La falta de mantenimiento del arbolado urbano

05 Sep 2018

Ha sido venerado por culturas de la Antigüedad. Los africanos adoraban el baobab; los celtas, el roble. El árbol de la vida era sagrado. “En Japón cuando florece el cerezo, la gente va al campo alegre, a ver la flor del cerezo, se sienta bajo los árboles y hacen fiesta. Son felices. Bebiendo sake y mirando las flores”, decía el biólogo Masanobu Fukuoka. “Planta eucaliptos para ti, pinos para tus hijos, y robles para tus nietos”, recomendaban los abuelos. El árbol podría ser unos de los mejores amigos de los tucumanos por los múltiples beneficios que brindan, pero solo es noticia cuando el viento los voltea o se caen sobre un vehículo o en el peor de los casos ocasionan una desgracia mortal.

Las autoridades municipales dijeron que los tarcos están enfermos y son peligrosos, razón por la que están acelerando su ciclo de vida podándoles la copa. El subdirector municipal de Arbolado Urbano afirmó que un porcentaje elevado de los 300.000 árboles de la ciudad, ya ha cumplido su ciclo. Señaló que se trata de una población vieja y durante muchos años no se ha efectuado recambio. Especificó que el descopado es una técnica de poda agresiva para acelerar lo que les queda de vida para su posterior extracción. Indicó que en unos cuatro o cinco años la población de estos árboles característicos de Tucumán se reducirá al mínimo o desaparecerá; serán reemplazados por otras especies, como el ibirá.

El arbolado urbano carece de mantenimiento desde ha mucho tiempo. Por ejemplo, los naranjos de la plaza San Martín lucen empestados; como consecuencia de las tormentas, se han caído en ese paseo público algunos árboles de gran porte, que no han sido repuestos.

El microcentro tiene una orfandad de árboles alarmante. En 2010, la Dirección de Espacios Verdes capitalina, la Universidad Nacional de Tucumán y la Universidad Tecnológica Nacional hicieron un censo. La primera parte del relevamiento se efectuó dentro de las cuatro avenidas, donde se contabilizaron entre 10 y 11 árboles por cuadra. Sin embargo, muchas cuadras ni siquiera contaban con un árbol, mientras que en otras había más de 20. Por ejemplo, en Mendoza al 400, al 800, o en Córdoba al 300 no había ninguno. Se registraron 11.000 ejemplares en una cuadrícula comprendida por 260 manzanas; la mayoría, de mediano porte, como el naranjo. Le seguían los lapachos, los tarcos, los plátanos y los fresnos, entre otras especies. En el microcentro, es donde más se notaba la ausencia de árboles. Las peatonales carecen de sombra y los pocos ejemplares plantados serán insuficientes para proteger a los transeúntes del calor y el quemante sol del verano.

Con el asesoramiento de la UNT, la Municipalidad podría diseñarse una política específica sobre el arbolado urbano, que incluyera el mantenimiento. Seguramente, es más fácil cortar o matar un ejemplar que protegerlo de las pestes y curarlos. Los daños a los ejemplares suceden, generalmente, por ignorancia del vecino que ha plantado en la vereda un árbol de gran porte y las plagas ocurren por falta de mantenimiento, según los autores de la Guía de Arbolado de Tucumán.

El tarco, el lapacho, el palo borracho, los naranjos, la tipa, son árboles característicos de Tucumán. Eliminar algunas de esas especies, sería cercenar parte de nuestra identidad. “Así como un tarco viejo por adentro voy crujiendo”, cantó Rolando “Chivo” Valladares.

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