La declaración jurada más elocuente

03 Sep 2018

La cotización del dólar había perforado los $ 34 cuando el senador José Alperovich emitió un tuit inédito para su trayectoria política. A las 12.40 del miércoles 29 de agosto de 2018 el ex gobernador informó a sus seguidores que había “cumplido con el deber” de presentar la declaración jurada patrimonial correspondiente al ejercicio 2017 y anticipó -por medio de una publicación en josealperovich.com.ar- que su patrimonio neto actualizado ascendía a $ 460,1 millones, más del doble que el que había expuesto el año anterior. Según los números presentados, el conjunto de los bienes aumentó el 104,4% entre diciembre de 2016 y el mismo mes de 2017, tres veces más que la inflación oficial registrada en ese lapso. Al momento de llegar a la Cámara Alta, el ex gobernador había informado a la Oficina Anticorrupción (OA) que tenía $ 139 millones.

Si bien los incrementos llaman la atención, lo más sorprendente es el giro “comunicacional” del contador que, según dice, aspira a regresar al Poder Ejecutivo. Un príncipe de la política definió la reacción en estos términos: quien en las últimas décadas más había alentado el secretismo patrimonial y la confusión de las riquezas estatales con las particulares en la esfera doméstica de repente se presentaba como el mejor alumno de la ética pública nacional. Alperovich desde luego no explicó cómo y por qué había pasado de la indiferencia máxima hacia las políticas de transparencia a la publicidad voluntaria de su fortuna. En su entorno dijeron que prefería dar el “título” él antes de que la prensa accediera a la información por sus propios medios y la brindara según su criterio. Abonan esa teoría el momento y el formato “duranbarbeanos” elegidos para detonar una noticia que, según la OA, estaba disponible desde el 11 de julio de 2018: la levedad de Twitter en el frenesí de la corrida cambiaria.

Pero la decisión de reforzar la difusión de una prosperidad que contrasta con el clima económico imperante podría obedecer a motivos políticos de otro calado. Más de un analista vinculó la sobreactuación a las suposiciones y versiones que emanan de la causa de los cuadernos de las coimas en particular desde que el tucumano José López se decidió a colaborar con la investigación. En esos términos, la jugada consistiría en mostrar que existe un poderío económico ascendente y que su titular no desea ocultarlo, sino todo lo contrario. La cuestión, como se sabe, resulta por demás sensible en una época donde la mancha venenosa de la corrupción crece con la misma vertiginosidad que la cotización del dólar. La conjugación de ambas crisis anticipa la tónica moralista del próximo turno electoral. Héctor “Toty” Flores, diputado de la Coalición Cívica, corroboró esa tendencia al tuitear el 25 de agosto pasado una publicación de hace un año de LA GACETA que indicaba que el senador Alperovich era casi tres veces más rico que el presidente Mauricio Macri. El mensaje -¿extemporáneo?- de Flores había sido retuiteado 4.400 veces hasta ayer mientras que sobraban los dedos de las manos para contar las reproducciones del que Alperovich emitió cuatro días más tarde para comunicar sus triunfos empresariales de 2017. El senador será multimillonario, pero “Toty” manda en las redes.

En el pago chico, la iniciativa sin precedentes del ex mandatario dejó en “orsai” a sus rivales oficialistas y opositores. En el ambiente local se cree -con la categoría de axioma- que son pocas las autoridades estatales que pueden divulgar sus patrimonios y justificar aumentos. La sospecha cabalga sobre el atraso descomunal que Tucumán exhibe en materia de acceso a la información y de ética públicas, en gran medida por responsabilidad del propio Alperovich. Pareciera que la Legislatura, tan propensa a producir y modificar normas, prefiriese en esta materia no legislar contra sí misma. El ex gobernador, en cambio, carece de alternativa: su calidad de funcionario nacional implica, además de fueros indestructibles, que él no puede controlar los formularios que entrega a la OA. ¿Decidió hacer de esa “desventaja” una virtud y diferenciarse de sus contendientes? La eventual respuesta positiva sería, además de otra constatación de su pragmatismo inadjetivable, un indicio más de que los candidatos de 2019 enfrentarán un test de moralidad, además de uno electoral.

El valor de las declaraciones juradas radica en que los números son más elocuentes que los relatos. Basta para advertirlo con reparar en el dato de consumo (dinero destinado a gastos personales), cuya prueba es clave para justificar los incrementos registrados en cada ejercicio porque el patrimonio inicial más la renta equivale al patrimonio final más el consumo. Alperovich informó que gastó $ 3,5 millones en 2017, lo que significa que aporta alrededor de $ 292.000 mensuales a la economía familiar -por una enmienda que promovió el kirchnerismo, la información patrimonial de su esposa Beatriz Rojkés no está a disposición del público-. El senador había manifestado a la OA que en 2015 consumió $ 705.000 o $ 59.000 mensuales: en dos años, el gasto aumentó el 400%. Aún así, no supera al gobernador Juan Manzur, a quien la Justicia Federal de Tucumán sobreseyó por el supuesto enriquecimiento ilícito del período 2009-2010 (los incrementos verificados a posteriori forman parte de otra causa penal abierta en 2015). Hace nueve años y al asumir en el Ministerio de Salud de la Nación de la gestión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el médico llegó a exponer un gasto personal de $ 300.000 mensuales o de $ 3,6 millones anual. Los efectos distorsivos de la inflación obligan a “traducir” estas cifras a una moneda estable: Manzur necesitaba U$S 75.000 para llegar a fin de mes en 2009 mientras que, para hacer lo propio el año pasado, Alperovich precisaba U$S 15.000. Con sus diferencias, ambos casos explicitan las distancias existentes entre representantes y representados si se recuerda que el 25 de agosto el Gobierno provincial dictaminó que un tucumano necesita $ 5.700 mensuales para no ser pobre.

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