Empatía,la capacidad del siglo XXI

Es clave para la política, pero también para el desarrollo profesional, la construcción de lazos afectivos y la consecución del éxito -con independencia de qué designemos con ese término- en nuestras vidas. ¿En qué consiste? ¿Cómo interviene el cerebro? ¿En qué etapa se desarrolla más? ¿Qué ocurre cuando no la desarrollamos?

15 Jul 2018
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Se puede definir como sentir el dolor ajeno. Esa sería una descripción basada en una emoción negativa. También podemos definirlo en base a una emoción positiva; diríamos entonces que es sentir la alegría ajena. En resumen, es tener conciencia en torno a las emociones de los demás.

Hay dos tipos de empatía, la afectiva y la cognitiva. La afectiva es la capacidad que nombramos anteriormente relacionada al contagio de las emociones del otro, en cambio la cognitiva refiere a entender el punto de vista del otro, también se la conoce como teoría de la mente. Nos resulta difícil desarrollar esta capacidad por lo que es importante evaluar que el criterio ajeno puede poseer semillas de verdad. Una tercera acepción de la empatía radicaría en responder compasivamente a los sufrimientos del otro.

La empatía tiende a generar una relación positiva con el prójimo. Está relacionada con el altruismo, la compasión, el amor, la simpatía. La diferencia con la asertividad es que mientras en ésta uno defiende sus propias convicciones, el individuo empático entiende las convicciones de los demás. La empatía es fundamental en la política.

Si leemos en el periódico que en África 225 millones de personas sufren hambre, lo tomamos como una información y no nos afecta emocionalmente, pero si observamos una foto de un solo chico hambriento o, peor aún, si lo vemos en persona puede afectarnos de forma considerable y motivarnos a tomar alguna acción que disminuya su padecimiento.

Contagio emocional

La empatía tiene mucho que ver con la inteligencia emocional, que se hizo famosa por los libros de Daniel Goleman. El desarrollo de la misma está relacionado con el éxito que podemos tener en la vida. Cuando nos dirigimos a alguien, la aprobación de lo que decimos está vinculada con la posibilidad de lograr empatía. Tengamos en cuenta que la mayoría de las decisiones humanas se toman por motivaciones emocionales más que por un razonamiento frío.

La empatía es una forma de contagio emocional. Las llamadas neuronas espejo son las que se activan al observar la conducta de un congénere. Estas neuronas, descubiertas por el equipo de Giacomo Rizzolatti, están relacionadas con la empatía pero también con la imitación. Se han estudiado especialmente en macacos. Cuando un mono observa a otro romper un papel, se activan las mismas neuronas espejo que se activan cuando él mismo rompe el papel. Dada la capacidad innata de los humanos a la imitación, se cree que tenemos un sistema elaborado de neuronas espejo, relacionándose trastornos como el autismo a un deficiente funcionamiento del mismo.

Las neuronas espejo se descubrieron por la imitación de movimientos del cuerpo pero también se puede aplicar a emociones e intenciones. Un grito de miedo activa nuestros centros de miedo. En el espejamiento copiamos la conducta o pensamientos del otro.

Hay una empatía primaria que se encarga de sentir al otro a partir de su lenguaje no verbal. Está intrínsecamente involucrada en lo que llamamos intuición. “Sentimos por las tripas”. Luego, la precisión empática hace consciente lo que sentimos en la empatía primaria logrando evaluar lo que el otro piensa. Si se da la empatía en todas sus dimensiones logramos una sincronización mental y emocional con el otro.

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