Cómo fue el nacimiento de Villa Padre Monti, la joya del este tucumano

Se encuentra enclavada en una angosta quebrada de las Sierras de Medina (Burruyacu), cuyos faldeos se hallan cubiertos por una vegetación de transición entre las yungas y el monte chaqueño.

27 Ago 2018
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AGOSTO DE 1946. La capilla de los curas azules es el centro neurálgico de la villa serrana del noreste tucumano.

Por Manuel Riva

Hablar de Villa Padre Monti es hablar de una joya. Una alhaja que aún no fue aprovechada en plenitud, aunque presenta un crecimiento importante en su faz turística. Sin embargo, su historia está fuertemente adherida a los curas azules, los representantes de la congregación Hijos de la Inmaculada Concepción, que llegaron a esta zona de Argentina allá por los inicios de la década de 1930. Por entonces la zona, que presentaba una población escasa y desperdigada, era conocida como Puerta de Palavecino. La influencia ejercida por los sacerdotes de la congregación -fundada por el laico consagrado italiano Luis Monti- llevó a que el paraje cambie de nombre y pase a honrar al religioso. Esta modificación se oficializó en 1948 mediante un acto multitudinario que contó con la presencia de las autoridades provinciales, religiosas y la población el domingo 16 de agosto. Según la crónica de nuestro diario, el día siguiente: “Con diversos actos públicos, fue oficializada el domingo pasado la denominación de Villa Padre Monti, dispuesta por ley de la provincia para el pueblo de Puerta de Palavecino, con que era conocido dicho lugar del departamento de Burruyacu”. El acto era la culminación del proceso que se había iniciado con la aprobación, el 20 de abril de 1948, de la ley 2.156 que disponía el cambio de denominación del pueblo.

La jornada de actividades comenzó a hora temprana. Fue intensa y se extendió hasta casi la noche con diversos actos y ceremonias. Según el relato, ya a las 7.30 de aquel día se ofició una misa de comunidad que congregó a todo el pueblo. Una hora después algunos de los niños del lugar recibieron su primera comunión. Pasadas las 9.30, el padre Estanislao Pastori, general de la congregación, ofició una misa cantada. Mientras que el panegírico estuvo a cargo del padre Clemente Fernández, quien bendijo “el pan y las espigas”.

El pueblo siguió con su ajetreado trajín de ceremonias, durante las cuales se exhibió alegría y fervor religioso. “Ante una numerosa concurrencia, el padre Pastori, con cuyos auspicios se realizaron todos los actos, procedió a bendecir la placa recordatoria de la inauguración del pueblo a las 11, con el nombre del padre fundador de esa congregación, ceremonia a la que asistió el ministro del Gobierno, Fernando Riera”, continuaba el relato. Parte de las ceremonias fueron encabezadas por una imagen de San Cayetano. El padre Pastori exaltó las virtudes del padre Monti además de mostrar su satisfacción por haber encontrado en estas tierras la devoción que impulsó a los organismos oficiales a perpetuar su memoria”.

Sierras de Medina

Villa Padre Monti se encuentra enclavada en una angosta quebrada de las Sierras de Medina, cuyos faldeos se hallan cubiertos por una vegetación de transición entre las yungas y el monte chaqueño. Estas particularidades otorgan a este paisaje una especial belleza. En este marco natural, a partir de los años 30 del siglo pasado, se instalaron los padres de la congregación Hijos de la Inmaculada Concepción, en tierras que fueron donadas por la familia Méndez-López Mañán. Como manifestación de esta presencia, no sólo el lugar lleva el nombre del fundador de dicha congregación, sino que, en la cima de una loma, se ubica un templo y una casa de retiros, que, en cierto modo, otorgan identidad a este enclave serrano en el Noreste de Tucumán.

La villa se encuentra distante de esta capital 44 kilómetros hacia el noreste y se accede por la ruta provincial 305. Otra vía de acceso es la ruta 304, que pasa por Alderetes y Los Gutiérrez hasta El Chañar, desde donde se empalma con la 306 hasta El Sunchal. Es el paseo ideal para los amantes de los paisajes tranquilos, con alamedas y bosques de eucaliptos, nogales, plantaciones de citrus que se extienden por las ondulaciones del terreno hasta donde alcanza la vista, flores silvestres y arroyos de aguas claras.

Según el último censo la población permanente supera los 200 habitantes que se duplican o un poco más los fines de semana y en temporada de veraneo debido a que hay muchas personas que compraron lotes allí para huir del mundanal ruido como expresa la Oda a la Vida Retirada de fray Luis de León.

El padre Monti

El padre Monti nació en Bovisio, cerca de Milán, el 25 de agosto de 1825 en el seno de una familia humilde. Perdió a su padre a la edad de 12 años y comenzó a trabajar como carpintero para ayudar a su madre y siete hermanos. En 1846 emitió votos religiosos privados: pasó seis años como hermano lego entre los pavonianos y trabajando como enfermero en el hospital de Brescia. En 1858, con el enfermero Cipriano Pezzini, se trasladó a Roma y dio vida, en el hospital de Santo Spirito, a una congregación religiosa de laicos (llamados Concezionisti en italiano; Concepcionistas en español) para la asistencia a los enfermos.

Monti también obtuvo el diploma de flebotomista en la Universidad de Sapienza. Sin la colaboración ya de Pezzini debió enfrentar serios obstáculos, sobre todo debido al clima de anticlericalismo que se respiraba después de la unión de Lazio al Reino de Italia. Ayudado por el papa Pío IX, que en 1877 lo confirmó director del hospital Santo Spirito, logró superar todas las resistencias. En 1886 extendió la actividad de bienestar también a favor de los huérfanos, para quienes fundó dos institutos: en Saronno y en Cantu. Monti, que era laico consagrado, concibió la comunidad de los “Hermanos” no sacerdotes y sacerdotes con igualdad de derechos y de deberes, en la que se elegía como superior al hermano más idóneo.

La muerte lo halló en Saronno, exánime, casi ciego, con 75 años, en 1900. Su proyecto no había recibido todavía la aprobación eclesiástica. La obtuvo en 1904 de Pío X, que aprobó el nuevo modelo de comunidad previsto por el fundador, y concedió el sacerdocio ministerial como complemento esencial para desempeñar una misión apostólica dirigida a todos los hombres, tanto en el servicio de los enfermos como en la acogida de la juventud marginada.

En Argentina

Los discípulos del padre Monti llegaron a nuestras tierras más de 30 años después de su muerte. Esta presencia fue clave, como lo es también en la zona sur de la capital tucumana, en el barrio San Cayetano, donde funciona la capilla del santo y el colegio de la congregación. “Los señores Eugenio Méndez y Javiera López de Méndez, pertenecientes a reconocidas familias de la sociedad tucumana de la época, dejaron todos sus bienes en favor de la educación religiosa de los niños y de su preparación en el aprendizaje de tareas agrícolas. La casa rural propiedad de los Méndez, hacia el sudeste de San Miguel de Tucumán, se destinó a un hogar de huérfanos, y se dispuso que para su edificación se invierta lo producido en la venta de terrenos que tenían en Burruyacú. Actualmente en el lugar de la originaria casa rural de los Méndez funciona el colegio y la parroquia San Cayetano, perteneciente a los concepcionistas”, reseña Cecilia Cevallo en su trabajo “Villa Padre Monti, contribuciones a su estudio como lugar de interés turístico”.

Hace 70 años

Volviendo al acto realizado hace 70 años luego del padre Pastori hizo uso de la palabra el doctor Antonio Bulacio Núñez para destacar el accionar de los padres concepcionistas, al señalar: “llegaron a estos lugares unos religiosos desconocidos, pronto distinguidos como ‘curas azules’, como familiar y cariñosamente se los llama, quienes conquistaron el afecto de la comunidad por su bondad y abnegada dedicación a las tareas agrícolas, hasta que dieron base orgánica a su anhelos, con la fundación de Él hogar Agrícola San Cayetano’”.

En referencia al trabajo que los padres venían realizando resaltó: “el niño huérfano se siente mejor. Allí brilla la aurora de sus primeras esperanzas; suena el cristal de su reír infantil, borra para siempre las sombras de la adversidad. Y mañana cuando ya hombres, formen un hogar cristiano, recordarán que su infancia, por obra de los Hermanos Concepcionistas, un hogar lleno de ternura y de principios rectores que dieran estructura moral a sus espíritus”.

Por su parte, la docente de la escuela de la villa, Laura Córdoba, pidió a las autoridades presentes ciertas obras “para el progreso del pueblo”. Entre ellas nombró la construcción de una plaza, de un parque de diversiones y de un pozo surgente, además de comisaría y juzgado de paz. Las palabras de cierre estuvieron a cargo de Riera, que se comprometió a atender las necesidades expresadas por la comunidad.

Las galerías del hogar agrícola dieron acogida al almuerzo del que participaron las autoridades presentes. El niño Francisco Sicchi recitó una poesía dedicada al padre Pastori. También estuvieron presentes el senador Raimundo Blanco, los diputados Arturo Jiménez Montilla y Ruperto Almaraz. Tras el almuerzo nuestro colega Ricardo Chirre Danós destacó la trascendencia del accionar de la congregación.

Torneos de fútbol y de sortija fueron la culminación de aquel 16 de agosto de 1948.

Un presidente

Más acá en el tiempo, en la pequeña capilla del lugar un presidente de la Nación participó de un oficio religioso. Ocurrió el 24 de febrero de 2002 cuando el entonces presidente Eduardo Duhalde, junto a su esposa, Hilda “Chiche” Duhalde, fueron a misa. Habían llegado el viernes en el marco de una visita en parte política y en parte de descanso. En la capilla pudo verse también al ex gobernador Julio Miranda junto a ex miembros de su gabinete, al senador nacional José Alperovich y su esposa, la ex senadora Beatriz Rojkés. Según el relato de nuestro diario sobre la presencia de Duhalde: “la única actividad pública fue concurrir a la misa, donde fue efusivamente saludado hasta dentro de la capilla. Incluso, en el momento litúrgico de darse la paz, se formó una larga cola de vecinos que esperaron su turno para estrechar la mano o besar al mandatario y a la primera dama. Duhalde agradeció las manifestaciones de afecto recibidas”.

Los religiosos tienen a cargo una modesta pero hermosa capilla, donde se celebran muy pocas misas al año, que suele ser muy visitada. El templo se destaca por estar ubicado en la cima de una loma, por las bellas imágenes talladas en madera que contiene y por su imponente altar. A unos 2,5 kilómetros se puede visitar la sonora y bella cascada.

En Villa Padre Monti, además, hay un dispensario, que cuenta con una ambulancia para servicios de emergencia; un destacamento policial; un juzgado de paz; y teléfonos públicos.

Luis Monti

No obstante el fervor que despertaron en Tucumán su obra y la de sus misioneros, el padre Luis Monti nunca visitó la Argentina. Nació en Bovisio (Milán, Italia) el 24 de julio de 1825. Quedó huérfano y tuvo que trabajar. El 8 de diciembre de 1846 decidió consagrarse al Señor e hizo votos de obediencia y de castidad de la mano de su director espiritual, Luis Dossi. A los 27 años ingresó en la congregación Hijos de María, y se dedicó a cuidar a enfermos y huérfanos. Más tarde, en 1877, fundó su propia orden religiosa en la que trabajó hasta el día de su muerte, el 1 de octubre de 1900. Afirman que sus últimas palabras fueron: “Os recomiendo a mis huérfanos”. El 9 de noviembre de 2003 el papa -ahora santo- Juan Pablo II dio a conocer el camino de santidad del padre Monti, y fijó su fiesta litúrgica el 22 de septiembre. Su obra se extiende a lo largo de cinco continentes. En América se encuentra en Argentina, Bolivia, Perú, Brasil, Estados Unidos, Canadá y México. En Europa se extiende por Italia, Francia, Albania, Polonia y Croacia. En Asia llega hasta Corea del Sur, Filipinas e India. También está en Oceanía. En África se encuentra en Costa de Marfil, Nigeria, Guinea Ecuatorial, Camerún y Congo. “En 1940 se creó la villa con el nombre de nuestro fundador gracias al trabajo y a la dedicación de los primeros hermanos que se asentaron en la provincia: Tizio Gatti, Visini, Cristóbal y Tibaldi, entre otros”, recordó el superior Osvaldo Rodríguez en 2003.

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