Cuáles son las causas de la lluvia negra en Tucumán

La costumbre de quemar la maloja o el rastrojo de la caña de azúcar llena de cenizas el medio ambiente en una gran extensión de la provincia. Las autoridades labran actas pero el hábito no se pierde.

09 Ago 2018
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A veces impresiona ver en televisión cómo los japoneses circulan por sus ciudades con barbijos para evitar aspirar alérgenos y contaminantes. El lunes, en Tucumán, eran necesarios. De hecho, a muchos de los cochecitos les colocaron telas mosquiteras para proteger a los bebés de la maloja, ese residuo quemado de la hoja de caña que al tocarlo se desmembra, ensucia y enferma, según afirman los profesionales. Comenzamos la semana bañados por una lluvia negra. ¿Cómo la terminaremos?

Lo que cae del cielo es maloja o rastrojos quemados de plantaciones de caña de cualquier lugar de Tucumán. Por todas partes prenden fuego, como un método auxiliar de la cosecha, a pesar de que es una infracción ambiental prohibida por la ley provincial Nº 6.253. Sumadas a cuestiones ambientales típicas de esta época del año, como la sequía o los vientos fuertes, esas cenizas pueden volar en cualquier momento por los pueblos cercanos a los campos azucareros o a las grandes ciudades.

“Todos los días salimos a realizar controles y se labran actas. Por ejemplo, en la zafra del año pasado se hicieron 130 actas, lo que no quiere decir que hubieron 130 quemas. Fueron más. Y desde junio vamos haciendo unas 120. Eso quiere decir que este es un año complicado, ya que por las heladas y la sequía los suelos se hacen más vulnerables al fuego. En cambio, el año pasado tuvimos períodos cortos de lluvia y pocas heladas. Hubo bajo material de combustión seca”, comentó Alfredo Montalván, secretario de Medio Ambiente de la Provincia, cuando fue consultado sobre el porqué de la intensa caída de cenizas, hecho que no es nuevo para los tucumanos.

- Comúnmente le decimos hollín. ¿Está bien?

- No. Antes llovía hollín cuando los ingenios no tenían filtro. Lo que cae ahora es maloja u hojas quemadas de caña. El hollín en Tucumán está resuelto. Por ahí hay pequeños problemas, pero se resuelven inmediatamente. Lo que llega ahora es por acción del viento, cuando hay quema cerca y no tan cerca de la ciudad y genera malestar.

- ¿Cuáles son las zonas más complicadas?

- En Tucumán, por donde se mire hay cultivos. La provincia tiene una complejidad de presión habitacional con el sector industrial. Esa convivencia hace que trabajemos con más articulación.

- ¿El lunes hubo una condición especial para que cayera tanto?

- Puede ser que hayan quemado dos días antes. Viene el viento, levanta y lleva. No necesariamente quemaron el lunes.

- ¿Desde cuándo están labrando actas y qué sucede con ellas?

- Empezamos en junio con las actas, a la fecha. Todas nuestras actas administrativas que terminan en sanción económica van con copia a la Policía Ecológica, que se las pasa a los fiscales penales, de San Miguel de Tucumán, de Monteros y de Concepción para que hagan actuaciones penales contra los propietarios.

- ¿Por qué vuelven a quemar año tras año? Se dice que las sanciones son mínimas y que por ello reinciden.

- No es poca la sanción. Hay dos connotaciones: una administrativas con régimen sancionatorio al propietario donde se quemó, y la otra es penal. Hace más de cuatro años mandamos las actuaciones a la Justicia a través de las comisarías. No hay liviandad, al contrario.

- ¿Qué otras herramientas hay para combatir la quema?

- Hay propietarios de campos que adoptaron herramientas de las buenas prácticas agrícolas. Es una certificación internacional; no se te regala. Hay una serie de requisitos que tienen que demostrar. Una vez al año vienen auditores externos. Esto hace a una educación de quienes trabajan en el campo. Tucumán ya ha sacado cosechas sin uso de fuego. Tenemos más de 10.000 hectáreas certificadas. Es un número pequeño, pero significativo. Representa un 5 % de la caña implantada en Tucumán. Se van sumando más productores, chicos y grandes, que están certificando el no uso de fuego en la cosecha de caña.

Mala costumbre

Además de la quema de caña, hay riesgos por quemas accidentales o intencionadas de personas ajenas a las explotaciones cañeras. situación que Montalván resaltó durante su conversación con LA GACETA.

“La señora de Barrio Norte barre la vereda en otoño y prende fuego a las hojas. Te vas a barrios periféricos, y queman hojas y basura. Más al interior, queman basura, pastizales y monte. También la caña. Es algo cultural, que se erradica con educación. Trabajamos en educación ambiental con un equipo que se dedica a estos temas, y con prevención fuera y durante la zafra”, añadió el funcionario.

Suelos degradados

Sobre este tema también se expidió la Mesa de Gestión Ambiental de Cruz Alta, que en un comunicado de prensa resaltó que esta práctica ocasiona la degradación de los suelos y provoca daños en el medioambiente, en la salud de la población, afecta la seguridad vial, la infraestructura de servicios y el ciclo de producción en el campo.

“Durante los meses de zafra y de menor ocurrencia de lluvias en Tucumán (mayo-octubre) cualquier foco de fuego puede pasar a los cañaverales y provocar un incendio que, por efecto del viento, puede llegar hasta viviendas cercanas, escuelas, hospitales, cultivos ajenos y otros lugares de fácil combustión. Por la tanto, la sociedad debe estar muy atenta”, advierte la organización, que está integrada por el INTA, la Secretaría de Medio Ambiente, las direcciones de Flora y Fauna, de Defensa Civil y de Fiscalización Ambiental del Gobierno de Tucumán, el Sistema Provincial de Salud (Siprosa), la Asociación Bomberos Voluntarios de Las Talitas y otras áreas gubernamentales, además de ONGs y agrupaciones de cañeros y cooperativas relacionadas con esta actividad productiva.

El comunicado de la Mesa consigna que, una vez que se prende fuego, la combustión del material vegetal contamina la atmósfera con elevadas emisiones de gases y de hollín; favorece las pérdidas de carbono y de nitrógeno del suelo; causa problemas en la salud de la población con enfermedades respiratorias y daños en la vista; dificulta la visibilidad en las rutas y caminos rurales, lo que puede ocasionar accidentes de tránsito; puede causar apagones en toda la ciudad, en la región y en el país cuando se producen incendios debajo de los tendidos eléctricos. Por último, añadieron que el fuego afecta el sistema productivo cañero, porque al quitar la cobertura y generar una pérdida de materia orgánica en los suelos, se pone en riesgo la pérdida total del cultivo al no ser cosechado por máquinas.

Dicen que hay solución, pero pareciera que por un tiempo los tucumanos tendremos que seguir respirando bajo la intensa lluvia negra desde junio a octubre.

> Consejos sobre seguridad y cómo evitar la quema
- No quemar la basura de la casa; es mejor enterrarla.
- Evitar arrojar fósforos o colillas de cigarrillos en lugares que puedan prenderse fuego.
- No prender fuego a los pastizales, cañaverales y residuos de cosecha (rastrojo).
- Evitar utilizar la quema para la limpieza de banquinas en rutas, caminos vecinales y canales.
- Si ven un incendio, llamar a Defensa Civil, marcando el 103 desde cualquier teléfono. Es un número gratuito. O llamar a la Comisaría más cercana.
- Si una persona ha inhalado humo y presenta síntomas como mareo, dolor de cabeza, náuseas y somnolencia, retirarla inmediatamente de ese ambiente y llevarla al centro de salud más cercano  (Información de la Mesa de Gestión Ambiental de Cruz Alta).

> Qué hace a nuestra la salud
Médicos tucumanos realizaron estudios sobre los efectos de la quema en los niños
“Polución aérea y salud” es el título de un trabajo realizado por médicos tucumanos (entre ellos Rogelio Calli, actual director de Epidemiología del Siprosa), que busca evaluar los efectos ambientales en la salud de escolares y los posibles factores asociados al desarrollo de síntomas respiratorios y oculares en dos épocas relacionadas con la zafra. Se estudiaron 629 niños de entre 10 y 11 años, en dos etapas relacionadas con la cosecha de caña de azúcar (zafra e interzafra). “Pudo observarse un aumento significativo de la ocurrencia de la mayoría de los síntomas tanto respiratorios como oculares en la etapa de zafra en relación a la medición de la etapa inter-zafra”, especifican. Otro datos: “el 12,6% de los niños presentaban antecedente de asma y en comparación con los niños sin asma tuvieron un 87% más chance de tener espirometría anormal”. Espirometría es una prueba fundamental para evaluar la función pulmonar.

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