Las quejas permanentes de afiliados del PAMI

14 Sep 2018

Lo que representa un premio en varias partes del mundo, en la Argentina tiene un sabor a castigo para aquellos que tras una vida de esfuerzo y trabajo, así como de aportes al Estado, accede finalmente a la jubilación, una etapa que se supone debería brindarles todo tipo de beneficios para que pueda afrontar con bienestar los últimos años de su vida. Ocurre que el 64% de las personas mayores -alrededor de 4,5 millones- percibe la jubilación mínima de $8.637. De acuerdo con los últimos datos económicos, un jubilado necesitó $21.127 para satisfacer sus necesidades básicas en agosto. La situación se hace más penosa aún si su obra social es el Programa de Asistencia Médica Integral (PAMI), cuya designación actual es Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados. Las constantes quejas de sus afiliados se ven reflejadas en nuestra sección Cartas de Lectores.

El 12 de septiembre, escribió la hija de una afiliada del PAMI que tiene 82 años a la que le diagnosticaron, hace un año, problemas cardíacos, por lo que necesitaba que le colocaran una válvula en sus arterias con carácter de urgente, según su médico, pero obtuvo solo promesas. “Hasta el día de hoy no le colocaron esa válvula y hace tres semanas, nos informaron en el PAMI que no abonaron la válvula al proveedor. Ya se nos agotaron los reclamos verbales en las oficinas del PAMI, además de que toda esta situación nos está causando un gran daño, no sólo a mi mamá, sino a toda la familia”, aseguró.

El 9 de septiembre, un ciudadano denunció mal trato sanatorial y prestacional: “no nos merecemos que a nuestra edad nos sigan tratando de esa forma; como descarte, como basura. El trato inhumano y violatorio de las normas que obran en los tratados internacionales de derechos humanos”. Otro lector escribió el 27 de agosto pasado que concurrió a la clínica de su preferencia y le dijeron que no podían atenderlo, debido al cambio que había realizado el PAMI. “Tengo 84 años y no puedo andar deambulando de un sanatorio a otro, debido a esas disposiciones absurdas de cambiar sin consultar al afiliado de prestador en clínicas y sanatorios. La elección del prestador es libre”, afirmó.

El 18 de agosto, la directora local del PAMI, que asumió a fines de julio, sostuvo que a pesar de la crisis económica, el ajuste no afectaría las prestaciones de los afiliados tucumanos. Anunció que intentaría ampliar la cartera de prestaciones, para mejorar los beneficios para el usuario y evitar las esperas por los turnos. “Es uno de los puntos con más reclamos del afiliado. El tiempo de espera en las prestaciones varía, nos encantaría que el máximo de espera para un turno sea de 72 horas cuando se trate de estudios de rutina”, declaró. Pero en una buena parte, su acción está supeditada a la política nacional.

El organismo fue creado el 13 de mayo de 1971, por el ministro de Bienestar Social, Francisco Manrique, para que fuera administrado por sus propios beneficiarios; sin embargo, desde su creación el presidente de su directorio fue designado por el gobierno de turno. A lo largo de sus 47 años, vive en una situación financiera de zozobra, lo cual refleja la inoperancia de sus interventores. El organismo se ha convertido en un botín de guerra para la dirigencia de turno, si no fuera así, no se explica por qué nunca se les ha entregado a sus afiliados su gerenciamiento.

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