“Hoy, la escuela debe enseñar a buscar, procesar y analizar la información”

El mal uso de la información disponible en la red impacta sobre nuestras decisiones, advierte Roxana Morduchowicz.

15 Jul 2018
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ROSANA MORDUCHOWICZ. La escritora habló sobre su último libro.

Roxana Morduchowicz, que desde hace más de una década viene investigando qué hacen los chicos y los adolescentes con las llamadas “Nuevas Tecnologías de la Información” (el celu, la tablet, las pantallas) analiza ahora cómo se vinculan ellos con la web, en este siglo XXI signado por el riesgo de perderse en tanta maraña informativa. Para eso, acaba de publicar “Ruidos en la web: cómo se informan los adolescentes en la era digital” (Random House), libro en el que plantea, entre otras cuestiones, que la escuela debe enseñar a buscar la información, a procesarla desde una perspectiva crítica y a diferenciar entre la información creíble, veraz y las “falsas noticias”. En ese punto advierte, en una charla telefónica con LA GACETA, que hay un vínculo estrecho entre el buen uso de la información y la democracia. En otras palabras, que lo que está en debate no son meras cuestiones tecnológicas, sino de ciudadanía.

- ¿Cómo surge “Ruidos en la web...”?

- Hay una preocupación que se comparte en todo el mundo, y no sólo en la Argentina: que, justamente en la era de la información, cuando esta sobreabunda, y está tan disponible, a un click de distancia, los adolescentes y estudiantes secundarios tienen enormes dificultades para buscar, analizar y utilizar la información de la web. Para los adolescentes, la búsqueda de información es la segunda actividad que realizan cuando navegan en la web, después de las redes sociales. Y lo hacen ya sea para la escuela o por intereses personales. Sin embargo, todos los estudios al respecto en el mundo coinciden en que los chicos eligen el primer link que les aparece, que no necesariamente es el más autorizado. O no comparan ni chequean información, o confunden con publicidad, y no analizan ni identifican la procedencia ni el autor de la información. Y la falta de criterio para analizar la información incluye a los adultos. En este libro me ha interesado analizar a los adolescentes porque están en su etapa de formación y porque se los suele llamar nativos digitales, concepto que en “Ruidos en la web...” intento desmitificar e interpelar. Porque esta expresión nació para identificar a los chicos del año 2000, que nacían ya con internet y con las nuevas tecnologías vigentes. Pero hoy sólo se puede concebir como nativos digitales a aquellos que pueden aprovechar todo el potencial de internet y las nuevas tecnologías con un uso crítico y reflexivo. Los riesgos del mal uso de estas tecnologías impactan en las decisiones que toman, y que muchas veces están basadas en información poco confiable o de dudosa credibilidad. No olvidemos que los chicos hoy pueden votar a los 16 años.

- Es una paradoja, que haya sobreabundancia de información y que al mismo tiempo haya tanta dificultad para utilizarla...

- Existe, como bien señalás, el preconcepto de que a más cantidad de información, más facilidad para tomar decisiones, y que más fácilmente se resuelven nuestras dudas. Y esto no está sucediendo, ni en la Argentina ni en el resto del mundo.

- ¿Cómo explica esa paradoja?

- Uno de los motivos es que la sobreabundancia de información causa más confusión. Fijate que cuando nosotros estudiábamos en la secundaria, también usábamos una sola fuente; o el libro de texto o la Billiken o el Anteojito, etcétera. Pero nosotros sabíamos identificar quién hablaba. Hoy, en lugar de que haya dos o tres revistas, hay 2.000 páginas web. Y los chicos, que están acostumbrados a abrir muchas ventanas en simultáneo, cuando llegan a la última ya perdieron de vista quién es el autor. Y esto vuelve poco confiable la información que se utiliza, porque la identificación de la fuente está directamente relacionada con la confiabilidad.

- Es algo así como entrar a una gran biblioteca sin un guía, sin un “bibliotecario”...

-Exactamente. Vemos que la escuela como institución nació con Gutenberg: cuando nació la imprenta, se hizo necesaria una institución que enseñara a leer lo que la imprenta difundía. Durante siglos, la labor de la Escuela fue distribuir información. Hoy, no tiene más sentido distribuir información cuando esta está a un click de distancia. Hoy, el desafío para la escuela consiste en enseñar a pensar la información, a analizarla, a procesarla, y a formar la propia opinión. Porque a esta distorsión la vemos potenciada en las noticias falsas, o “fake news”. Y en que los chicos creen más en sus contactos como señal de confiabilidad. Son temas muy nuevos. A mí me interesa insistir en el libro que copiar el primer link, o viralizar algo “porque me lo mandó mi amigo” no es una travesura adolescente, sino que entraña grandes riesgos a la hora de tener que decidir tomar decisiones de manera reflexiva, o participar en la comunidad de manera crítica. Esto es tan nuevo que la Unesco ha creado una nueva expresión: la alfabetización informacional. Esto, que es bastante nuevo, pero a la vez bastante urgente, significa trabajar sobre algunos ejes: 1) no utilizar nunca un solo sitio web, que es utilizar una sola voz, descartar el principio democrático básico de la pluralidad de voces; 2) no quedarse exclusivamente en el primer link que aparece, porque ese puede ser el de alguien que pagó para estar allí, y no necesariamente ser una autoridad o referente para hablar de ese tema, 3) enseñar a diferenciar géneros; no es lo mismo una información que una opinión, o una publicidad, porque cada uno tiene una intencionalidad diferente, 4) aprender a distinguir cuáles son las fuentes confiables y autorizadas. Sobre todo, en el caso de los chicos, usar fuentes que existan en la vida real. En los últimos años ha pasado en América latina, incluida la Argentina, que se ha hecho hincapié en la provisión de Nuevas tecnologías, en equipamiento con notebooks, tablets, celulares. Y esto fue muy bueno, porque permitió el acceso a las tecnologías a aquellos chicos de sectores populares que de otra manera no habrían accedido. Pero esto debe ser un punto de partida; lo que está sucediendo es que se ha convertido en punto de llegada. Y esto no puede ser; ahora que tienen tecnologías, tenemos que preguntarnos por los usos que les dan. Hoy, la brecha digital no es sólo quién está conectado, y quién no. Hoy, la brecha digital pasa por las prácticas, por el uso que les demos a esas tecnologías. Hoy, el docente tiene que enseñar a buscar información. Y la escuela tendría que cambiar consignas, tiene que abrirse a consignas que requieran investigación, porque eso es lo que les va a permitir tanto al docente como al alumno buscar información, comparar y contrastar.

- La escuela permite ese proceso de aprendizaje. ¿Y el mundo adulto?

- En el mundo ya hay intentos de encarar la alfabetización no sólo con los chicos, sino también de los adultos, fundamentalmente a través de campañas de políticas públicas por las cuales se explique de alguna manera a la gente que no todo en internet es confiable. Y no sólo el Estado tiene que encarar estas campañas, también las propias empresas tecnológicas y los medios de comunicación. Lo que tanto chicos como adultos necesitan aprender es el concepto de confiabilidad de la información.

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