Gandur fue evocado como un gigante llamado “Chiquito”

En un salón de actos colmado, la Corte reconoció al vocal fallecido el 29 de diciembre: su retrato ya forma parte del Palacio de Justicia.

14 Feb 2019 Por Irene Benito

Antonio Gandur “observará”, de ahora en adelante, a quienes se sienten en la sala de acuerdos de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán. Su retrato cuelga desde ayer en la pared reservada a los vocales del alto tribunal fallecidos en funciones, como le sucedió a él el 29 de diciembre pasado y una década antes a Arturo Ponsati. La colocación de la imagen en la dependencia del alto tribunal fue el epílogo de una carrera intensa, que en los últimos 20 años transcurrió en esa ala del Palacio de Justicia. Gandur tuvo una despedida grande en más de uno de los sentidos de ese adjetivo: en el acto de reconocimiento público previo y ante una gran concurrencia, el homenajeado fue evocado como “un gigante al que bautizaron ‘Chiquito’”, en alusión al sobrenombre que usaba con máxima altura.

La ocasión atípica dio lugar a una ceremonia inusual. Un video con instantáneas de archivo proyectó a Gandur en situaciones institucionales diversas, pero también en escenas relajadas de la vida personal. La presentación de ese álbum fue acompañada por la canción “Dance with life” (“Danza con la vida”, en español), del cantautor británico Bryan Ferry. Pocas veces hubo música con letra, y menos en inglés, en ese reducto tan solemne.

SALA DE ACUERDOS. Agüero y los hijos de Gandur fijan el retrato del vocal.

Los promotores del tributo póstumo, los vocales Daniel Posse (presidente), Antonio Estofán, Claudia Sbdar y Daniel Leiva (reemplaza a Gandur desde el miércoles 6 de febrero), se ubicaron en un estrado al mismo nivel de los asistentes -no asistieron los ministros públicos Edmundo Jiménez y Washington Navarro Dávila-. Al frente, en la primera fila de la derecha, se sentaron la viuda Emma Agüero, y dos de sus hijos, el juez Sergio Gandur y la funcionaria judicial María José Gandur -el tercero, Hernán, vive en Bariloche-, junto a otros familiares. En la hilera de la izquierda estuvieron dos amigos y ex compañeros de la Corte de Gandur, Juan Carlos Veiga y Alfredo Dato; el ministro de Gobierno y Justicia, Regino Amado, y la fiscala de Estado, Eleonora Rodríguez Campos. Hacia atrás y los costados cubrieron todo el espacio disponible los amigos; los colaboradores cercanos -con los relatores en un lugar destacado-; jueces; funcionarios; académicos; letrados y empleados. La concurrencia expresaba la vida multifacética de Gandur, que fue sucesiva y simultáneamente esposo; padre; abuelo; bisabuelo; abogado; dirigente de Tarcos; profesor universitario; militante del desarrollismo; ministro público fiscal, y presidente de la Corte, de la gestión inaugural del Consejo Asesor de la Magistratura y de la Junta Electoral.

La memoria de esa biografía profusa animó los discursos de los tres oradores de la jornada: Veiga, Dato y Posse. El primero destacó que Gandur hacía honor a la brevedad, al darla y demandarla. También apuntó que el juez supremo había tenido una niñez difícil, y que, luego, en la adultez, se había entregado a la búsqueda de la verdad y de la justicia con sometimiento absoluto a la ley, y vocación democrática y republicana. “Fue un jurista persuadido de que el Derecho debe estar abierto de par en par a los aires de la vida real”, definió Veiga.

“La trayectoria pública de Gandur es por todos conocida: es más, creo que pocas veces el sentido astronómico de la palabra ‘trayectoria’ nos sale al cruce de modo tan patente. Pero no se trató de un coloso que se movía por simple inercia, sino que el suyo fue el laborioso camino de una voluntad y sensibilidad extraordinarias. La intimidad de su familia y gente cercana es la que más sabe de todas las batallas que ha librado contra sus propios límites”, reflexionó a su turno Dato. Y añadió: “el ‘Chiquito’ fue una proteína rarísima de destreza y erudición profesional”. Posse, quien en 2017 sucedió a Gandur en la presidencia del alto tribunal, subrayó el perfil vanguardista de su ex par y su afán por llevar el Derecho hacia nuevas regiones. “Fue un ejemplo para todos nosotros”, resumió.

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