El papel de la música en el hecho educativo

03 Ene 2019 Por LA GACETA

No solo provoca placer y entretiene, es también una valiosa herramienta pedagógica, que promueve la inclusión social, como sucede con otras manifestaciones del arte. Tal vez la primera expresión haya sido el canto, que no necesita otro instrumento que la voz para expresarse, para generar armonía, alegría, bienestar, para calmar la ansiedad, para sosegar la angustia, para mitigar el dolor o las penas. Y si se lo practica en forma colectiva tiene el poder de unir los espíritus tras una melodía. “Y si canto de este modo por encontrarlo oportuno, no es para mal de ninguno sino para bien de todos”, dice José Hernández en “La vuelta de Martín Fierro”.

Pero no solo con los estados anímicos está relacionada la música. Investigadores de la Northwestern University afirmaron hace unos años que la práctica de un instrumento puede ayudar a mejorar el habla, así como la capacidad de hablar un idioma extranjero. En su opinión, la música es un recurso que tonifica el cerebro para la aptitud física y por lo tanto, requiere que la sociedad reexamine el rol de la música en el desarrollo individual.

Un informe publicado en “Nature Reviews Neuroscience” señala que los chicos que reciben entrenamiento musical tienen una mayor capacidad para detectar los cambios de tono en el habla y poseen un vocabulario más amplio y leen mejor que aquellos que no aprenden música.

Violeta Hemsy de Gainza, pedagoga musical tucumana de renombre internacional y autora del cancionero “Tucumán canta”, dijo hace poco tiempo que a los pueblos originarios les funciona la intuición porque la practican, viven de la intuición. “Hay estudios fabulosos de comunidades en Tanzania donde toda la comunidad, desde el niño hasta el abuelo, hombres y mujeres, todos tocan instrumentos, cantan a voces”.

En relación con la enseñanza de la música, Hemsy de Gainza señaló que la formación de los maestros está descuidada en la actualidad. “El hecho de tener la tecnología no garantiza que vayamos para adelante. Si los maestros enseñan mal es porque no están preparados... La responsabilidad es del Estado. Este hace lo que puede, asesorado por los que pueden, pero los profesionales están encaramados desde hace mucho tiempo”, manifestó.

Excepto las instituciones universitarias y provinciales especializadas y algunos colegios privados, la música tiene poco espacio. En otras ocasiones nos hemos referido hemos a la importancia de la educación artística en el desarrollo de la sensibilidad y de la comunicación de una persona. Por ejemplo, en un coro, se aprende a ser solidario, a trabajar en forma colectiva, a respetar al otro, a disciplinarse en el estudio; se enseña que sin el esfuerzo de todos difícilmente se pueda llegar a buen puerto. En ese sentido, es remarcable la tarea de las orquestas y coros barriales que integran el programa del Bicentenario que buscan la integración de niños y jóvenes marginados socialmente. También es interesante la labor que viene desarrollando la Escuela de Arte Popular de Monteros.

Si todas las escuelas tuviesen coros o elencos teatrales, tal vez habría menos problemas de conducta, menos adicciones, mayor compromiso y solidaridad. Para ello es necesario formar a los educadores en el marco de estos parámetros, porque son ellos los tienen la llave para estimular a los alumnos en el estudio y ayudarlos a tener un sentido crítico.

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