Por las selfies, hay más cirugías plásticas

La distorsión fue confirmada por un estudio realizado por médicos de New Jersey, EEUU.

05 Ago 2018

Mejor o peor logradas, las selfies ya forman parte del historial fotográfico de grandes y chicos que tengan acceso a un smartphone. De hecho, según un estudio dirigido por la médica Brittany Ward, investigadores del Departamento de Otorrinolaringología de la Rutgers New Jersey Medical School, especializada en cirugía plástica facial y reconstructiva, sólo en 2014 se hicieron, por día, más de 93.000 millones de este tipo de fotos utilizando teléfonos Android.

Y no es sólo cuestión de que no haya quién saque la foto. Muchos afirman que, aunque los protagonistas salgan un poco chuecos, el acto de autofotografiarse le da a la imagen un encanto particular.

Lo que posiblemente nadie imaginó es que las selfies terminarían siendo causal de consultas con el cirujano. Un relevamiento de la Academia Estadounidense de Cirugía Plástica Facial y Cirugía Reconstructiva indica que el 55% de los cirujanos detectó que cada vez más cirujanos plásticos faciales (55% en 2017 versus 42% en 2016) están viendo pacientes que acuden a pedir intervenciones en la nariz basados en sus selfies o en fotos de las redes sociales.

COMPARACIÓN. A la izquierda, selfie. A la derecha, foto normal.

Y estos datos fueron lo que disparó el trabajo, del cual participaron Max Ward y Boris Paskhover, también de la escuela de Medicina de New Jersey, y Ohad Fried, del Departamento de Ciencias de la computación de la Universidad de Stanford, California.

Según la investigación, titulada “Distorsión nasal en fotografías de corta distancia: el efecto selfie”, la nariz se percibe más grande de lo que se vería si la foto no fuera tomada con nuestro Smartphone; y esto ha influido en los últimos años en las cirugías de nariz. Y todo esto fue lo que motivó la investigación de los médicos de New Jersey.

Razones técnicas

Para determinar las razones de la percepción distorsionada, el equipo desarrolló un modelo matemático que le permitió comparar el tamaño de la nariz de personas cuyas fotos se tomaron desde 30 cm de distancia (en promedio, la que logra nuestro brazo para una selfie), con las de las imágenes obtenidas desde 1,5 m, que es la distancia estándar utilizada en los retratos. Así pudieron demostrar que la lente más ancha de la cámara y la distancia a la que la coloca nuestro brazo, combinadas, pueden aumentar hasta un 30% el tamaño de nuestra nariz.

“Los adultos jóvenes constantemente se sacan este tipo de fotos para publicar en las redes sociales y piensan que esas imágenes son representativas de cómo se ven realmente, lo que puede tener un impacto en su estado emocional”, resaltó Paskhover, que además es cirujano de cuello y cabeza, y advirtió que el efecto que percibimos se asemeja a los de esos espejos distorsionantes de los viejos parques de diversiones.

Ese modelo matemático está permitiendo a los cirujanos explicarles a sus pacientes lo que les está pasando.

No sólo los jóvenes

Paskhover y sus colegas coinciden en que son los millennials (nacidos después de 1982) los que más sienten que su punto débil es la nariz, pero no son los únicos. Muchos mayores de esa edad también “se angustian” por el efecto selfie, aunque lo que más les preocupa son el cuello y los ojos, en los que los cambios producidos por la edad son reales. Claro que no tanto como lo perciben los pacientes. “Ciertamente, las imágenes digitales pueden distorsionar y exagerar la gravedad de los cambios”, asegura Patrick Byrne, director de cirugía plástica facial y reconstructiva en la Universidad Johns Hopkins. A cierta edad -añade- puede haberse perdido un poco de plenitud debajo del párpado inferior, o la tapa puede estar más hinchada; pero la sombra debajo de los ojos que se ve en una selfie puede ser exagerada por el ángulo de la cámara o por la mala iluminación.

Byrne dice que, en definitiva, sus conversaciones con pacientes mayores no son diferentes de las que tiene con “pacientes de rinoplastia joven”. “Me doy cuenta de que parece que tenés una bolsa bastante grande o tejido sobresaliente de los párpados inferiores -cuenta que les dice-, pero podés encontrar imágenes donde no. Sentado frente a mí te ves muy bien.” “Es importante -destaca- que las personas se den cuenta de que es imposible tener una imagen de cómo lucimos desde la pequeña pantalla del celular”.

1839 | La primera conocida

Se cree que la selfie más antigua es la de Robert Cornelius, quien tomó esta imagen cuando tenía 30 años en Filadelfia, EE.UU. La tecnología de esa época hizo que tuviera que estar de pie unos 15 minutos para poder tomar la foto.


1920 | Grupal y con esfuerzo

El fotógrafo Joseph Byron tomó esta foto en una azotea de Nueva York con sus amigos (no todos se dan cuenta de dónde está la cámara). La cámara era una caja grande y pesada; por eso se necesitaron dos personas para sostenerla.

1966 | Instagram primitivo

 Cuando tenía 23 años, George Harrison, el famoso guitarrista de los Beatles, documentó todo su viaje a India (fundamental, tanto en su vida como en su obra). Tomó todas las fotos con una lente ojo de pez.

2011 | Los animales también

El fotógrafo británico David Slater dejó en 2011 que un grupo de monos jugara con su cámara. Y Naruto, una macaca negra con cresta de Indonesia, logró esta selfie. La foto generó una batalla legal sobre los derechos de autor.


2013 | La palabra del año

Selfies con el Papa que se hicieron virales y las críticas a Obama por tomarse una con el primer ministro inglés y el danés finalmente lo lograron: el diccionario Oxford, el más famoso de la lengua inglesa nombró “selfie” la palabra del año.

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