El sistema educativo y sus paradojas

22 Feb 2019 Por Magena Valentié

Todos lo sabían, pero nadie se animaba a decirlo. Como “El traje nuevo del emperador”, el famoso cuento de Andersen, el sistema educativo está en paños menores pero ningún ministro de Educación atina a cubrir su desnudez. O quizás tratan de taparlo con un sobretodo transparente, sólo visible a los ojos de los técnicos y burócratas. Es lo único que explicaría las paradojas del sistema educativo argentino, que va empeorando en los últimos 30 años, sin distinción de políticas de turno. ¿Cómo se explica que desde 2003 a 2017 haya menos alumnos en las escuelas primarias de gestión estatal (6% menos en todo el país), y que, en cambio haya crecido la matrícula de los colegios privados (en 35%), según el último estudio del Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) de la Universidad de Belgrano?

Esta es la primera paradoja: en los últimos 14 años, a nivel estatal, hay más edificios escolares (programas 700 Escuelas, Más Escuelas I, II y III) más cargos docentes, más inversión en computadoras y en material tecnológico, más capacitación docente (aunque todavía insuficiente) y, sin embargo, la escuela pública no crece tanto como la privada. En esta última los padres pagan cuotas cada vez más altas, los chicos tienen menos docentes (2% en relación con 19% que creció en la gestión estatal) y no reciben computadoras ni material didáctico de regalo, como ocurre en las escuelas. En los colegios hay 17 alumnos por maestro, en cambio en la estatal hay 12 en esa relación. A pesar de todo eso, la matrícula de los colegios privados ha crecido 35% desde 2003. ¿Qué hace que un padre decida pagar por la educación de su hijo cuando puede tenerla en forma gratuita?

Tucumán no escapa a esa realidad: según el CEA, la cantidad de alumnos en la escuela primaria disminuyó el 23%, mientras que la de docentes creció el 9%. Aunque el Ministerio de Educación de la Provincia no coincide con esas cifras (lo veremos más adelante) no deja de ser otra paradoja. Si tenemos entre 9 y 10 alumnos por docente en las escuelas tucumanas –como dicen las estadísticas del CEA- ¿por qué seguimos viendo aulas con 30 alumnos o más? ¿Dónde está el resto? ¿Cuántos docentes hacen otras tareas dentro del Estado que no son frente al aula? ¿Cuántos maestros hay con licencia por largo tratamiento? (Un dato tan sensible no es fácil de manejar sin correr el riesgo de lesionar derechos).

La Argentina aumentó su inversión en Educación. Subió a más del 5% en 14 años, según el autor del informe, Alieto Guadagni. Pero los salarios docentes siguen siendo unos de los más bajos del mundo. Es decir, hay más docentes pero con peores sueldos.

¿Cómo se explica todo esto? El Ministerio de Educación de la Provincia cree que la matrícula disminuyó porque se redujo la tasa de repitencia (en 5.37 puntos). Los chicos pasan de grado y por eso están menos tiempo en el sistema, entonces hay menos cantidad. Además, antes había muchos alumnos con sobreedad y ahora hay menos (de 2003 a 2017/2018 disminuyeron 22.08 puntos), según los datos oficiales. La segunda razón de la merma de matrícula es que la población en general ha ido bajando. De acuerdo con los censos de 2001 y 2010 la franja etaria de 6 a 11 años se redujo el 1,1% y eso repercutió en la matrícula.

¿Alcanzan estas explicaciones? O es como dice el pedagogo Mariano Narodowski en su libro “El colapso de la educación”: “es tal el clima de quebranto educacional que se vive, de bajas expectativas respecto del poder transformador de las escuelas, que aquellos sectores sociales que cuentan con los recursos suficientes para elegir escuela más allá de cuán gratuita o cara sea, tienden a enviar a sus hijos a escuelas privadas, creyendo que así, individualmente, zafarán del deterioro y de la percepción de deterioro educativo”.

El tema está sobre el tapete. Depende de los gobiernos que lo recojan (sí, justo ahora, en época de elecciones). Son los únicos que pueden hacer algo llevándole el apunte a un CEA que grita: ¡El rey está desnudo! O no. O pueden seguir mirando hacia otro lado y dejar que el Soberano -tan grande, tan rico y poderoso- siga paseándose como el peor de los mendigos, así, como Dios lo trajo al mundo.

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