14 Jul 2019

Por Ceferino Reato.-

“El gobierno -explica (el ex senador radical Carlos) Maestro- ya no tenía credibilidad ni podía dar ninguna respuesta. La verdad es que a los veinte minutos de que la renuncia fue informada no quedó nadie en la calle; todos se volvieron a sus casas. La renuncia era lo que se necesitaba. Fue como un bálsamo; la situación era terminal”. Pero algunos colegas de Maestro no lo entendieron así. Un ex legislador afirma que -tras la renuncia del presidente- un grupo de senadores radicales fue al despacho del jefe de bloque.

- Carlos, están diciendo que vos le dijiste al presidente que no quedaba otra salida que presentar la renuncia -lanzó desde la puerta el misionero Mario Losada, que encabezaba la fila.

- Sí, Mario, es cierto.

- Pero, ¿con quién lo consultaste?

- Con nadie Mario, si acá no había nadie. ¿Vos, por ejemplo, dónde estabas?

Alfonsín escuchaba la conversación del otro lado de la puerta, pero Maestro no podía verlo.

- Está bien lo que hizo Carlos. Esto era un desastre, iba a ser una carnicería. Había que sugerirle algo así al presidente -dijo Alfonsín, y clausuró la discusión.

De la Rúa firmó su renuncia minutos después de las seis y media de la tarde. La redactó a mano, luego de convocar a su despacho a algunos funcionarios de confianza. Entre ellos Colombo; el canciller Adalberto Rodríguez Giavarini; Gallo, el secretario general de la presidencia; el ministro de Defensa, Horacio Jaunarena; su hermano Jorge De la Rúa, titular de Justicia; y Hernán Lombardi, secretario de Turismo.

- He tomado la decisión de renunciar. El justicialismo rechazó mi oferta de un gobierno de coalición, no con esas palabras pero sí con hechos: los gobernadores están reunidos en San Luis a la espera de mi renuncia, y el jefe del bloque de diputados, (Humberto) Roggero, pidió mi juicio político. En nuestro partido, el jefe del bloque de senadores, Maestro, me acaba de decir que no hay otra salida... Mi actitud es este renunciamiento que quiero hacer para pacificar el país y asegurar la continuidad institucional.

Todos escucharon en silencio. De la Rúa salió del despacho, atravesó la oficina de los edecanes y entró en la Sala Verde, un lugar más pequeño, decorado con un imponente retrato del general José de San Martín. Y allí se sentó a escribir su renuncia. “Creí que debía ser hecha en forma manuscrita”, recuerda. Sus funcionarios lo siguieron y se quedaron mirando cómo la escribía. Algunos estaban a punto de llorar.

* Fragmento de Doce noches (Sudamericana).

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