“Los sueños y proyectos están al alcance de nuestras manos”

La ex periodista Silvia Gramajo produce vinos en los Valles Calchaquíes

13 Oct 2018
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LA MADRE TIERRA. Silvia muestra el resultado de su trabajo en los viñedos.

Silvia Gramajo, ex periodista en Tucumán donde hizo trabajos en radio y televisión, es una empresaria vitivinícola que llegó a Colalao del Valle hace 15 años, buscando cambios en su vida y transitando nuevos caminos.

“Nunca soñé con hacer vinos, y mucho menos vivir de esto, pero en un momento de mi vida me decidí a hacer otra actividad y llegué hasta los cerros, en los Valles Calchaquíes, buscando un lugar. Y así fue como, junto a mi pareja, compramos una finca de 3 hectáreas”, comenzó su relato durante el diálogo telefónico que mantuvo con LA GACETA Rural. La empresa se llama Bodega y Viñedos “Luna de Cuarzo” y Finca “La Silvia”.

- ¿Los comienzos fueron demasiado complejos?

- Y sí, como todo en lo que uno se inicia y no tiene idea de nada. Hablamos con el ingeniero Raúl Orell del INTA, quien nos sugirió que pongamos uvas, no para mesa sino para producir vinos. Ahí, buscamos un asesor para desarrollar nuestras viñas, nos dedicamos a estudiar el proceso de la vid y el manejo de la uva y comenzamos, y al cabo de cuatro años tuvimos nuestra primera cosecha. El comienzo fue duro porque no teníamos agua, y así anduvimos tres meses buscado un pozo, y cuando lo logramos, comenzamos a regar y esto se convirtió en un pequeño paraíso con árboles y viñas Torrontés y Malbec, y en 2014 tuvimos nuestro primer vino. Y con el paso de los años, y al ir mejorando las vides y los vinos, obtuvimos premios y distinciones. Esto fue novedoso y muy lindo.

- ¿Qué sensaciones le deja, como mujer, producir un vino?

- Es una experiencia sublime. Es una bebida sagrada desde la antigüedad, así que exige el mayor de nuestros respetos. Y como contamos con una bodega subterránea, bajo tierra, dentro de la “pacha”, de alguna manera es como devolverle a la tierra lo que le estamos sacando; por eso, tratamos a la tierra con amor. El lugar donde estamos es místico, sin dudas. Y esto hoy se llama “biodinámica”, porque sembramos y cosechamos según cómo está la Luna. Y así fue como nos adaptamos a cosechar en marzo con luna llena. Es una experiencia única. Por eso, trabajamos todos los días con alegría y pasión.

- La vitivinicultura es una actividad casi exclusiva de hombres. ¿Fue difícil insertarse?

- Soy la primera bodeguera inscripta en Tucumán, y creo que mi inserción fue como en cualquier otra actividad productiva donde predominan los hombres. Es un orgullo hacer vinos con tantos amigos y colegas hombres. Pero, ¿por qué no podemos ser buenas productoras de vinos, si hay excelentes bodegueras, enólogas y someliers. Así que todo es cuestión de lanzarse.

- ¿Es complejo dirigir una empresa familiar?

- Cuando le dije a mis hijos que nos íbamos a vivir a la montaña, no lo comprendieron. Pero hoy, con el paso del tiempo, lo comprenden y están felices. No fue fácil, porque tuvimos que dejar una forma de vida en la ciudad. He sido la promotora de nuestro cambio de vida, y eso es muy bueno como mujer. Es hermoso vivir en la naturaleza; yo sentí un llamado y hace 15 años que estoy en la zona de Colalao del Valle. Hoy soy reconocida y respetada por todos mis colegas.

- ¿Los desafíos por delante?

- Crecer y seguir trabajando para lograr el reconocimiento para Tucumán por sus excelentes vinos, y para que Argentina crezca en el mercado mundial. Los productores artesanales -y nuestras pequeñas bodegas- somos distintos, cada uno con su público, y desarrollando el “enoturismo”. La Ruta 40, la Ruta del Vino, tiene mucha potencia y un gran futuro, porque tenemos artesanías, tejidos, vinos y las ruinas de Quilmes y El Pichao. Tucumán debería fortalecerse sobre esto. No debemos competir contra las grandes bodegas, sino que debemos aprovechar que hay mercados para nuestros vinos que son más intensos, tanto en color como en sabor, y que son vinos muy bien identificados en el mundo.

- ¿Y como mujer?

- El mío ha sido un desafío muy grande. Estoy convencida de que todas las mujeres podemos completar nuestros sueños y hacer más allá de lo cotidiano. Lo desconocido nos genera temor, es cierto, pero cuando se avanza todo se transforma en alegría y en logros y éxitos. Hay un gran futuro para todas las mujeres en todas las actividades que encaren.

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