Antonio Cornejo: “Estamos condenados a abandonar el planeta”

Fue el primer director y alma mater del Planetario de Buenos Aires durante tres décadas. Es presidente de la Academia Nacional de Geografía y uno de los más destacados astrónomos y difusores de la astronomía en la Argentina. La Unión Astronómica Internacional, en reconocimiento de esa trayectoria, bautizó a un asteroide con su nombre 2008. El astrónomo nos habla sobre el origen del universo, los riesgos que enfrenta la Tierra y los intentos que se hacen para encontrar vida extraterrestre.

21 Jul 2019
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EN FOCO. Antonio Cornejo, retratado por Aldo Sessa.

> ENTREVISTA A ANTONIO CORNEJO

- Tras la caída del Muro de Berlín, en 1989, se desaceleró la carrera espacial. ¿Cuánto se avanzó en el conocimiento del espacio desde entonces?

- Muchísimo. Es cierto que disminuyeron los logros políticamente aprovechables por la espectacularidad que tenían para el público, como los que encarnaban las misiones tripuladas, pero se avanzó significativamente en el campo de la investigación astronómica. Se detectó, por ejemplo, materia orgánica en el espacio interestelar. Eso nos lleva a concluir que la vida llegó a la Tierra desde el espacio. Otros hitos extraordinarios se están marcando gracias a los nuevos telescopios que se emplazaron en el planeta o que están orbitando alrededor de él, como el Hubble. Ellos nos permiten observar cuerpos a 13.000 millones de años luz de la Tierra. Eso significa que lo que vemos es lo que allí había en esa etapa del universo, que se encuentra muy cerca del origen de todos los orígenes. Si vemos un poco más allá, nos encontraremos en las “proximidades” del Big Bang.

- O sea que toda observación del espacio implica un viaje en el tiempo.

- Sí, cuando miramos el sol no lo percibimos tal cual es en el momento que lo hacemos, sino cómo era ocho minutos atrás. Porque se encuentra a ocho minutos luz de la Tierra. Esos minutos son los que tarda la luz en viajar desde el sol hacia nuestro planeta, trayéndonos su imagen. Por ejemplo, la estrella más cercana se encuentra a poco más de cuatro años luz. Si alguien enfocara la cordillera de los Andes a 202 años luz de distancia, con un telescopio suficientemente potente, podría ver al ejército de San Martín.

- Entonces todos nuestros actos quedan grabados en el universo. Podríamos ser espiados por un “Gran Hermano cósmico”. Esa idea tiene connotaciones filosóficas y teológicas.

- Claro, esa idea se conecta con la de un dios omnisciente. Lo que sucede es que la mayor parte de los descubrimientos que hacemos fueron prefigurados en relatos míticos, religiosos, en obras pictóricas, en novelas como las de Verne. Pensemos en De la Tierra a la luna, en la escena situada en la península de la Florida, de donde despegaría el Apollo XI cien años más tarde después de que Verne escribió la historia. En muchas cosmogonías de viejas civilizaciones encontramos la figura del estallido primigenio asociada al origen del universo. Mientras recorría el centro de la NASA, en Houston, me encontré con un cuadro en el que unos asteroides estaban suspendidos sobre una superficie poblada de cráteres. Se trataba de un tríptico de Aldo Sessa, que luego integraría uno de los libros que hizo junto con Ray Bradbury, otro escritor con una notable capacidad anticipatoria.

Lo curioso del caso es que la forma que tenían los asteroides era increíblemente similar a la que supimos que tenían, gracias a fotografías de sondas, muchos años más tarde. Hay una prefiguración sorprendente en el arte, la literatura y la religión. Los científicos corroboramos lo que otros hombres han “visto” antes.

Impacto profundo

- ¿Cómo llegó a tener su asteroide?

- Gracias a que la Unión Astronómica Internacional bautizó uno con mi nombre, a propuesta del jefe del grupo de investigadores que lo descubrió en 1974. Eso ocurrió en la estación astronómica de Calingasta (San Juan). El asteroide tiene 11 kilómetros de largo y estoy pensando en sembrar soja allí. Pero antes quiero averiguar si el Gobierno pretende imponerme retenciones por la cosecha.

- ¿Qué chances hay de que un asteroide impacte a la Tierra?

- Los asteroides pueden impactar nuestro planeta. Por eso se siguen sus órbitas con mucha atención. A veces se detectan con anticipación, como en el caso del que probablemente entre en nuestra atmósfera en 2029. Ya se está planeando el lanzamiento de un misil para destruirlo. Y en otros casos, los detectamos cuando ya pasaron, en momentos posteriores al de un posible impacto, como sucedió hace 13 años con uno que pasó a un millón de kilómetros que, en términos espaciales, es demasiado cerca. Micrometeoritos entran a la Tierra constantemente pero normalmente se deshacen al entrar en contacto con la atmósfera. El choque de “mi asteroide” con la Tierra generaría una explosión equivalente a la que provocarían varias bombas atómicas y podría levantar una nube de polvo que pondría en riesgo la vida al tapar la luz del sol. Hemos recibido muchísimos impactos a lo largo del tiempo, pero la erosión se ha encargado de tapar las cicatrices en la superficie. Como eso no pasa en la Luna, podemos ver esa gran cantidad de cráteres.

- ¿Dónde está la mayor parte de los asteroides?

- Entre Marte y Júpiter, a unos 200 millones de kilómetros. Pero muchos se salen de órbita y se dirigen al sol. En ese trayecto pueden cruzarse con la Tierra. Conocer las órbitas de los asteroides es relevante para prevenir eso. Y será útil para los programas espaciales futuros porque contienen la materia prima básica del sistema solar: hierro y níquel, entre otros elementos. Es más simple captar un asteroide para aprovecharlo y construir bases lunares o marcianas, que llevar materiales desde la Tierra.

- ¿Qué sentido tendría la construcción de esas bases?

- La investigación y la supervivencia. La Tierra está condenada a desaparecer y, previamente, a convertirse en un planeta no apto para la vida humana. Además del riesgo del choque de un asteroide, el sol se apagará. Si no ocurre algo grave previamente, le quedan 5.000 millones de años. Mucho antes deberemos dejar la Tierra por cuestiones demográficas, climáticas o por falta de recursos. Estamos condenados a abandonar el planeta si queremos sobrevivir. Y luego a dejar el sistema solar.

¿Estamos solos?

- ¿Qué se sabe de la estrella más cercana, Alfa del centauro?

- Se descubrió que se trata de tres estrellas que orbitan en torno de un punto en común. Se ha mantenido el nombre como genérico para denominar a las tres. La más cercana se llama Próxima y está a poco más de cuatro millones de años luz, que es la distancia promedio que separa a las estrellas.

- ¿Una misión tripulada a Marte es hoy técnicamente viable?

- Sí, se trata de una decisión netamente presupuestaria. Tardaría poco más de dos años en llegar.

- No haber encontrado formas de vida en las exploraciones espaciales, ¿no es un elemento disuasivo?

- Es posible. Hay materia orgánica elemental en el polvo interestelar, pero no se encontraron formas de vida básicas. ¿Hay vida extraterrestre? No lo sabemos. Pero sí se apuesta a su existencia. Por eso se intenta detectar señales del espacio exterior. Si en otro planeta hubiera emisiones radiales, podríamos captarlas por medio de los equipos destinados a rastrearlas. Al mismo tiempo, a través del radiotelescopio de Arecibo, que con sus 300 metros de apertura es el más grande de la Tierra, se han enviado mensajes en números binarios esperando que alguna civilización los interceptara, deduciendo que el mensaje proviene de seres inteligentes.

- Lo cierto es que seguimos descubriendo vastísimas zonas desoladas del universo. Parece un inmenso desperdicio de materia y de energía para tan poca vida.

- Yo me inclino a pensar, por una cuestión probabilística, que debe haber vida en otros planetas. En la Vía Láctea hay 200.000 millones de estrellas y se trata de una galaxia chica que conforma un grupo de 32 galaxias. Un grupo cercano a la Vía Láctea está compuesto por más de 200 millones de galaxias. Pienso que el proceso que dio lugar a la vida en nuestro planeta debe haberse dado en otro lugar del universo.

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