Por qué no hay que obligar a los hijos a compartir

Es un proceso natural que el niño tenderá a superar, cuenta una profesional. Consejos para padres e hijos.

27 Jul 2018
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Tener que prestar su juguete no es fácil para un niño pequeño. Es que, según explican especialistas, a los dos años -por ejemplo- ciertos objetos son como una extensión de sí mismos. Entonces, ¿hay que obligarlos a entregar eso que no quieren soltar?

“Lo mío es mío, lo tuyo... también es mío”. Esa es la frase con la que la doctora Carla Orsini, médica pediatra, comienza su publicación sobre aprender a compartir. Luego explica que ese “verbo” forma parte de un proceso natural, como todo en la infancia. “Hasta el año de vida le es difícil (a un niño) diferenciar y separar las cosas suyas de las de otros. Inclusive transita la angustia de la separación (también llamada ‘del octavo mes’), en la que procesa que él y su mamá no son la misma persona, y la noción de objeto permanente”, detalla.

Luego, enumera cómo transitan esa experiencia los pequeños de otras edades: “entre el año y los dos años predomina el yo. Todo lo quiere para él. Entre los 24 y los 36 meses es ‘mío, mío, mío’. Los objetos son como una extensión suya. Y el juego es paralelo. Cada uno en la suya. Recién a partir de los tres años empieza a comprender la noción de compartir juegos y juguetes. Juegan con el otro. Antes de esa edad es complejo de procesar”.

La charla es la base para Soledad Perea, cuando tiene que enseñarle a compartir a su hija Catalina, que tiene cuatro años. “Primero le explico que prestar es bueno, que jugar de a dos es mejor. Y cuando no hay respuesta, se lo quito y le digo que lo preste un rato. A veces uso la frase de mi mamá con ese tono paralizante: ‘hacé lo que quieras Catalina’”, confiesa Soledad.

Lo que cuenta María José Rubiol, mamá de Florencia, no es muy diferente: “le explico que debe compartir, que cuando vaya a otra casa le va gustar que su amigo le preste sus juguetes, que los niños pequeños tienen que compartir para ser muy educados y lindos”.

Sin embargo, para la doctora Orsini durante todo el proceso de aprendizaje hay que respetar a los niños y no obligarlos a compartir, sino explicarles y enseñarles -sobretodo- con el ejemplo y acompañar con la palabra. “Transmitirle lo lindo y enriquecedor que es jugar con otros, ayudarse, tener roles, respetar turnos. Una buena forma de enseñar es que ellos elijan regalos de amigos y los entreguen, que se desprendan de juguetes para donarlos, que vean que los adultos también comparten”, aconseja la profesional, que tiene más de 15.000 seguidores, y cuyas publicaciones son de las más compartidas en Facebook.

Contraparte

No todos los padres están de acuerdo en que los chicos compartan sus cosas. Y eso generó un debate hace menos de un año, luego de que se viralizó una publicación en Facebook de una mamá estadounidense (Alanya Kolberg), que lleva por título “Mi hijo no tiene la obligación de compartir con el tuyo”. Allí cuenta (todavía se la puede leer en su página de la red social) que su hijo Carson fue abordado en una plaza por al menos seis niños que le exigían que compartiera su transformer, su figura de Minecraft y su camión. “Estaba visiblemente abrumado y los apretó contra su pecho cuando los niños lo alcanzaron. El me miró. Yo le dije: ‘di que no. No tienes que decir nada más’”.

Luego, plantea que si una adulta llega al parque comiendo un sándwich ¿debe compartirlo con extraños? “¿Algún adulto educado intentaría tomar mi sándwich y se enfadaría si no se lo permitiese? De nuevo, no. Así que en realidad, mientras me estás mirando de esa forma, probablemente pensando que mi hijo y yo somos desagradables, ¿quién está demostrando pocos modales? ¿La persona que no quiere entregar sus juguetes a seis extraños o los seis desconocidos que exigen tomar algo que no les pertenece?”

Orsini considera que hay juguetes y lugares en común y juguetes propios y que está bien que los chicos tengan cosas propias. “Como siempre, hay que reforzar positivamente sus acciones y no reprobar con adjetivos ni improntas negativas. No es egoísmo. Es parte de un proceso normal del desarrollo de la personalidad y autonomía. Es fundamental acompañar con paciencia, cariño y respeto. Compartir a mamá y papá luego de la llegada de un hermanito es tema para otro post...”, concluye la médica.

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