Carta de lectores

02 Sep 2018

Defensa de la universidad

Pasé por la universidad, la Facultad de filosofía y letras de la UNT. Sólo fueron tres años de cursado del profesorado de geografía , entre 1983 y 1985. Impactaron tanto en mi vida, que gracias a lo aprendido pude insertarme en la sociedad del trabajo, elevar mi nivel cultural, nuevas relaciones sociales, conformar una familia, entender y descubrir la democracia, pero fundamentalmente, destaco la claridad y comprensión que logré sobre la condición humana. Recuerda el decano de esos años profesor Atilio Billone que trabajó arduamente para abrir la facultad a todas las formas de pensamiento filosófico y científico, permitiendo la libertad absoluta en el claustro de profesores y en los pasillos de los estudiantes. Rompió las fajas de cientos de libros censurados, pero fundamentalmente permitió recuperar la memoria sobre el pasado reciente. Con los años, y ya consolidado en mis tareas cotidianas, fruto de esos tres años de universidad, en una entrevista de nuestro diario al decano profesor Luis Bonano, se me aclaró sobre el legado que la universidad había dejado en mí. Dijo: “la universidad también forma a los jóvenes que no logran un título. Su paso por la universidad nunca es tiempo perdido“. Estas palabras me ubicaron definitivamente sobre mis logros y frustraciones. En alguna forma, también soy universitario y le estaré agradecido a los maestros que allí enseñan. Fuerza a la comunidad universitaria en estos momentos de desamparo e incomprensión.

J. Fernando Barboza


Barrio Oeste III Villa Carmela 


Tafí Viejo

Árboles huérfanos

Tengo 26 años. Hace 21 que vivo en la misma casa, en Yerba Buena. Desde hace 21 años, desde que llegué a esta casa, tenía la sombra de esos árboles sobre mi fondo. Esos gigantes magníficos, quizá de veinte, quizá de treinta metros de altura (¿o más? ¿quién podría decirlo?), que desde el terreno del vecino engrandecían la primavera con sus flores, el verano con su fresco, el otoño y el invierno con su elegancia. Pero un día los vecinos se fueron. Vendieron su terreno y dejaron huérfanos a sus árboles. Y entonces, llegaron ellos. Esos asesinos “legales” que en nombre del “crecimiento urbano”, del “desarrollo” y no sé qué otras mentiras para encubrir la ambición y la cínica crueldad del capitalismo, tiraron abajo todo: casas, piletas, plantas... los árboles. Fue así, brutal, inesperado, violento: un día despertarte y descubrir que esos verdes enormes no estaban más. ¿Cuántos años habrían tenido esos árboles? ¿Cuántas vidas? Para terminar bajo el cemento de un centro comercial más, de los que a pesar de la crisis aparecen como si nada por todas partes ahora sobre Avenida Aconquija. Esta carta, a modo de epitafio, a duras penas logra reflejar mi dolor y el de otros vecinos. La frustración, la impotencia, “es terreno privado y no se puede decir nada”. ¿Es “legal” destruir semejante obra de arte, semejante ancestro vivo, sólo porque pagaron por un terreno? ¿Y que sea “legal” quiere decir que debemos aceptarlo, sin más? Pocos son los árboles de esa envergadura que quedan y en lugar de cuidarlos como los tesoros que son, los cambiamos por cafés y más tiendas de ropa demasiado caras para comprar. Ojalá la ley reparara en ello y estas cosas dejaran de ser “legales”, visto y considerando que por cuenta propia parece que no alcanza el sentido común.

Anna Abdala


Pringles 1.221

Yerba Buena

Saberes de la casa

En LA GACETA del 31/8 se publicó una nota sobre el Congreso de Educación que tiene a Tucumán como protagonista; específicamente, el profesor ecuatoriano Albuja Tutiven, viene a contar su experiencia sobre cómo en Ecuador tuvo mucho éxito invitar a los alumnos a que documentasen los saberes de sus abuelos, esos saberes de la casa que son tan importantes, sobre todo para valorar la herencia cultural autóctona en contra de la imposición cultural foránea. Y entonces recordé al excelente historiador tucumano Eduardo Rosenzvaig, fallecido en el 2011 quien, en medio de una estupenda disertación sobre la cultura popular, invitó a la señora que ayudaba en su casa y cocinaba, a que enseñase al público a hacer un pastel de choclo; luego le dio una certificación universitaria por comunicar su saber ante los aplausos emocionados de todos los asistentes. Con esto solamente quería hacer un paralelismo muy puntual: estamos mostrando como novedoso algo que viene de otro país _ con todo el respeto y amor hacia la gran patria latinoamericana_ y no somos capaces de bucear en nuestros magníficos intelectuales que dejaron una herencia cultural conmovedora, digamos, los saberes de nuestros abuelos, los “saberes de la casa”.

Graciela

Jatib
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Ómnibus Tucumán - Tafí Viejo

Vecinos del barrio San Antonio de Padua, barrio Tafí I y barrio Tafí II, solicitan a los empresarios de las líneas de colectivos interurbanas Nº 130 y Nº 106 la mejora de los servicios que brindan en los trayectos Tafí Viejo-San Miguel de Tucumán y viceversa. Mejorar el servicio significa mejorar la infraestructura de los mismos, dando de baja a los coches que ya cumplieron su ciclo, y aumentar el número de unidades en circulación ya que la rotura de uno produce demoras, a veces de 30 minutos, perjudicando al usuario, sobre todo a aquellos que deben cumplir un horario laboral. También solicitamos al intendente de Tafí Viejo señalizar la ruta provincial Nº 315, a la altura de la calle que intersecciona los tres barrios. La circulación de vehículos es peligrosa y siempre han ocurrido accidentes; y algunos fueron fatales.

Jacinto Barrionuevo

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Frente a la crisis (I)

No es difícil remediar la economía, sin recurrir a préstamos ni inversiones. Ante todas cosas, hay que ocuparse del sector más necesitado. Hay una multitud que está en la pobreza (se acerca al 29%, en aumento), sin trabajo, viviendo de subsidios que significan un gasto enorme para el país. La mayoría de ellos no sabe hacer nada. Hay que otorgarle los subsidios a cambio de estudios obligatorios: a unos educación primaria, secundaria… a otros aprendizaje de oficios. En dos meses, una persona puede adquirir nociones de electricidad como para empezar a trabajar medianamente, hasta recibirse de técnico especializado, igual para otras funciones (albañil, cerrajero, carpintero, plomero, pintor, tapicero, etcétera). A corto plazo toda esa masa desocupada se irá incorporando al mercado laboral, con lo cual disminuirá el desempleo y, al mismo tiempo, la obligación de subsidiarlos, lo cual significará un ahorro inmenso para el Estado. En breve lapso, toda esa gente ganará en cultura y empleo. Esto significará un gran beneficio para el Estado, cuyo efecto irá más allá de lo económico.

Alejandro Sicardi 


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Frente a la crisis (II)

El inútil sufrimiento de nuestros millones de villeros en un país tan rico que puede seguir comprando la moneda extranjera y los vehículos de alta a gama importados y mezquinar a los maestros como si fueran comerciantes, tendrá un inevitable castigo como país. No estamos condenados al éxito sino al fracaso, a pesar de tanta gente que trabaja, es honesta y cumple las leyes. Alguien tiene que tomar conciencia en serio y esos son los que ahora gobiernan. Trabajen en serio pensando en hacer un gran país. Un castigo a la usura, bajando el interés al 16 por ciento anual. Para la educación, un censo de las escuelas públicas primarias y secundarias desde la Quiaca hasta Tierra del Fuego, garantizar enseñanza de alto nivel, todas las comodidades, arreglar con los maestros definitivamente, bajar sueldos astronómicos a funcionarios, que no ganen más que un director de escuela, aquellos que tienen dinero en el exterior obligarlos a traerlo al país, sean quienes sean, si son dólares igual tenerlos como ahora es como si un gerente de banco fuera al casino, ejercer el control externo al banco central como permiten sus estatutos; exigirles las reuniones semanales de sus directores y mensuales con los representantes del agro, ganadería, industrias, bancos, comercio. Exigir resultados en comercio exterior a embajadas y consulados, dejar los subsidios a escuelas privadas, que compitan en calidad con las públicas; instruir a los ministerios pertinentes un censo de nuestras industrias de gran valor agregado y utilizar nuestras reservas de dinero para créditos de inicio, además de poner un límite a las importaciones de bienes que podemos fabricar en el país. Todo esto puede hacerse, plata hay, talentos hay. Falta trabajar. No perdamos esta oportunidad. Es sabido que el presidente es ingeniero, pero tiene economistas ministros, ¿Cómo puede alertar que seguirán los aumentos de servicios? ¿No se da cuenta de que todos estaremos prevenidos, en primer lugar los comercios e industrias? El resultado es aumentar todo y vivir tensionando al cuete al ciudadano argentino.

Carmelo J. Felice


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