Teñidos de sangre

17 Jul 2018

Las calles de la provincia se están tiñendo de sangre. Los tucumanos con razón están espantados. Que se hayan producido cuatro homicidios en menos de cinco horas es motivo para estarlo. Pero lo que más le preocupa a la ciudadanía es que las autoridades siguen sin dar una respuesta de fondo al problema que genera tanta alarma y preocupación.

Eos hechos, de alguna manera, reflejan lo que está sucediendo en la sociedad. Un miembro de la Policía Federal estuvo involucrado en un hecho en el que murió un menor que le habría intentado robar la moto con otros cómplices. Un comerciante, que se presentó ante la Justicia después de haber permanecido varias horas prófugo, habría sido el autor del disparo que mató a un joven al que acusó de haberle robado la mercadería que comercializaba en distintas ferias de la provincia. Por último, un joven con problemas de adicción le arrebató la existencia a otro clavándole un destornillador en la oreja en el barrio La Milagrosa, de Banda del Río Salí. Estas no son escenas de alguna película del prestigioso director Quentin Tarantino (responsable de filmes como “Tiempos violentos” o “Bastardos sin gloria”), sino pantallazos de la realidad tucumana.

Ya nadie puede ocultar que en distintos sectores de la capital hay bandas organizadas que se dedican al robo de motocicletas. El modus operandi es claro y conocido por todos aquellos que tiemblan cada vez que utilizan ese medio de transporte. Recorren las calles y las avenidas de la periferia buscando víctimas. Cuando lo hacen, a golpes o con armas de fuego, le quitan el bien y huyen rápidamente a esconderlo o entregárselo al jefe de la organización para los que trabajan y siguen con su travesía. Estos grupos son extremadamente violentos y no le temen a nada. También les roban a los policías que se trasladan con sus uniformes. Tanto es así que los mismos uniformados deciden ir a trabajar en grupo para no ser atacados.

El caso del comerciante es un reflejo de cuán bajo ha caído la sociedad y todo por la ausencia del Estado. Una persona, que se siente desprotegida, cree que está en su derecho de acabar con la vida de otro. El problema es grave, pero es alarmante si se tiene en cuenta que en las redes sociales se aplaude cuando los vecinos linchan a un supuesto ladrón hasta dejarlo casi muerto a causa de las patadas que recibió en la cara o peor aún, se están multiplicando este tipo de casos. Esas son pruebas del enorme retroceso que está sufriendo la provincia. Es el fruto de lo que genera la inacción de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial que está pendiente de cualquier cosa menos en la seguridad de sus habitantes.

“Era él o yo”, la frase de “Pity” Álvarez, destruido por las adicciones, también podría ser utilizada en cualquier barrio de la periferia casi a diario. “Macaco”, el joven que mató a su amigo, tuvo una fuerte pelea antes de clavarle el destornillador en la cabeza al joven con el que estuvo consumiendo bebidas alcohólicas. Pero este presunto homicida no es famoso, no cuenta con los recursos necesarios para afrontar ese tormento llamado droga. Con seguridad, el autor del crimen terminará encerrado en una celda durante mucho tiempo. Ahí tampoco recibirá ayuda y es muy probable que con el correr del tiempo se muera o que lo terminen matando.

Fallas

Este problema es grave porque nuestras autoridades siguen sin hacer un diagnóstico correcto del estado de la situación. Y es poco probable que lo hagan porque ni siquiera creen sus propias estadísticas. Los incompletos y polémicos informes nacionales sobre cifras de la inseguridad dan cuenta de la forma precaria y poco rigurosa en que se recolectan los datos en Tucumán. Y estos números no son caprichosos. Deberían ser la raíz de cualquier plan para lograr frenar los delitos tanto a nivel provincial, como nacional. El punto de partida para realizar tareas de prevención. Pero eso no sucede. Por ese motivo las bandas dedicadas al robo de las motos siguen creciendo a pasos agigantados y alimentando a un mercado negro que hace negocios con la muerte de inocentes.

En la Justicia siguen enfrascados en peleas internas y todavía no pueden resolver la aplicación del nuevo Código Procesal para que se resuelvan con mayor celeridad las causas. No entienden que toda una sociedad está cansada de no conseguir respuestas por parte de un poder judicial que cada vez se aleja más de los tucumanos. Hoy, lo que debería ser un mero trámite, por la falta de recursos económicos, humanos o tecnológicos, concurrir a tribunales es un proceso largo y tedioso que podría transformarse en una pesadilla. Aquí se podría encontrar una respuesta a porqué los tucumanos deciden hacer Justicia por mano propia.

En la Legislatura se pretendió ayudar al PE. Para eso no sólo se sancionó una Ley de Emergencia, sino que se creó una comisión para diagnosticar los problemas y tratar de darle una solución. Ya hace casi dos años que ese cuerpo viene trabajando y hasta el momento nada concreto surgió. Y en esta situación tiene mucho que ver la falta de información que reciben; el ocultamiento de algunas situaciones (como el accionar de los clanes sospechados de la venta de drogas en la provincia); que se minimicen algunos casos y, fundamentalmente, no pueden brindar herramientas para acompañar un plan de seguridad que, hasta el momento, no se lo conoce. Así será muy difícil evitar que las calles se sigan tiñendo de sangre.

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