El alto costo de la relajación

14 Ago 2018
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Lo menos conveniente para un período posterior a un shock cambiario es relajarse. Y eso es lo que hizo la gestión del presidente Mauricio Macri durante las últimas cuatro semanas. En ese período, el dólar se mantuvo con relativa estabilidad, pero nuevamente la cotización de la divisa estadounidense ingresó en zona de turbulencia y pone nerviosos a los actores económicos. Al respecto cabe realizar cuatro reflexiones acerca de lo que está aconteciendo.

Primera cuestión: cuando el dólar pone contra las cuerdas al programa económico, la Casa Rosada pone foco en el asunto, pero ni bien pasa el peligro las tensiones se relajan y vuelven los timbreos.

Segundo punto: al margen del ajuste, no se percibe una acción decidida en términos de crecimiento/desarrollo, ni se busca ampliar las bases políticas de sustento del plan económico. En consecuencia, si esa es la senda, costará recuperar la confianza perdida.

Tercer punto a tomar en cuenta frente a la realidad cambiaria que vive hoy, nuevamente, la Argentina: no hay peor cosa que tratar de minimizar la gravedad de una crisis, con conceptos como “tormenta”, “caímos un piso en la escala de confianza”, etcétera. Una brutal crisis cambiaria que implicó tamaña devaluación no debe minimizarse, sino que la administración debe tomarla como lo que es: una enorme desconfianza externa e interna.

Cuarta cuestión que deja estos episodios de shock cambiarios: en un país como la Argentina, históricamente todas las crisis, como la que se está observando en la actualidad, surgen como consecuencia de fuertes desequilibrios internos más un disparador externo.

Ahora bien, si en este contexto mantenés durante más de 30 meses déficits gemelos tan elevados, naturalmente la crisis es tuya. Era obvio que, luego de una recuperación de 10 años, en algún momento la situación externa se iba a complicar. Y eso es lo que le está pasando al país.

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