“No hay que tener miedo de meter la pata; los exitosos pasan mucho tiempo explicando sus errores”

El ingeniero tucumano, radicado en Suecia, se desarrolla en la industria de los videojuegos. Una importante interacción con disciplinas artísticas.

06 Ene 2019 Por Nora Jabif
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AVENTURARSE. Carlos Danna buscó becas en el exterior para poder entender el funcionamiento de la industria. LA GACETA / FOTOS DE Antonio Ferroni

“Sin menospreciar otros formatos o medios, en el videojuego tenés lo mejor de los dos mundos: un buen videojuego, con una buena narrativa, te lleva a meterte en la piel del personaje, en el corazón de una situación que muchas veces te incomoda y te desafía. Esa interacción te lleva a experimentar sensaciones que difícilmente llegás a sentir con un libro, o con una película”.

Así explica Carlos Agustín Danna (de 30 años) el éxito de ese juguete electrónico que se popularizó en los años 80 con la llegada de las primeras consolas, y que se instaló para quedarse.

Licenciado en informática, egresado de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNT (Facet), Danna sabe de qué está hablando. Hace cuatro años buscó una beca para perfeccionarse en el desarrollo de videojuegos, y así pudo cursar una maestría en una universidad de Orlando, Estados Unidos. Fue su puerta de acceso al mundo gamer y al del negocio del software (primero trabajó en Miami y acaba de mudarse a Estocolmo). Y pudo hacerlo (atención interesados) porque, como muchos de su generación, está marcado por un fuerte espíritu colaborativo; y porque (otra marca generacional) siente que el de hoy es un mundo sin fronteras.

En su charla con LA GACETA (regresó a Tucumán para pasar las fiestas con sus padres), Carlos también acercó otras pistas para interesados en el universo de las llamadas industrias creativas: los egresados de carreras artísticas y relacionadas con la comunicación audiovisual tienen ahí un horizonte posible.

“Tenía curiosidad y me puse a buscar, a enviar emails a todas partes. Y un día de diciembre recibo una llamada; era de una de las universidades, la Fullsail University, en Orlando, una universidad privada que se dedica a lo audiovisual, hace producción de audio, de cine, de videojuegos. Hay graduados que están trabajando en muchos lugares de la industria. Y eso me abrió muchas puertas. Era una maestría de un año, muy intensiva, y no dedicada tanto al desarrollo de videojuegos como a la organización”, memora. Y deja otra clave: el primer mandamiento es hablar y entender inglés a la perfección.

- ¿Qué es lo que más te interesó de ese universo?

- Es un mundo muy interesante, pero, en mi perspectiva, lo es más por la gente que trabaja en videojuegos que por la industria en sí. Es un mundo mágico el de los desarrolladores, los programadores, ¡los artistas! Gente que hace sonidos, audio... y es mágico porque encontrás gente que no sabe hablar de programación, pero que sabe mucho de arte. En el desarrollo de un videojuego combinás varios mundos; podés saber matemáticas o hablar de cuestiones técnicas, pero de ahí a entender que un juego necesita ser estéticamente bello y bien diseñado hay un tramo largo. Está la pata de la culturalización, de los modos de consumo de los videojuegos, que no son iguales en todo el mundo. Por ejemplo, el consumidor chino de videojuegos paga por cosas que otros mercados no pagan. Están acostumbrados a hacerlo para mejorar la experiencia. En EEUU dicen: yo ya pagué por un juego, ¿porqué tengo que pagar extras por otros ítems?

- ¿ Podés explicar por qué un video resulta exitoso?

- Sería millonario ya si lo supiera. Pero es una combinación holística de elementos. Cuando estaba estudiando, veíamos experiencias de usuarios en un videojuego que se llama Cities: skyline. Y los resultados que nos daba la gente arrojaban que iba a ser todo un éxito. Y lo fue. ¿Y qué es lo que lo hacía entretenido? Que vos construías tu ciudad, y es que estaba bien pensado, bien planteado, había una cuestión fiscal, tenías que tener en cuenta los impuestos; había Policía, reglas a aprender y a seguir; y hoy sigue recibiendo actualizaciones, mejoras y es excelente la calidad. Esta compañía entendió el concepto básico de la experiencia que le quería aportar al usuario.

- Al margen de tu especialidad, sos una prueba de que se puede vivir de lo que a uno le gusta...

- Por un lado, les debo mucho a la UNT y a la Facet. Y veo cómo hay grupos de estudiantes y egresados de la facultad que siguen siendo muy activos en el desarrollo de eventos relacionados con la computación, que le ponen muchas pilas a su trabajo. Por otro lado, he entendido que se aprende de los errores. Que no hay que tener miedo de meter la pata; por supuesto, mientras eso no implique riesgos para la empresa en la que estás trabajando. En todos los congresos a los que asisto, desde San Francisco a Berlín, donde muchas veces he sido voluntario en la organización. Los “exitosos” no hablan de sus éxitos, sino de sus errores; pasan mucho tiempo explicando por qué tomaron las decisiones que tomaron.

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