El ibuprofeno y los estrógenos están dañando a los peces

Remedios y productos de limpieza llegan a las aguas sin control. Peligro para las personas.

12 Sep 2018
1

NO ES INOCUO. En la Argentina se consumen antiinflamatorios sin control.

¿Podés imaginarlo? Cerca de 34 millones de cajas de ibuprofeno se vendieron en Argentina sólo en 2017. El 40%, sin receta, por lo que, probablemente, en muchos casos este consumo sea innecesario. Y eso ya es grave, pero no es todo. El siguiente problema es que no sólo se medica quien toma la pastilla: el cuerpo metaboliza una pequeña parte de la droga; el resto es eliminado y va a parar a los desagües, a las aguas superficiales y a las especies de animales que habitan ese ecosistema. Y -al menos por ahora- las principales víctimas son los peces.

Pero es más grave. El “ibu” no está solo: forma parte de un grupo de contaminantes llamados emergentes (productos de limpieza y perfumería, además de medicamentos), cuya formulación química o su combinación con otras sustancias provocan daños al ambiente.

Sin protección

No hay legislación que obligue a controlarlos, porque hasta ahora no se los ha considerado una amenaza, pero los resultados de un trabajo de un equipo del Programa de Ecofisiología Aplicada de la Universidad Nacional de Luján ha encendido muchas luces de alerta.

El programa, que depende del Instituto de Ecología y Desarrollo Sustentable, y está dirigido por d Bettina Eissa, investigó la presencia de fármacos en agua, puntualmente del ibuprofeno, y el impacto ambiental que generan.

Que el equipo, compuesto también por Gabriel de Diego, Juan Pablo Ferro y Ayelén González Núñez, haya elegido el ibuprofeno no fue producto del azar: las descomunales cifras de consumo hacen que la presencia del compuesto en el agua sea mucho más pronunciada que la de otros. Pero además, el “ibu” tiene una estructura química que no se degrada fácilmente. “Por ese motivo, a través de la orina, es eliminado del cuerpo casi igual que como cuando lo consumimos: entre el 30 y el 90 % de las dosis de fármacos ingeridos por humanos son excretados en la orina como sustancias activas”, explica Eissa. Y si bien no es el más tóxico de todos los contaminantes emergentes, al ser tan altos los niveles de consumo, sus efectos en la fauna acuática ya son visibles.

“Según nuestros estudios -resalta Eissa- los desechos afectan la capacidad de natación de la especie y, por ende, la de trasladarse, alimentarse y reproducirse”.

Humanos, en riesgo

Los investigadores han observado también que, más allá de lo que proviene de inodoros y lavabos o de su imprudente descarte cuando llegan a la fecha de vencimiento, otra situación preocupante se da en las plantas de depuración de efluentes: la droga puede traspasar las barreras farmacéuticas y llegar a los cursos de agua sin mayores dificultades. Y de ahí, a las redes de distribución de agua potable.

También observaron que, en términos reproductivos, la población de peces es poco equitativa: hay muchos menos machos que hembras. Y descubrieron que la razón es la presencia de altos niveles de estrógeno en las aguas, como consecuencia de la eliminación en la orina de los restos de anticonceptivos orales.

Urge entender -sugieren los investigadores- que la inocente pastilla, tan a mano “en la cartera de la dama y en el bolsillo del caballero”, no es inocua para el ser humano y mucho menos para el ambiente en el que está inmerso.

Comentarios