belgrano Cargas, siete obras contra inundaciones, funcionamiento de la central térmica de El Bracho, 61 obras menores de agua y cloacas en 28 localidades, planta de tratamiento de líquidos cloacales en Las Talitas, entrega de 385 viviendas en Yerba Buena, urbanización de 13 barrios y obras de mejoramiento en Taco Ralo. También se remarca que en materia de infraestructura en educación hay un total de 92 obras con una inversión de $ 1.660 millones. También de mencionan becas, planes de salud, conectividad y desarrollo social.

En suma, al margen de estos datos, Manzur reza por los Fernández para obtener, según ansía, obras como en tiempos alperovichistas.

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