“El puente no se rompió”

14 Jul 2019

“El puente no se rompió. Se desmoronó el terraplén. Unos siete metros antes del puente, hubo un deslizamiento”, afirmó Alberto Robinson para explicar la causa de la tragedia en el río Muerto. El titular del Departamento de Construcciones de la Dirección Provincial de Vialidad (DPV) se presentó en el lugar de la obra tras la muerte del empleado Jorge Ariel Barrionuevo. La víctima, que trabajaba para una empresa constructora privada, fue arrastrada por el lodo y las piedras, mientras realizaba tareas de limpieza y desmalezamiento a la orilla de la ruta 338, durante la mañana.

“El puente está en condiciones. Dijeron que se había caído, pero se encuentra totalmente transitable. Lo que pasa es que es un ancho exiguo, y acá la gente circula a alta velocidad en sus vehículos”, remarcó el funcionario.

Robinson señaló que el puente nuevo tendrá “el doble de ancho y el doble de largo”, según el proyecto oficial. “Va a ser de 30 metros de largo, cuando hoy tiene 15; y va a tener 14 metros de ancho; mientras que ahora, seis”, insistió el funcionario, al conversar con un vecino.

Jorge Lobo, que reside en parte del cerro San Javier, manifestó que la zona de la tragedia se caracterizaba por “mucha saturación de agua”. “Nada se sostiene, cualquier cosa empieza a caer”, enfatizó. Además, se quejó por el paso de los vehículos a alta velocidad.

En un informe presentado en septiembre del año pasado, el titular de Vialidad, Ricardo Abad, informó que se preveía el reemplazo del puente del río Muerto. En ese estudio, que pautaba una inversión de $ 40 millones, la cartera de infraestructura remarcaba que la actual plataforma era deficiente para atender el tránsito. También señalaba que en 2017 se habían “construidos defensas de protección de los terraplenes de acceso, y se había trabajado en el cauce del río”. Abad respondía a un pedido de informe de la senadora, Silvia Elías de Pérez, por los derrumbes de los puentes en la provincia.

Desempolvaron un viejo proyecto

 En 2017, la Dirección de Vialidad (DPA) retomó un viejo proyecto y propuso la construcción de un nuevo puente del río Muerto, sobre la ruta provincial 338.

 En el estudio inicial, los técnicos de esa dependencia de infraestructura señalaron que la extracción de áridos aguas abajo había ocasionado “una erosión retrógrada”. Eso “afectó las obras de estabilización en el cauce; descalzó los terraplenes de acceso y puso en riesgo las fundaciones de la plataforma y su estabilidad”.

 Además, indicaron que la ruta 338 tenía entonces “las características y los problemas inherentes al tránsito urbano”. El crecimiento poblacional, se describió, había llevado al uso constante del trayecto.

 Se aconsejaba extender y pavimentar las banquinas. Esos anexos funcionarían para la circulación de motos y de bicicletas, y para que los vehículos se aparten de los carriles centrales cuando necesiten disminuir su velocidad. El proyecto contemplaba, además, la construcción de veredas.

 Con respecto a la construcción de un nuevo puente sobre la ruta 338, se especificaba que debía ser vehicular y peatonal, que tenía que estar hecho de hormigón pretensado y que debía incluir protecciones en los cauces y en los márgenes. El planteo estructural consistía en un tablero, apoyado sobre dos vigas cabeceras.

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