Michael Collins: el hombre que está solo y espera

20 Jul 2019

Pocos seres humanos conocen la soledad de la manera tan absoluta como la experimentó Michael Collins, el tercer astronauta de la misión Apolo 11. El que no caminó sobre la superficie de la Luna. El que no se convirtió en una celebridad, como sus compañeros. El que sigue dando gracias por esa circunstancia.

Collins se quedó en el Columbia, el módulo de mando, mientras Neil Armstrong y Edwin “Buzz” Aldrin descendían 3.000 metros en el Águila, el módulo lunar. Cuando la nave se escondió tras el satélite natural, estuvo 47 minutos sin ninguna comunicación. A un cuarto de millón de kilómetros de la Tierra.

Ese aislamiento fue premonitorio de lo que luego ocurriría en la Tierra. Los caminantes lunares se volverían famosísimos, mientras que Collins fue siempre reacio a hablar con la prensa. Sólo accedía a dar algunas pocas entrevistas para los aniversarios.

Descendiente de una familia de militares, se graduó en la academia de West Point. Fue piloto de combate y su primera misión fue Géminis 10, una nave espacial que orbitaba alrededor de la Tierra. Apolo 11 fue la segunda.

Respecto de esta misión histórica, confesó que su mayor miedo no era morir, sino tener que volver solo si algo les ocurría a sus compañeros. Poco después abandonó la NASA, fue funcionario público y se desempeñó como director del Museo Smithsoniano.

Se le ofreció el puesto de comandante para la misión Apolo 17, pero lo rechazó porque no quería pasar otros tres años lejos de su esposa y de sus tres hijos. Siguió casado con Pat hasta que ella murió en 2014.

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