Canal San Luis, la obra de Yerba Buena que angustia a decenas de comerciantes

Roberto Lencina es uno de los emprendedores que están a punto de cerrar sus negocios. Piden subsidios a la Municipalidad.

17 Ago 2018

“El canal es necesario. ¡Pero nos están fundiendo!” Emilia del Pino.

“No se vende nada porque no pasa nadie”. Rafael Corbalán.

“Necesitamos que el Estado nos dé un crédito. No han dimensionado el perjuicio económico que ha causado esta obra”. Lucio Albarracín.

Todavía hoy, Roberto Lencina vende insumos para repostería. “Llevamos más de 120 días con la calle cortada”. Tiene un negocio en la avenida Solano Vera, en Yerba Buena. Pero en unos días lo cerrará. “Nadie viene. Es feo ver que el sueño que emprendí, en el que puse todo, se va en minutos. A esto no lo recupero más”. A Roberto se le quiebra la voz. Traga saliva. Y luego de unos segundos insoportablemente tristes, retoma la conversación con una entereza que contrasta con lo que le está diciendo: “nadie lo ve. Nadie nos ve. No estoy en contra del canal, pero no a costa nuestra”.

Lencina y los demás comerciantes de las primeras cinco cuadras de esa avenida sienten angustia. Sienten dolor. Y sienten enojo. Su malestar con la obra de desagüe pluvial que se está construyendo enfrente de sus locales ha empeorado, porque el corte de tráfico lleva más tiempo del que ellos pensaban, dicen. Lencina ha pasado a figurar en el Veraz, una base de datos sobre solvencia económica. Y les debe dinero a sus proveedores. “Para cubrir esas cuentas, puse a la venta mi camioneta”.

Desde el interior de su modesta herrería, Angel Rafael Salvi cuenta que nunca imaginó estar así: pidiendo alimentos al fiado para llevar a su casa. Hace 30 años que ocupa la misma esquina con sus hierros, amoladoras y demás herramientas. “No pasa nadie. Nadie. Yo vivía de los trabajos pequeños, de las soldaduras diarias. Eso ya no está. Hace tres meses que no hago nada. Es desesperante”.

En descubierto

Esteban Lamontanaro muestra los mensajes de texto que ahora le envía el banco Santander Río. Su cuenta está en descubierto y la deuda se viene incrementando. Más descubierto. Más descubierto. Más descubierto. “¿Cómo hago?”, se pregunta. Él preside la Cámara de Comerciantes de ese sector y asegura que, por esta situación, ya son 26 los comercios que cerraron.

En la planificación de la obra figura que la segunda cuadra de Solano Vera -donde se encuentra su local- iba a cortarse el 1 de agosto, asegura. “Me cortaron el 1 de junio y aquí estamos todavía”, añade con los brazos en jarra, parado enfrente de las máquinas que remueven tierra.

Ivan Jun vendía ropa. Isabel Brizuela había puesto una peluquería. Benito Varela atendía su drugstore. Norma Randis tenía una farmacia. Rafael Mashmud había puesto una pollería. Todos han cerrado en los últimos meses. Las historias las cuenta Lamontanaro y, cuando lo hace, piensa en sus hijos. “Que el canal se haga. Pero no nos dejen en la calle. No nos dejen sin trabajo”.

Martín Torres ha puesto un cartel en el mostrador de su almacén en el que se lee “#NoalAvanceSinAvance”. El mismo mensaje ha sido colocado en las vidrieras de muchas otras tiendas. Y lo han escrito en la nota que le han enviado a Fernando Juri Debo, el titular de la Defensoría del Pueblo de la Provincia. Lo que ese mensaje significa -explica Martín- es que algunas etapas que ellos creen que deberían estar concluidas, siguen en obra. Y eso no es todo: se han hecho más cortes. “Queremos información real. Estamos desesperados”. Son las 11 de la mañana y en su libreta de almacén se lee lo siguiente: miércoles 15; varios; $ 29; $ 24; $ 5; $ 28 y $ 50.

En la misiva enviada a Juri Debo, los comerciantes han planteado -en concreto- la necesidad de que el Estado municipal instrumente un subsidio.

Una obra trascendental

La construcción del canal San Luis es una de las obras más grandes de infraestructura pluvial en el municipio piedemontano. Su historia comenzó a escribirse hace más de una década: en 2005, durante la intendencia de Roberto Martínez Zavalía, se aprobó un Plan Director de Drenaje Pluvial Urbano de Yerba Buena, que fue elaborado por un grupo de consultores independientes. El objetivo de esa directriz era que las acciones destinadas al manejo de las aguas de lluvia estén enmarcadas en una normativa común.

En septiembre de 2015, durante la intendencia del peronista Daniel Toledo, se abrieron los sobres del acto licitatorio. En 2016, el sucesor en el cargo, el radical Mariano Campero, gestionó los fondos ante el gobierno del presidente Mauricio Macri y ante organismos crediticios internacionales. La obra comenzó a mediados de ese año.

Disconformes

En octubre del año pasado empezaron los cortes en la Solano Vera. Aunque se hicieron de a tramos, hoy los comerciantes están disconformes porque argumentan que las últimas cinco cuadras del programa fueron cortadas casi en simultáneo.

De acuerdo con los plazos que manejan los gobernantes, la construcción debería terminar a fines de 2018. No obstante, Supercemento -la unión temporal de empresas que resultó adjudicada- habría pedido una ampliación de plazos.

El canal San Luis corre por debajo de la calle San Luis. Nace en la avenida Solano Vera y desemboca en el canal de Yerba Buena, que es el que desciende junto al camino de sirga.

Se completa con dos obras secundarias, que le permiten captar las aguas que bajan de la zona piedemontana. Se trata los canales Colón y Aconquija, que también están siendo cimentados en las calles del mismo nombre.

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