“Pensamos el diseño como un modo de mejorar la vida de una comunidad”

Alejandra Mizrahi cruza diseño y arte, y les suma a esas disciplinas un componente social. La randa, mucho más que un objeto artesanal.

27 Ene 2019 Por Nora Jabif

De niña, Alejandra Mizrahi (37) jugaba, como casi toda niña, a vestir las muñecas; y a vestirse ella misma con las ropas de la abuela; pero ese historial de juegos de infancia sumaba una huella privilegiaba: la niña Alejandra se perdía jugando entre el arco iris de géneros- telas- que poblaban la tienda familiar; o se dejaba envolver, también, por el olor del cuero de la talabartería de los abuelos. De ahí a un derrotero marcado había un paso. De profesión “artista, investigadora, docente”, responde a la pregunta acerca de cómo llena el casillero que pide “oficio” cuando presenta el pasaporte.

¿Qué investiga? Como lo dicta el ADN familiar, el universo del diseño de indumentaria y de los materiales textiles. Sin embargo, si se acompaña parte del recorrido de esta licenciada en Artes (UNT) y doctora en Filosofía por la Universidad Autónoma de Barcelona (especializada en Arte y Diseño en el área de Estética y Filosofía del Arte” ) queda en claro que no se detiene en la teoría pura: en muchos de los trabajos que hizo alrededor de la recuperación de la randa está el fin de “empoderar” a las randeras; de ayudar a que un artesano pueda vivir de lo suyo. O, en el caso de su experiencia con chicos autistas, con la Fundación “Brincar por un autismo feliz”, el uso de la randa como un modo de generarle nuevas posibilidades al tejido, nuevas formas de hacer randa.

-¿ Sentís que tienen impacto todas las acciones que se vienen realizando por la recuperación de la randa?

- La recuperación o rescate de la técnica de la randa se viene haciendo desde hace mucho tiempo, el IDEP, el Virla, la comuna de El cercado. El libro “Tradición y diseño, tucumanos en diálogo” (de EDUNT, con Dirk Trotteyn y con Silvina Fénik) fue una manera de registrar eso que estaba dando vueltas de forma más abstracta. Y ahora se está viendo el impacto de una tarea que muchas instituciones vienen haciendo desde hace tiempo. Me gustaría pensar que esas acciones han impactado en la vida de las randeras, que ellas puedan producir más y comercializar más. Y hoy lo están haciendo no solo en la provincia, sino en otros lugares. Ahora ellas han conseguido unas máquinas de coser, y tienen muchos encargos desde el ámbito del diseño. Lo que puede ayudar a que se actualice esta técnica más allá de los tapetes.

NO SOLO TRADICIÓN. Para Alejandra, la randa es un territorio a explorar. El saco de randa, realizado por Claudia Aybar. GENTILEZA FOTO DE LAURA ORTEGO

- A fines del año pasado estuviste en el Japón. ¿Cómo fue esa experiencia?

- En el 2017 me habían invitado a trabajar con chicos con autismo a partir de la randa, pero entendiéndola como una forma de conectarme con el otro. A Japón fui invitada por un artista japonés, Katsuhiko Hibino, al festival Turn Fes, que es parte de un proyecto integral - Turn- que se realiza desde hace cinco años en diferentes países. Estuve trabajando con gente de discapacidades tanto mentales como motrices. Ya lo había hecho en Argentina en la Bienalsur con la Fundación “Brincar por un autismo feliz”. Fue una experiencia impresionante, porque todo es diferente en Japón. De modo que yo también experimentaba de alguna manera esa discapacidad de poder relacionarme con el contexto, lo que después me facilitaba la tarea de relacionarme con la gente, y de entender que esos límites nos permiten pensar de una manera distinta, y producir cosas diferentes. Y eso ha pasado con la randa, que los participantes se apropiaban cada uno con su manera de tejer.

- ¿Cómo impacta, en lo operativo, el trabajo con randa en personas con alguna capacidad diferente?

- El trabajo con los chicos realmente fue muy movilizador. Porque ellos se encontraron con una técnica muy disciplinada y estructurada; y con el correr de los encuentros comenzaron a proponerle otras formas de tejerla. Nuestros encuentros motivaban justamente eso, darle a este tejido tradicional nuevas posibilidades. Nadie mejor que ellos podían hacerlo, ya que encontraban en los materiales o en la práctica algo particular que explorar.

- ¿ Qué fue lo que más te marcó de tu paso por Japón?

- Una de las cuestiones que más me ha marcado de la experiencia en Japón ha sido ver cómo ellos consideran la artesanía como una práctica de un gran valor. Ellos, a cada artesano lo entienden como un tesoro cultural vivo, valoran enormemente a los artesanos que mantienen la tradición y que la transmiten de generación en generación. Por otro lado, la artesanía está muy presente en la vida cotidiana. Usan los objetos de artesanía. En cambio en la Argentina tendemos más a sacralizarla, a ponerlos en un marco, a dejarla en la vitrina. Una de las cosas que me han sorprendido es cómo ese uso de la artesanía es el que va a garantizar la continuidad de una práctica. Yo hice un taller de bordado de una técnica que se llama sashiko, y la maestra me dijo: por favor, usalo, no lo colgués.

- En ese sentido, es un desafío conciliar la tradición con la innovación...

- Nos viene preocupando desde hace mucho; desde la Facultad de Arquitectura nos venimos preguntando cómo se actualiza una técnica como la randa; un encaje que es europeo y que estaba inicialmente vinculado con la liturgia, y que hoy se sigue produciendo; y tratamos de responder a través de la práctica. Desde nuestro proyecto tratamos de relacionar a diseñadores con las randeras para ver qué nuevos usos puede tener la randa.

-En ese sentido, hay una larga tradición de cultura textil en la región, tanto de producción precolombina como de herencia hispánica...

- Precisamente, el año pasado, gané una beca del ex ministerio de Cultura de la Nación en el marco del proyecto “Cultura investiga”, vinculada al Museo Nacional de la historia del traje. Es una investigación relacionada con los textiles tradicionales que se hacen en Tucumán, de la que surgió un relevamiento en varias regiones de la provincia, de artesanas que trabajan con textiles tradicionales. La idea era ver cuál era el contexto textil en el que se inserta la randa, una técnica poscolonial. Y hay muchas otras técnicas de tejido de telar que son prehispánicas y que todavía se están produciendo en la provincia. La idea era contrastar ambas producciones, así como las comunidades que producen una y otra producción. Lo que estoy haciendo ahora es escribir un texto que va a focalizar en la randa, pero tomando en cuenta ese contexto textil, y que en unos meses le voy a entregar al Museo Nacional de Historia del Traje.

- Sos docente en la carrera de Diseño en el ámbito de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNT. ¿Cómo arrancó esa experiencia?

- En 2018 hemos atravesado el primer año de la tecnicatura universitaria en Diseño de Indumentaria y Textil de la facultad de Arquitectura de la UNT. Fueron 120 alumnos y alumnas este año. Hay un equipo muy bueno y muy entregado a la tarea. Estamos intentando generar una conciencia más ampliada de la idea de diseño social, de cómo el diseño va a ser una herramienta que va a modificar las formas de vida. No solo se trata de producir objetos que modifiquen esa forma de vida, sino que va a diseñar relaciones, para una mejora de la sociedad. En ese sentido también trabajamos con la idea de inclusión social. Este año hemos ido haciendo un trabajo en conjunto con los alumnos y con otras instituciones.

- ¿Cómo entendés el auge del Diseño hoy?

- Si lo pensamos como una disciplina que viene a resolver problemas y a cubrir ciertas necesidades.... En la FAU pensamos una idea del diseño ampliado, no solo destinada a la creación de un producto, o un objeto que cubra una necesidad práctica, sino a la mejora de las formas de vida de una comunidad, a la subsistencia de una comunidad. Por ejemplo, lo que intentamos hacer con la comunidad de randeras de El Cercado, pero que se puede extrapolar a cualquier otra comunidad de artesanos; por ejemplo, el diseño vendría a solucionar ciertos problemas que tienen que ver con el uso de esos tejidos, con la circulación de ellos, con las técnicas de producción de una comunidad, con la asociación de cooperativas, entre otros.

NO SOLO TRADICIÓN. Para Alejandra, la randa es un territorio a explorar. GENTILEZA FOTO DE PABLO MASINO

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