Un vacío lleno de incertidumbre

01 Sep 2018
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Entre la percepción de angustia en los barrios y las palabras del ministro de Seguridad, Claudio Maley, de que la gente tiene más confianza en la Policía, hay un enorme vacío. Fue llenado con incertidumbre ciudadana el miércoles a la noche, cuando el funcionario fue entrevistado en el programa “Panorama Tucumano”, y captó toda la atención: la brecha era demasiado grande entre los interrogantes de los vecinos y las respuestas que no conformaban. Pocos policías, muchas denuncias, resocialización y acercamiento al ciudadano. Palabras que no parecían llenar esa angustia. Maley estaba exponiendo detalles de su plan de acción, que en estos días ha sido sometido a preguntas por parte de los legisladores de la Comisión de Seguimiento de la Emergencia en Seguridad. Estos preparan una respuesta al informe del ministro, con lo que se ha de generar más polémicas sobre la percepción sensible de que en las calles hay un mundo salvaje y violento, que se agrava según la zona, la hora y los días de la semana.

Qué hacer y cómo responder

¿Cómo se reduce esa brecha o se llena ese vacío? Básicamente, se trata de saber qué tiene que hacer la Policía para reducir el delito y responder a los problemas reales existentes. ¿Sabe lo primero? ¿Cómo hace lo segundo? Maley dijo: “estamos trabajando con una dinámica y en base a los cambios de la modalidad delictiva”; y explicó que hay más denuncias, lo cual, para él, es una confirmación de que crece la confianza en la gente de la labor policial. Pero del otro lado estaban los testimonios contundentes de una semana trágica, con asaltos, robos, una vecina (Amalia Inés Álvarez) muerta de un balazo en medio de un tiroteo en San Martín y Bulnes, otro vecino -el gomero Claudio Luis Suárez- asesinado por una patota en barrio La Milagrosa en Banda del Río Salí. “La policía no recorre el barrio y cuando los llaman aseguran que no tienen móviles” (dice una vecina de barrio los Fresnos, Banda del Río Salí); “Acá de noche no hay nadie; abundan las peleas, los asaltos y los robos a motociclistas” (Villa Amalia); “Hay arrebatos todo el tiempo en las paradas de colectivos” (Villa Amalia); “a las mujeres las tiran al piso para sacarles las carteras en las paradas” (Bulnes y San Martín). Y otra respuesta del ministro, que procuraba despejar la incertidumbre, dejaba más dudas: “Es indudable que la cantidad de personal que tenemos trabajando en la calle no es el suficiente, pero ojalá llegara el día que no haya policías en ninguna cuadra; pero en esto también tiene mucho que ver con la conducta ciudadana”.

Y acá empieza una cuestión en la que todos coinciden pero hay desinteligencias: los policías en la calle. Todo el mundo quiere que los agentes estén haciendo recorridos de vigilancia y los funcionarios, cada vez que asumen, prometen sacarlos a la calle y la realidad es siempre diferente. Hace unos días se denunció que uno de los sectores más protegidos, el Barrio Norte, estaba sin agentes o sólo con cadetes de la Escuela. ¿Se puede poner policías en todas las calles? ¿En las aproximadamente 9.000 manzanas de la Capital? El actual esquema policial no contempla más que agentes en el centro y en algunos lugares considerados estratégicos en las afueras. En los barrios de la periferia, nadie. Y tampoco móviles, como denunció la vecina del barrio Los Fresnos de la Banda del Río Salí. Los funcionarios expresaron hace dos años -cuando comenzaron las reuniones con la Comisión de Emergencia- que Tucumán debería tener cuanto menos 12.000 policías, pero no para enviarlos todos a la calle, sino para dar protección mínima. Jamás se ha planteado que las calles estén llenas de policías.

Y la verdad es que el agente de calle es el debate del futuro. Lo plantearon los expertos de la Policía de Los Ángeles, cuando vinieron invitados a exponer sus experiencias el año pasado: el agente de calle debe ser la cara de la Policía y el más capacitado. Acá es el del escalón más bajo, el más inexperto, el que debe obedecer todas las órdenes, cuando en realidad debería saber tomar decisiones para resolver los problemas que se presentan. No sólo eso: en los juicios orales se cuenta con frecuencia que cuando llegan los expertos en Criminalística a los lugares de los hechos se encuentran con demasiada frecuencia con escenarios que no han sido protegidos y pruebas y testimonios mal recogidos. ¿Quiénes son los primeros policías en llegar a los lugares de los hechos?

Por otra parte, no sólo se trata de que hay pocos agentes para la calle (demasiados en comisión para custodias y traslado de presos, muchos otros con sumarios y más con parte de enfermos en una profesión muy estresante), sino que los que están tienen un rol secundario y no hacen territorio (vincularse con los vecinos) porque los van rotando en sus paradas. Sólo unos pocos están con la experiencia de recorrer el vecindario y son los que han sido enviados a cuatro barrios conflictivos (ATE, La Costanera, Alejandro Heredia y Aguas Corrientes, y próximamente “La Bombilla”). Pero para los otros vecindarios más allá del centro no hay nadie. El actual esquema -que ha vaciado las comisarías- depende de la respuesta rápida que supuestamente dan las patrullas del servicio 911. Al respecto, el investigador norteamericano Lawrence Sherman -que estudió la relación entre tarea policial y soluciones de seguridad para la comunidad- estableció que el patrullaje en auto no da visibilidad policial ni ahuyenta el temor de los vecinos (como sí lo pueden hacer los agentes de a pie o en bicicleta) y que la respuesta postdelito supuestamente rápida por lo general llega cuando el agresor ya se ha ido: la víctima o los vecinos en realidad avisan cuando ya ha pasado el ataque. Es el estudio de las evidencias -el conocimiento de lo que pasa en el vecindario- lo que puede ayudar a prevenir, según esta teoría. Independientemente de que la llegada del patrullero puede ayudar a confortar y a dar una primera respuesta a las víctimas de delitos. Pero eso no es prevención.

Estudio de evidencias

Las evidencias son planteadas a menudo por los vecinos: por ejemplo, esta semana la calle Inca Garcilaso fue noticia constante. Allí fue atacado el comerciante que persiguió a dos motoarrebatadores que fueron atropellados (atacado igual que hace dos meses, dijo) y allí ocurren robos constantemente, según los vecinos, que reclamaron seguridad. ¿Alcanza con que la Policía ofrezca acudir ante las denuncias? Seguramente no. Sherman diría que hay que estudiar lo que ocurre en la calle Inca Garcilaso, y a poco que se recojan las denuncias vecinales se advertirá que hay muchos lugares donde se repiten los ataques desde hace años, más allá de que -como dice el ministro- los delincuentes vayan a cambiar su estrategia agresora. Otro lugar que se planteó esta semana como centro de arrebatos es el barrio Juan B. Terán. Un sitio desolado.

En esta teoría habría que ver cómo se responde a los problemas reales. La Policía es la que más capacitada está para conocer esos problemas: a ella van las denuncias. Conociendo su especificidad -incidencia de menores y delito; violencia doméstica y contra la mujer, delitos sexuales, asalto motorizado y sus variantes; conflictos familiares y vecinales- se podría establecer estrategias de trabajo.

¿Su rol es sólo combatir el delito, como sugirió en su momento el ex secretario de Seguridad, Paul Hofer? Al respecto, vale la pena echar una mirada a las denuncias recogidas en seis meses en el centro de recepción del Ministerio Fiscal: el 50% fue por incidentes vecinales; el 25%, por conflictos intrafamiliares y el 25% por amenazas, robos y abusos. ¿Cuántos podrían haber sido prevenidos? Trasladado a lo que ocurrió esta semana con la muerte del gomero Suárez, en el barrio la Milagrosa, acaso este conflicto vecinal se podría haber evitado: desde hace años tenían problemas y denuncias esas familias.

Compromisos

El asunto es saber dónde se está parado. El ministro ha prometido un mapa del delito y dijo que se está preparando la informatización de las comisarías para que se reciban y transmitan en el acto las denuncias. Consultado sobre cuándo estará en vigencia este programa, no pudo dar respuesta. Hacen falta precisiones de presupuesto en un área en la que el 96% de la plata se va en salarios. ¿Habrá que comprometer al ministro de Economía, Eduardo Garvich, con la seguridad? Esa estrategia usó el interventor de la SAT, Fernando Baratelli, y en ocho meses el organismo de saneamiento recibió $ 170 millones. No se arreglaron las cloacas, pero comenzó a llegar plata. En la Policía todo depende por ahora de lo que le puedan dar de la venta de las acciones del Banco oficial. No se habla de distribución de partidas para funcionamiento y mantenimiento.

¿Estamos en un punto sin salida? Acaso de los debates que se vienen con la comisión de seguimiento empiecen a surgir ideas para que -más allá de la reforma del modelo policial, que en algún momento deberá darse- se logren estrategias para una presencia visible, cercana, accesible, que incluya el diálogo prometido con los vecinos, que es lo que va a generar realmente la confianza. En segundo lugar, acaso surjan pistas para que se reduzcan determinados problemas que surgen de conflictos (amenazas, agresiones, violencia intravecinal). Finalmente, identificar los puntos rojos (hot spots) y la tarea policial. En Santa Fe hace dos años se incorporó “El ojo”, un sistema para prevenir el delito con un control de los resultados de lo que registran las cámaras de seguridad y el servicio 911 y de lo que hacen los agentes de patrulla. ¿Cómo será? Rosario, una de las peores ciudades del país en lo que hace a violencia, es un lugar para estudiar: en ella reina el poder narco, el mismo que se cree que se está instalando en nuestro medio. También hay que estudiarlo. Lo que sabe es que, hasta ahora, entre la realidad y la clásica respuesta policial hay una brecha enorme, el mismo vacío que se notó en el programa del miércoles en LA GACETA.

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