Sin pegarle a Macri y en la órbita del Vaticano

05 Ago 2018

Síntesis manzurista de la semana: a la Nación le va mal, a la Provincia le va bien. En la ecuación no aparecen los nombres propios por especial cuidado del propio gobernador que, a lo sumo, expresa que mientras cuidamos la economía provincial, la Nación sube las tarifas. Se pone del lado de los afectados. No menciona a Macri, sino a la Nación; atención a las palabras. Su conducta respondería a una estrategia del peronismo a nivel nacional. Así Manzur elude una referencia directa al Presidente, sólo opina sobre los efectos de la gestión económica en el plano nacional y se preocupa por destacar sus logros locales, especialmente referidos al superávit fiscal, al ajuste de más de $ 4.000 millones planteados por el poder central y al hecho de no endeudarse. Hasta se compara con Córdoba, provincia en una situación complicada porque se comprometió en dólares. Evita el enfrentamiento político y apuesta al desgaste de Cambiemos sin necesidad de darle empujoncitos verbales, hecho que podría derivar en un buen título mediático apuntándole al líder del PRO. Hoy no cree necesitarlo.

Quedó especialmente en claro el miércoles último -antes de que la aparición de unos cuadernos alterara toda la agenda informativa-, cuando a la salida del museo de la Casa Padilla, a pocos metros de su oficina, dijo que no daría una opinión subjetiva sobre el Presidente. En cambio, optó por hacer una descripción crítica de la realidad al decir que los gobernadores están muy preocupados por la quita de las asignaciones familiares, por la suba del precio de la garrafa y por el aumento de la tarifa de la luz, que afectan a los sectores más vulnerables. No precisó por culpa del Presidente. Los servicios no se pueden pagar; apuntó hablando de la Nación, pero sin cuestionar a Macri. La explicación sobre esta actitud no beligerante contra el Jefe de Estado vendría por el lado de encuestas que estarían manejando los justicialistas a nivel nacional con muy malos resultados para el Gobierno central. Los valores permitirían una conducta que se resumiría en “para qué pegarle al caído, si va de tropiezo en tropiezo”.

Producto de este momento de mayor debilidad de la gestión de Cambiemos es que el peronismo, en sus distintas vertientes -algunas aparentemente irreconciliables entre sí-, ha comenzado a desesperarse y a mostrar los dientes, buscando constituirse en alternativa electoral de cara a 2019. Y aunque falta mucha tela por cortar y muchos meses por venir y que mil cosas pueden pasar -especialmente si la Justicia hace su parte en las investigaciones abiertas sobre casos de corrupción en el manejo de la cosa pública de antes y de hoy-, algunos osados, y por qué no atrevidos, se animan a sentenciar que el macrismo ya fue. Adelantados, si los hay. Lo hacen basados en los efectos de la crisis -tormenta pasajera, según los macristas más optimistas- que hoy enfrenta Cambiemos, estimando que van a llegar muy desgastados y deshilachados a los comicios generales. Ya sueñan con la sucesión.

Alta desaprobación

¿Qué informes manejan como para sonreír entre almohadas apoyados en la desgracia ajena? Muestreos que revelarían una alta desaprobación de la gestión del Presidente, un malestar social en aumento y la creencia mayoritaria de que la situación del país empeorará. Las conclusiones permitirían a Manzur darse el lujo de no atacar al Presidente, ya que la ciudadanía -por lo menos la que responde a las encuestas- está expresando su disconformidad y le está dando la espalda a la conducción nacional por la situación económica. Evita la crítica directa. Además, el mismo día en que el titular del PE decía que hay que sentarse a conversar con Macri para comentarle las situaciones difíciles que atraviesan las familias tucumanas porque no pueden pagar la luz, el gas y los combustibles; el economista y ex funcionario de Cambiemos Carlos Melconian -quien se declara amigo del Presidente- decía que no hay plan económico en la Nación, ni estabilidad, ni crecimiento. Habló de un mal diagnóstico, de mal asesoramiento, mala praxis y de baño de realidad de parte del macrismo. Si el amigo lo dice, para qué lo van a atacar los adversarios. Los gobernadores peronistas creerían que si se juntan en Buenos Aires y saltan un poco pueden hacer temblar al Gobierno nacional, pero prefieren guardarse las ganas porque la situación les exige un margen de responsabilidad. Criticar sin adjetivar, por ejemplo. Podrán hacerlo, pero también necesitan diferenciarse y mostrarse como opción creíble, porque las mismas encuestas adversas al poder central sugieren que existe una dirigencia opositora que no logra posicionarse frente a un oficialismo que ahora cabalga muy golpeado. En fin, los valores del muestreo -realizado por un consultor que tiene buenos lazos con el peronismo en Tucumán desde hace varios lustros y gestiones- revelarían un humor social negativo del 87%, apuntarían que el 75% de los entrevistados considera que la situación del país está peor que hace tres meses y que más del 55% opina que la situación en los hogares argentinos empeoró. Un 36% creería que está en igual situación que hace tres meses. Los datos corresponderían a un trabajo efectuado en julio, según la filtración del informe. La mitad de los que respondieron (51%) entiende que la situación se volverá peor. En ese marco, un 63% sostiene que la inflación es el principal problema de hoy, seguido por los bajos salarios (32%) y la inseguridad (30%). Los números son mucho peores para la gestión de Macri ya que, según los valores deslizados, la desaprobación con su tarea al frente del país llegaría al 70%. Esa mayoría entiende que el Presidente equivocó el rumbo. Este es el porcentaje que hace danzar a los peronistas, que suponen que las opiniones expresadas en números entierran hasta las pretensiones de reelección del jefe de Cambiemos y que los pone nuevamente en carrera como alternativa electoral para llegar al poder el año próximo. Es un optimismo extremo porque contra esa pretensión conspira la propia fragmentación del justicialismo, por lo que no deberían festejar por anticipado una eventual derrota ajena si todavía no han logrado juntarse o mostrarse como alternativa creíble. Recuérdese que, según la marchita, sólo unidos triunfarán, y esa probable unidad por ahora presenta más obstáculos que puentes. Otro dato relevante del muestreo es que un 55% de los entrevistados se manifiesta opositor a Macri y que sólo un 26% se refieren a sí mismos como adherentes al Presidente. Pese a que en la campaña habló de “pobreza cero”, más del 60% cree que no gestionó para los pobres y para los más necesitados. Se entiende entonces la defensa de Manzur de los más necesitados. Finalmente, entre otros valores, el 90% de los encuestados cree que la crisis es grave, un 66% desaprueba el acuerdo celebrado con el FMI, un 60% cree que la situación económica empeorará con las medidas que está adoptando el Gobierno y casi un 70% supone que Cambiemos no logrará controlar la inflación. Con este panorama y clima social adverso -según estos números, claro-, no sería un buen gesto “pegarle”, ya que está atravesando una situación crítica; y es lo que hace Manzur, que sigue oteando el futuro del peronismo federal y el rol que puede jugar en la mesa nacional del sector, que lo tiene como uno de los actores principales, por ser uno de los pocos que salió bien parado de la elección de 2017. Tanto es así que algunos dirigentes promanzuristas han comenzado a preguntarse qué pasaría en el peronismo provincial si el gobernador optara por jugar en la liga nacional en 2019 y no en la provincial. Cimbronazo político, seguro. Las variables para que suceda son tantas como las especulaciones que se pueden deslizar alrededor de esta posibilidad, alentada -por cierto- desde sectores alperovichistas. Manzur es la piedra en el zapato, por ahora.

Provida

Si el gobernador observa y cuestiona a la Nación sin necesidad de pelearse con Macri -por cuestiones que hacen a la gobernabilidad local, además-, también mantiene una postura prudente respecto de la interna que lo enfrentó a Alperovich, convencido de que los planetas se han alineado en su favor en el peronismo local después que blanqueara que su intención de repetir fórmula con Jaldo en 2019. Desde el entorno gubernamental aseguran que ahora le responden los 93 delegados comunales, al igual que todos los intendentes -pintadas de por medio-, y que ha logrado abroquelar a la dirigencia alrededor de su figura y principalmente de su sociedad con el vicegobernador.

Colateralmente, en ese tira y afloja con su antecesor, se cuela un tema social sensible para ponerle un poco de tensión política a la relación desde lo institucional: la despenalización del aborto que está en el Senado, un aspecto más vinculado a la libertad de conciencia, a las creencias y a las convicciones personales. ¿Valen los mandatos? Manzur se manifestó en favor de las dos vidas y en contra del aborto y la Legislatura, por iniciativa y directo accionar de Jaldo, declaró provincia provida a Tucumán. Una victoria que puede anotarse como propia. El vicegobernador comunicó inmediatamente la decisión al arzobispo, Carlos Sánchez, cuyo texto será leído en la marcha por la vida que se realizará hoy.

La decisión, que está en línea con la Constitución de 2006 que defiende la vida desde la concepción, insta a los tres senadores por Tucumán a pronunciarse en la misma dirección y en contra de lo aprobado en la Cámara de Diputados. No es un mandato en sí, es una manifestación institucional de la principal representación política del Estado que de alguna manera le provoca una encerrona política a Alperovich. El senador se mantuvo en silencio respecto de su voto, y ni siquiera Manzur conoce cuál es la postura de su antecesor. El gobernador y el vice ya fijaron una posición institucional que los une más; falta la del senador.

Al margen, el contundente apoyo que obtuvo Jaldo en la Cámara fue un bálsamo para Manzur, ya que le permite sonreír y congraciarse nuevamente con la Iglesia Católica luego del voto favorable de Pablo Yedlin a la despenalización en la Cámara Baja. Si bien no podía influenciarlo, la postura del diputado nacional incomodó al gobernador. En ese marco, se deslizó que Manzur no pudo conseguir su foto con el papa Francisco -en su reciente viaje a Roma, acompañando a monseñor Sánchez- justamente por esa postura del ex secretario general de la Gobernación. Cierto o no, creíble o no, Manzur celebra la decisión de la Cámara porque pone a Tucumán en la órbita del Vaticano, del Estado religioso que gobierna Francisco, el papa peronista. La despenalización del aborto dividió, pero acercó a otros. En esa línea, el mandatario, además, se habría movido e influenciado para que el proyecto no sea aprobado en el Senado. Es su apuesta.

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