Cartas de lectores

10 Sep 2018

VEREDAS ROTAS

Le respondo al lector Francisco Amable Díaz su carta “Veredas rotas” (7/9). LA GACETA publicó en reiteradas ocasiones el trabajo que realiza la Dirección de Catastro sobre el problema de las veredas rotas. En forma conjunta con dicha repartición, hicimos un relevamiento de la situación y notificamos a los propietarios que tenían sus veredas rotas. A quienes no hicieron caso se les labró actas, que fueron centenares; las mismas fueron giradas al Tribunal de Faltas, sancionando a muchos frentistas, y también hubo causas giradas a cobro judicial. Cansado de la situación, el intendente gestionó ante el Departamento Producción de la cárcel para que elabore los mosaicos, y le informo al lector, para que sepa, que por orden de “arriba”, por causas políticas, quedó todo trunco. Como vivimos en una sociedad en completa anomia, el Intendente decidió que el municipio haga el trabajo. Si camina por las calles céntricas verá cómo, paulatinamente, se hacen los trabajos. Y cuando se refiere al concejal que marcó con aerosol las veredas rotas fui yo, con mis colaboradores. No se me cayó el apellido y nunca cambié, como dice el lector.

José Luis Avignone

Secretario de Relaciones Institucionales
Municipalidad de San Miguel de Tucumán

LIMPIANDO LA CIUDAD

Hermosa nota de LA GACETA sobre los voluntarios que van a limpiar la ciudad. Loable iniciativa que ojalá impulse una verdadera “revolución cultural” a todos los puntos de Tucumán. La verdad que esto es tan importante, que no desearíamos encontrarle el “pero...”, pero sí hay “pero”. Si bien es cierto el tema de la limpieza es un compromiso de todos, pero no de todos por igual, existen escalas de responsabilidades que comienzan desde los gobiernos; ellos son los que tienen más responsabilidad, no el pueblo. Este accionar de que mucha gente limpie la ciudad deja al desnudo las graves falencias estructurales de un tema que no tiene la “famosa decisión de ambiental”. Este proceder de los ciudadanos es un mensaje a los que deben bregar por la limpieza y por la salud de la ciudad. Si yo fuese un funcionario municipal o provincial, esto prendería una “luz roja”, que me indicaría que algo no se hace bien. En materia ambiental son muchas las cosas que no se hacen bien, pero algunos funcionarios miran al costado u otros hacen la puesta en escena de una “renuncia trucha”. Limpiar mi ciudad también significa que los funcionarios funcionen, significa tener entradas dignas y no el “adefesio” de entrada que tenemos por avenida de Circunvalación. Limpiar es un “gran mensaje”, que a muchos funcionarios no los debería alegrar, sino replantear con seriedad de que el pueblo salga a hacer las tareas primordiales y básicas para el bienestar de todos.

Pedro Martínez

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SUCIEDAD EN RUTAS Y CAMINOS

Me dirijo a quien corresponda para solicitarle que limpien la autopista y las rutas que entran y salen de San Miguel de Tucumán. Cuando voy a Tafí del Valle encuentro, cada semana, más basura que la vez anterior. Es una pena que un camino tan lindo esté tan sucio, ¿No le da vergüenza al delegado comunal o quien el responsable de Acheral y Santa Lucía, tener los caminos con semejante cantidad de basura? Podrían repartir bolsas a la gente de Vialidad de la Provincia, que los hay muchos a lo largo del camino, para que recojan la basura, o poner a los empleados que cobran sus sueldos y no hacen nada en los municipios y comunas. Si voy a El Timbó más o menos la situación es igual. Para atravesar por Las Talitas hay que hacerlo en medio de la mugre; se podrían poner contenedores, como los que recogen los escombros en las obras en construcción, para ver si los inadaptados tucumanos tiran allí las bolsas con basura y no en los caminos. Además, no podrían robar ese tipo de contenedor, cómo sí sucedió con el que habían colocado en la cuadra de mi casa. Ruego por favor, a las autoridades, que limpien las rutas, que dan asco.

María Cristina Cotella

Corrientes 246
San Miguel de Tucumán

EN EL PAÍS DE LOS CIEGOS...

Con el advenimiento del nuevo Gobierno nacional comenzó una bravía campaña de erradicación de la corrupción que, de acuerdo a los impresionantes hallazgos, habría sido la causa fundamental de la pérdida de cuantiosas reservas económicas que hubieran asegurado una estabilidad integral y armónica para un sostenido progreso que, a decir verdad, ahora hubiéramos podido lograr. Vamos a decir, como el viejo y decepcionante estribillo, “otra vez será”. Habrá que recuperar la montaña de dinero hábilmente sustraída y hacer justicia los sucesores de “Alí Babá y los 40 ladrones”, ahora multiplicados potencialmente. Ojalá que estos primerizos éxitos tengan su razonable conclusión y justo veredicto. Sería un hecho histórico de resonante y ejemplar triunfo de la moral. Exactamente. Esa cualidad de la que, lamentablemente, carecemos y no nos avergüenza admitirlo, ya que “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”. La corrupción, como lo expresó una inteligente lectora hace unos días, está en todos lados en sus mil y una formas, pero, para no ser amargos, empecemos a sentirnos conformes con la erradicación de los diabólicos y monstruosos ejemplos que nos dejó de regalo la cueva “K” y los múltiples ladrones.

Darío Albornoz

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ROCA O KIRCHNER

Ni los periodistas del programa de televisión “6-7-8” se atrevieron a tanto. A ellos, que cobraban suculentos sueldos por adornar el relato oficial desde el canal estatal, nunca se les ocurrió comparar la obra de Julio Argentino Roca con la de Néstor Kirchner. Ese límite lo cruzó el lector César Trejo el 4/9. Produce vergüenza ajena: no se puede defender la obra del general Roca en una carta. Simplemente me permito al lector recomendarle la “Historia Argentina” de Jorge Abelardo Ramos, así se entera de lo que opina la izquierda nacional del ilustre tucumano. Agregaría que fue el general más joven de la República Argentina, que todos sus méritos militares los consiguió arriesgando su vida en los campos de batalla, que en la guerra de la “Triple Alianza” se salvó de milagro, y dos hermanos suyos murieron en esa gesta. En cambio, Néstor Kirchner, durante la dictadura militar, el único peligro que tuvo es que no le saliera bien un negocio inmobiliario, y no se privó luego de quedarse con tierras fiscales en El Calafate.

Luis Ovidio Pérez Cleip

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UN PAÍS EN RECUPERACIÓN

Yo interpreto al país como un paciente que estuvo en coma por muchísimos años. Sale de terapia intensiva en silla de ruedas, sin masa muscular, reconociendo a sus allegados, con la incertidumbre propia del enfermo que no sabe cuándo se recuperará. Y están los otros que lo reciben alegres, desconociendo su sufrimiento. Al principio, después del alta, sólo se limitan a darle palabras de aliento. Cuando ven que su recuperación es lenta y no acuerda con lo que creían, comienzan a exigirle. Ante la exigencia, pobre paciente, se esfuerza... pero no tiene las fuerzas necesaria. Los otros comienzan a responsabilizar a los médicos, enfermeras, fisioterapeutas y empiezan a recurrir a todos los recursos a los que tienen acceso, aligerar la recuperación. Todo en vano, ese cuerpo tiene un tiempo que no es el de los que están sanos. Su recuperación dependerá del ejercicio constante, recurrente y paciente, para que vuelva a caminar como nunca antes lo había hecho. Compatriotas: hay que poder sostener la tenacidad, la constancia, la recurrencia y la paciencia para poder generar cambios desde el aprendizaje, y así poder cambiar el rumbo y el futuro del país.

Ana Cabbad

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SALVAR A LA ARGENTINA

¿Es más importante salvar el país o a un presidente? Leandro Alem, fundador de la Unión Cívica Radical, entendió lo último cuando lanzó su revolución armada contra Juárez Celman (1886-90), hasta tiempos recientes, el presidente más mediocre que haya tenido la República Argentina. La historia le dio la razón a Leandro Alem, cuyo nombre honra calles y plazas de todo el país, mientras que el de Juárez Celman brilla por su ausencia. En mi opinión, Macri debería reflexionar en este punto álgido de su malograda carrera, si prefiere irse temprano y ser recordado como uno de los tantos presidentes de Argentina a los que “no los dejaron gobernar”; o quedarse y, dados los evidentes paralelos con Juárez Celman por la serie de fracasos económicos, impericia, e impoluridad, correr el riesgo de que su nombre se confunda con el de él en las tinieblas del tiempo.

Leonardo Peusner

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