Un amor que termina, una obra que empieza

Sebastián Fernández dirige “... Y un día Nico se fue”, la obra de Osvaldo Bazán, Ale Sergi y Ricky Pashkus sobre un romance homosexual

06 Jul 2018
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EN PLENO. El elenco completo de “... Y un día Nico se fue”, parte del cual rotará en escena de función en función. Prensa.

ESTRENO

• A las 22 en el teatro municipal Rosita Ávila (Las Piedras al 1.500).

Hubo un momento en que Sebastián Fernández decidió montar “... Y un día Nico se fue”. Lo estremeció la energía vital que circulaba entre el escenario y la platea, con artistas y público en una comunión especial. Desde su butaca, entendió que el musical inspirado en la novela autobiográfica de Osvaldo Bazán y con partitura de Ale Sergi (Miranda!) y coreografías de Ricky Pashkus, sobre un amor entre dos hombres que llegaba a su fin, trascendía lo teatral para convertirse en un hecho social.

“La vi hace cuatro años en Buenos Aires y me interesó especialmente la vibración que generaba la obra, con los actores divirtiéndose en escena, con la banda con canciones pop muy vibrantes y con el público enganchado con el relato en una forma casi militante. No me hubiese cautivado de la misma manera solo al leerla. Fue en un momento contemporáneo a la sanción de las leyes de matrimonio igualitario y de igualdad de género, un contexto fuerte. Esa temática no aparece centralmente en la obra, pero definitivamente enmarca este trabajo de una forma determinante, porque están puestos en escena muchos elementos de la cultura LGTBI”, le dice el director a LA GACETA.

La historia aborda el romance malogrado entre Osvaldo y Nico, atravesado por la política de invisibilizar la diversidad afectivo sexual de los argentinos. “Pero lejos de hacerlo con una mirada triste, la puesta está llena de canciones y coreografías, en un ensamble que funciona como un reloj. Es una comedia divertida aunque con tintes dramáticos, que nos invita a reflexionar y a repensar la sociedad moderna desde las pequeñas acciones cotidianas, para entender al amor en todas sus formas, incorporar la diferencia y reivindicar las militancias de tantos y tantas que lucharon por la igualdad de derechos en los últimos años”, se precisa sobre la intención del proyecto.

La obra se estrenará esta noche en el teatro municipal Rosita Ávila, con un elenco local integrado por Mariano Juri, Matías Rotger, Batiah Adler de Chazal, Andrea Albornoz, Lourdes Aguirre Rodríguez, Exequiel Arias, Facu Basso, Mauro Carabajal, Martín Esteban Gómez Sastre, Santiago Guaraz, Diego Ledezma, Juan Mora, Mili Muñoz Molina, Emiliano Núñez Campero, Mariano Ovejero, María Victoria Toledo, Luciana Torres y Kika Valero. Salvo los protagonistas, el resto rotará los 11 personajes en escena. También habrá una banda en vivo, integrada por Anabel Yorbandi, Germán Herrero Heinecke, Rodrigo Noé Ferreyra, Flavia Yorbandi, Hernán Ruiz y Florencia Jiménez. Los artistas integran la Fundación para el Desarrollo de las Artes Escénicas, con la producción de Juan Logusso, quien ya asumió esa responsabilidad en “Alicia en Frikiland”, “Hilos de azúcar” y “Ni con perros, ni con chicos...”. En cada función habrá un invitado que leerá un documento sobre la temática que aborda el texto dramático.

Conseguir los derechos demoró años, porque la obra se seguía haciendo con éxito en Buenos Aires. El año pasado fueron concedidos y se inició un proceso de montaje que insumió varios meses, a partir de un casting para elegir el grupo artístico, un proceso en el que estuvieron presentes Pashkus y Bazán.

“Nuestra idea siempre es que vengan los creadores para trabajar con nosotros, como hicimos con ‘Ni con perros...’, para salir del formato clásico de trabajo. No copiamos una puesta, sino que aprendemos dinámicas, estilos, formas de ensayo, coordinación de equipos diversos que trabajan por separado y en simultáneo, y saber ensamblarlos cerca del estreno”, señala.

Esa fue la experiencia entre los actores y los músicos, que se integraron en la última semana, confiesa Fernández: “cada uno crea por su parte, porque hacerlo colectivamente, en el mismo momento y lugar, implicaría mucho más tiempo, cerca de un año”.

“Tengo un enorme espacio creativo, siempre siento que hay más cosas que podría haber hecho y nunca llego a terminarlas. Soy bastante posmoderno, en el sentido de que entiendo que todo es escritura de escritura. Me gusta mucho cuando puedo reescribir un texto de otro en escena, porque hay muchos intersticios y espacios de indeterminación, lo que me permite plantear opciones distintas a las que concretaron otros con una heterogeneidad de los materiales disponibles. No tengo una dinámica de trabajo en gabinete, de dramaturgia en soledad; me gusta encarar propuestas que me permiten comunicarme con artistas que no son del teatro”, agrega.

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