Sueño cumplido: los grandes juntos en Primera

31 Dic 2018 Por Guillermo Monti

Los planetas del fútbol tucumano se pasaron décadas jugando a las escondidas, hasta que se dignaron alinearse y 2018 nos regaló el sueño de siempre: Atlético y San Martín juntos en Primera división. Fue un semestre de vértigo, coronado por la extraordinaria campaña de Atlético en la Copa Libertadores -entre los ocho mejores de Sudamérica- y un clásico trepidante que el “Santo” ganó 3 a 2 en el Monumental. Y que terminó como debe ser: en paz.

La adrenalina fluyó a raudales por las arterias del fútbol provincial y eclipsó a buena parte del año deportivo. Demasiado tiempo aguardaron los hinchas de San Martín por una alegría como el ascenso concretado por el equipo de Darío Forestello. Se materializó con una goleada sobre Sarmiento de Junín en La Ciudadela, pero antes sufrieron de lo lindo. Fue, a fin de cuentas, una fiesta a lo San Martín: a puro corazón.

Atlético fue de menor a mayor en la Copa. Arrancó perdiendo, fue acomodándose de la mano de Ricardo Zielinski, superó el grupo y en octavos de final dio el golpe al eliminar a Nacional de Medellín, uno de los candidatos. Y sucedió en Colombia. Los hinchas “Decanos” fueron de acá para allá, surcando el continente detrás de una ilusión a la que sólo un gigante como Gremio fue capaz de contener. La bandera de la campaña histórica fue “Pulguita” Rodríguez, ídolo arquetípico, simoqueño de pura cepa y político en puerta. Un hombre de pueblo.

EL CUARTO ASCENSO. San Martín volvió a Primera y se dio un gusto: ganó el clásico y de visitante.

Unido, el poder movilizador de Atlético y de San Martín se consolidó como uno de los fenómenos más potentes de la tucumanidad. Hay un desafío en puerta, porque más difícil que llegar es mantenerse, pero lo vivido durante 2018 ya se inscribió en el terreno de lo incomparable. El riesgo, como siempre, es que las mieles del superprofesionalizado fútbol de Primera endulcen un plato más bien insípido. Y en esa medianía, exenta de sabores fuertes, flotó el deporte provincial a lo largo del año. La medianía acostumbrada, un clima de época con largo arrastre.

Nicolás Sánchez batió el récord de Felipe Contepomi y se convirtió en el máximo goleador de la historia de Los Pumas. El apertura surgido de la cantera de Lawn Tennis sigue su carrera en Francia, donde colocó el Olimpia de Plata sobre la chimenea. Sánchez es el mascarón de proa del rugby, que coronó en el plano local a Los Tarcos, y una de las escasas figuras que el deporte tucumano proyecta al plano internacional.

La designación de Mercedes Paz como capitana del equipo de Fed Cup y la vigencia de Horacio Muratore en la dirigencia del básquet mundial aportan un par de rayos luminosos, al igual que todo lo bueno conseguido por Gerónimo Padilla, Pablo Morán, Maximiliano Bestani y Martín Mercado en el siempre exigente -y costoso- universo de los motores. Como es costumbre, el de los tucumanos fue un reguero de esfuerzos individuales en toda clase de torneos; regionales, nacionales e internacionales, en algunos casos tan valiosos como el del escopetero Fernando Vidal Sanz, clasificado a los Juegos Panamericanos de Lima 2019. Todo mayormente a pulmón, mientras los problemas endémicos del deporte provincial siguen intactos. Hablar de las carencias en infraestructura, por caso, es un clásico de cada anuario.

Los Juegos Olímpicos de la Juventud deslumbraron por tres motivos en Buenos Aires: el entusiasmo del público, la calidad de las competencias y lo ajustado de la organización. Fue, de paso, un éxito impensado por la cantidad de medallas obtenidas por los chicos argentinos. El orgullo genuino aportado por esos Juegos mutó en vergüenza cuando la violencia transformó la final de la Copa Libertadores en una novela de terror. Todo se hizo mal: antes y durante el duelo River-Boca, definido en Madrid ante los azorados ojos del planeta fútbol. La felicidad del éxito no se la saca nadie a River, pero el aplazo será difícil de levantar para el país. La cadena de irresponsabilidades que une al poder político, a la Justicia, a las fuerzas de seguridad y a los dirigentes de los clubes quedó más expuesta que nunca. Eso sí: nadie se anima a tocarla.

Semejante caldo, un brebaje en el que el fútbol argentino se cocina a fuego lento, no podía derivar en otra cosa que el fracaso mundialista. En Rusia, la Selección argentina se disparó en el pie y terminó saliendo por la puerta de servicio, goleada por Francia en octavos de final y envuelta en el traje que eligió lucir: el del escándalo.

Será por esta clase de noticias que tanto se valora a los ejemplos vivientes. Emanuel Ginóbili es uno de ellos y para ratificarlo basta con revisar las imágenes de su retiro, una ceremonia que les arrancó lágrimas a los texanos de San Antonio y a todos los que admiran lo que Ginóbili representa como deportista y como ser humano. Es uno de los más grandes de la historia, no sólo del básquet. En lugar de extrañarlo, lo que vale ahora es sacarle el jugo.

Comentarios