Marta Minujín en los 60 de París

Registro de los años centrales para la artista

16 Sep 2018
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UNA REFLEXIÓN SIN QUEJAS NI PESARES. Minujín sostiene en sus diarios íntimos que es “consciente de que sufrir es una condición natural y debemos aceptarla como tributo por lo que vivimos”.

TESTIMONIO

TRES INVIERNOS EN PARÍS. DIARIOS ÍNTIMOS (1960-1963)

MARTA MINUJÍN

(Random House - Buenos Aires)

Este es un libro irresistible desde su título, pues quién puede quedar indiferente ante la promesa de leer “diarios íntimos” de este ícono de las artes visuales argentinas (y el mundo), Marta Minujín. Y, luego, ante el prólogo, escrito recientemente -en mayo de 2018- por la autora, que abre la puerta hacia una escritura testimonial, apasionada, maduramente inexperta y catártica pues lo que en él confiesa se descubre palabra a palabra en el resto del libro/diario. Dice refiriéndose a aquellos años en París: “La escritura era mi cable a tierra. Sentarme por la tarde o la noche, en mi pieza o en bares, a relatar mis vivencias en el diario era el antídoto contra la soledad”.

Relata Minujín una increíble soledad sin vacíos ni silencios; una soledad barroca la de ella, en la que se pliegan como en series infinitas los aristas que la admiran y hasta la adoptan, podría decirse, por lo aterradoramente joven que era para vivir semejante experiencia existencial y creativa; soledad en una ciudad poblada de amigos, de imágenes, voces, calles; de objetos que arrastra a su guarida de creadora; de muy poco dinero apenas para pan con queso; de amor ausente pero, hasta hoy, a su lado; de urgencia creativa; de permanentes renacimientos en cada obra que crea y hasta destruye; de color que estalla repentinamente. Una soledad que la hace llorar pero que jamás pensó en abandonar.

Estos son los diarios íntimos de una artista, de una joven que no está detrás de fama ni éxito sino de espacio y tiempo para hacer y hacer; que parece que nunca sentirá a Buenos Aires y Argentina como su lugar y que no querrá volver. Una artista que siente, cito: “nostalgia de estar feliz” y es “consciente de que sufrir es una condición natural y debemos aceptarla como tributo por lo que vivimos”. Pero nada es dicho como queja o pesar, al contrario, todo en estos diarios es una celebración de la vida.

La intimidad de los “diarios íntimos” tiene un límite preciso e infranqueable: nunca pasan la raya de lo íntimo; no salen a la luz (los diarios), para dejarnos husmear en lo privado sino que develan los orígenes de un itinerario creativo que aun no termina.

© LA GACETA

GRISELDA BARALE

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