Qué debería cambiar en Tucumán para que sea una ciudad más amigable

El tucumano Gerardo Pisarello, vicealcalde de Barcelona, detalló medidas que pueden mejorar la calidad de vida de los vecinos.

15 Ago 2018

¿Qué necesitás vos de tu ciudad? Para muchos no será una pregunta difícil de contestar. De hecho, son los ciudadanos los que -a través de sus opiniones- logran que las urbes lideren o queden últimas en los rankings internacionales que seleccionan los mejores lugares para vivir. Ellos hablan de las necesidades satisfechas o no relacionadas con la seguridad, la vivienda, el medioambiente y el tránsito. Un tucumano, que actualmente es vicealcalde de Barcelona, se animó a decir lo que le hace falta a San Miguel de Tucumán para convertirse en una mejor ciudad para vivir.

“Con respecto al transporte público, hay que pensar en hacer del centro un lugar más amable. Se han peatonalizado ciertas calles, pero todavía hay muchos autos”, opinó Gerardo Pisarello.

Otro concepto que señaló es el de tomarse en serio la lucha contra la contaminación. Eso sí: puntualizó que esto no se limita a poner más verde en la ciudad. “En Barcelona, miles de personas mueren prematuramente cada año como consecuencia de la contaminación. Es un grave problema de salud pública. Por eso hemos triplicado las bicisendas, hemos invertido en transporte público y hemos impulsado pruebas piloto cerrando manzanas enteras a los vehículos motorizados”, añadió el profesor universitario y político tucumano.

Luego, desarrolló el concepto de ciudades amigables: son aquellas más “respirables”, donde las mujeres y la gente grande se siente segura, con barrios bien iluminados, donde se pueda pasear con tranquilidad, los chicos tengan espacios para jugar y no todo sean autos contaminantes o motos. “Obviamente eso exige recursos públicos, luchar con decisión contra la desigualdad, poner en marcha programas que erradiquen la discriminación”, detalló.

Con respecto al crecimiento de las peatonales (como herramientas para disminuir el tránsito vehicular y reducir los contaminantes que generan los autos), Pisarello cree que es una medida insuficiente. De todos modos, aclaró que ha funcionado bien en Barcelona: “ha rehabilitado el pequeño comercio, nos ha permitido aumentar las hectáreas de verde. Es cierto que eso a veces exige grandes inversiones y que los Gobiernos centrales no siempre cuidan al municipalismo. Pero incluso en Tucumán ha habido procesos de peatonalización y de recuperación de plazas exitosos, que permiten que la gente sienta la ciudad como algo menos hostil”.

Los ciudadanos son sujetos de cambio. Esa no es una frase sin sentido para el funcionario de Barcelona. Pisarello cree que en Tucumán hay gente que ha bajado los brazos, que se resigna a la lógica del mal menor, pero que también hay mucha gente -joven y no tan joven- creativa, innovadora, que no quiere que le roben su ciudad; que sabe que se puede hacer más y mejor, y que tiene ideas e impulsa proyectos para hacerla más inclusiva, menos agresiva y más sustentable.

Modelo alemán

En este sentido, ayer varias ciudades de Alemania presentaron sus planes para seguir siendo urbes modelo. Las propuestas se centraron en que el transporte público sea más atractivo, en un esfuerzo por reducir el uso del auto particular y en reducir la contaminación atmosférica. Para que pongan en marcha sus proyectos, el Gobierno alemán destinó 130 millones de euros (unos 148 millones de dólares) hasta 2020 a las ciudades de Bonn, Essen, Mannheim, Reutlingen y Herrenberg. ¿Cómo harán para desalentar el uso del auto? Prevén la construcción de más carriles para bicicletas, mejores controles de tráfico y hacer más accesible el precio del boleto del transporte público.

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