La pasión, el idioma del fútbol

En todo el mundo el nacionalismo aflora con naturalidad gracias a la competencia más importante del mundo.

15 Jul 2018

La FIFA reconoce a más países que la Organización de Naciones Unidas. El fútbol es el deporte más extendido por el planeta y, durante la Copa del Mundo, el planisferio parece convertirse en una pelota blanca de octógonos negros, en la que lo único que importa por un mes son los resultados de la fase de grupos, de los octavos, los cuartos, las semifinales y la final.

Una de las características de nuestro país es la pasión que se siente por el deporte de 11 contra 11. Incluso, muchas veces los cánticos y las banderas hacen creer que los únicos amantes del fútbol son los argentinos. Pero esto no es así. En todo el mundo el nacionalismo aflora con naturalidad gracias a la competencia más importante del mundo.

Elisa Depraeter es una estudiante belga de intercambio que actualmente está viviendo en la ciudad de Concepción. Con sus 18 años, la primera vez que vio a su selección entre las 32 mejores del mundo fue en 2014, en el Mundial de Brasil. Paradójicamente, su primer recuerdo en la materia no está relacionado con “Les Bleus”. “Yo estaba en España cuando el seleccionado de ese país salió campeón en Sudáfrica 2010. En las calles se vivió una fiesta. La gente estaba loca de felicidad. El ambiente que se vivía era muy lindo”, contó.

Después de estar ausente en dos competencias, Bélgica volvió a clasificarse para jugar en Brasil. Con una sonrisa en la cara, ella recuerda su primer Mundial. “No soy de ver mucho fútbol, pero cuando llega este torneo sí lo hago. La gente se junta, festeja, grita y llora. El ambiente es increíble. En mi país es común que en todas las plazas haya una pantalla. Es un punto de reunión para todos. Muchos van disfrazados y pintados con los colores de la bandera. ¡Los goles se festejan tirando cerveza!”

Bélgica nunca se olvidará de Rusia 2018. Si bien el Mundial ya terminó para ellos, haber conquistado su mejor posición de la historia (un tercer lugar), será un logro que perdurará en sus corazones. “Al Mundial lo pasé bien, siempre me juntaba con amigos para ver los partidos. Grité y salté con cada gol, pero fue mucho más tranquilo porque ninguno de mis amigos festejaba conmigo. En mi país todos estos días fueron una fiesta”, aseguró Elisa.

Después de 12 años, Francia nuevamente llegó a jugar siete partidos de la copa del mundo. Lara Schilling, que está de intercambio actualmente en Tucumán, se preparó para la gran final que se disputará hoy. Pero es cauta: tiene temor de que se repita la historia de 2006, cuando el seleccionado galo perdió con Italia por penales en Alemania.

“Siento algo de tristeza. Si perdemos no voy a poder consolarme con mi familia y amigos. Pero al mismo tiempo me siento orgullosa de poder representar a mi país, estando en Argentina”, afirmó Lara.

Un caso distinto al de Elisa y Lara es el que vive Catalina Parajón, una tucumana de 22 años que se encuentra en París por estos días. Ella quedó asombrada por la pasión de los franceses. “En el país se vive con mucha emoción y entusiasmo el momento del himno. Su frase de aliento es “¡allez Les Bleus!” (¡vamos azules!)”, contó.

Al queda afuera Argentina, decidió vivir el Mundial como una local más. “Los parisinos son muy estructurados, pero al momento de ver el partido se transforman. Están acostumbrados a verlo en algún punto de la ciudad en pantalla gigante, pero por una cuestión de seguridad este año no se pudo. El paso a la final se festejó, como es tradicional, en Champs Elysse, cantando la marsellesa hasta altas horas” dijo “Caty”, que participó gustosa de los festejos.

Por más que uno esté a miles de kilómetros de su país de origen, cualquiera vive el Mundial de una manera particular. Cada cuatro años, el planeta vibra cuando la pelota rueda en un campo de juego. Y está bien que así sea.

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