Autorizar una orden lleva más de dos horas en el Subsidio de Salud

Los afiliados del Subsidio de Salud se quejan porque hacer un trámite en la casa central requiere muchas veces de toda una mañana. Las demoras obedecen a que hay pocas cajas habilitadas, entre otros motivos. Ayer había 200 turnos acumulados.

21 Feb 2019
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AYER. Los afiliados del Subsidio de Salud, en la fila de cajas. Seis cajeros reciben a decenas de personas. la gaceta / foto de franco vera

La mañana, si no el día, comienza con colas y caras largas. La arena no se escurre nunca en el reloj imaginario de la casa central del Instituto de Previsión y Seguridad Social de Tucumán (Ipsst). Sacar una orden de consulta insume dos horas o más. Mientras tanto, en el segundo piso del edificio de la esquina de 9 de Julio y Las Piedras, el interventor Fernando Avellaneda reconoce el problema. “La cola es una preocupación para nosotros. La cola más larga que uno ve en el salón es la de la compra de las órdenes de consulta, donde tenemos diez cajas abiertas esta mañana”, garantiza este miércoles.

Sin embargo, sólo seis cajeros están cobrando a las once. Erika, de 27 años, repite tres veces casi la misma frase: “se demora un montón, un montón. Hace dos horas que estoy esperando solamente para que me autoricen. Después tengo que hacer otra fila en la caja. Se demora muchísimo. El día que hubo paro de colectivos, la fila para la caja era interminable, estuve más de dos horas, o tres, realmente no sé cuánto tiempo estuve ese día. Se demora muchísimo”. Ella espera en el Departamento de Arancelamiento, donde los empleados cargan los códigos de los afiliados en el sistema informático. Después tendrá que recorrer otra fila para que la atienda un auditor. Si este le entrega la autorización, Erika podrá por fin pararse, quizá durante una hora, en la línea de cajas.

La web, antídoto del salón abarrotado

El Subsidio de Salud fue creado en la órbita del Ipsst en 1969. Sin embargo, como el ex gobernador Antonio Bussi trasladó la caja previsional al Estado nacional en los 90, el instituto ahora sólo funciona como obra social. “El Subsidio está intervenido hace 27 años, pero lo que debería hacerse no es normalizar el Ipsst, que ya no existe, sino avanzar hacia una ley de seguridad social que prevea lo que implica una obra social moderna”, comenta Avellaneda, que está a cargo de la institución desde fines de 2015.

El interventor asegura que su equipo está trabajando en un proyecto de ley y que, mientras tanto, avanza también en la disminución de la carga burocrática. “La obra social tiene 325.000 beneficiarios, esto es el 20% de la población de la provincia. Cuando asumimos, el diagnóstico fue que muchos de los trámites de la obra social requieren la presencia del beneficiario en la institución. Por eso el desafío ha sido ir caminando hacia un modelo de descentralización”, explica.

Avellaneda enumera después los pasos que ya dio para facilitar los trámites, como la autorización bioquímica en línea y la dispensa de medicación de alto costo en farmacias. Y anticipa los próximos cambios: “nos queda la autorización digital de la consulta médica común, que creemos que va a ser el gran paso para disminuir la congestión del salón. Después queremos continuar con la auditoría odontológica en la web para algunos arreglos comunes”.

Antes no incluía viaje al cementerio

Más de 200 números de atraso encontró Fredy del Río, de 66 años, cuando entró al Subsidio a las diez menos cuarto. El tablero de Arancelamiento marcaba el 805 y él sacó el 1.038. Dos horas después, todavía tiene que esperar 53 turnos. “Vine a autorizar unos estudios que le hicieron a mi hija. Ella trabaja y por esa razón vengo yo acá para ‘liberarle’ un poco la cola. Estaba viendo que existen 16 boxes para habilitar (los papeles) y en este momento sólo hay cinco trabajando. Anteriormente estaban atendiendo dos o tres boxes nada más”, precisa.

Como atestigua Del Río, la mayoría de los compartimientos de atención están vacíos. Por su parte, Ariel Galván, que tiene 34 años y es licenciado en Informática, observa que las computadoras necesitan mejorar: “el sistema no responde al ritmo que debería. Es algo en lo que tendrían que invertir y no sale dos pesos”.

Cerca de Galván, Claudia Di Marco, de 43 años, espera con su hija. “Me lleva 2 a 3 horas, la última vez vine a las 9 de la mañana y me fui a las 11.15. Encima, vengo con mi chiquita. Yo trato de coordinar el día en que no trabajo para poder venir”, manifiesta.

Además del servicio de salud, el Subsidio ofrece un seguro de sepelios que la administración de Avellaneda amplió. Según el interventor, antes de 2015 la cobertura sólo llegaba hasta el velorio, o sea, no incluía el viaje al cementerio. “Ahora la obra social también está presente en el traslado y el enterrado del féretro. Y hoy ha sido la primera que ha previsto la cremación sin cobro adicional”, añade.

Entretanto, Silvia Gallo, de 57 años, protesta: “soy afiliada del Subsidio de Salud y mi opinión es que ir a la casa central es un ‘suicidio’”. Lo dice sin saber que la entidad ahora ofrece un servicio completo de sepelios. (Por Hernán Miranda)

Tres boxes para una espera sin tregua

1. La queja más frecuente de los afiliados es la pérdida del tiempo. Un trámite simple puede requerir tres colas y demorar tres horas.

2. Algunos afiliados  atribuyen el problema a la falta de empleados. A veces hay tres boxes para más de 200 personas en espera.

3. El interventor puede mostrar avances hacia la descentralización y el uso de internet, pero admite que todavía tiene mucho por hacer.

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