La ironía, la cita y la crítica son propias del arte contemporáneo

Seis proyectos fueron seleccionados para competir por el gran premio en esta edición nacional. El jueves a las 20 se inaugurará la muestra en San Martín 1.545 y a fin de mes se conocerá la decisión del jurado.

03 Jul 2018

“¿Qué no vemos cuando miramos un cuadro? Esta obra lo revela mediante imágenes de rayos X de una pintura de museo”. Con este interrogante presenta su obra “Rayos X” Cristian Segura, en la última sala del Museo de la Universidad Nacional de Tucumán. En ocho tablas montadas sobre caballetes hace ver veladuras, bocetos, las sombras del barniz, diversas capas de pintura, de la histórica pintura “Sin pan y sin trabajo”, de Ernesto De la Cárcova (1894), que solo podría identificarse a una distancia y altura inaccesible. Son impresiones sobre canvas.

La apropiación y la cita; la/s copia/s y el pastiche servil; lo que no se ve cuando observamos, y la misma realidad con su potente fuerza; la relación entre el pasado y el presente y la ironía, principalmente. Estas son algunas de las operaciones artísticas contemporáneas que se advierten en el Salón de Arte que se inaugurará el jueves en el MUNT.

El jurado integrado por Alejandra Mizrahi, Jorge Gutiérrez y Laura Valdivieso eligió seis proyectos; son los que competirán por el premio en este Julio Cultural, y el ganador se conocerá el 26. De ellos, gran parte de al menos tres, ha sido exhibido en otras muestras.

La ubicación de casi un centenar de piezas que fueron enviadas por el Museo Nacional de Bellas Artes forma parte de una investigación de Gaspar Nuñez. El artista alude al destino de las mismas y su actual locación en el Museo Timoteo Navarro. El hecho sucedió, efectivamente, en la primera etapa del Museo de la Provincia, cuando funcionaba en el actual Archivo Histórico.

“Se exponen en esta inauguración 89 obras pertenecientes al Museo Nacional de Bellas Artes de un lote de 94 que fueron enviadas a la Provincia para posibilitar la creación de nuestro Museo”, se indica en una breve historia que se publicó en 2015. “Se fueron devolviendo y ahora deben quedar 61”, le respondieron a este columnista los investigadores del Museo Timoteo Navarro. Nuñez, por el contrario, pone en duda esta situación (incluso asegura que son 77) y reconstruye, a su modo, con grabados, pinturas, fotos y diversos materiales algunas de esas obras, enmarcadas según la época.

En Londres, cuando los manifestantes o cualquier persona quiere quejarse, principalmente, o decir lo que se le ocurra, puede hacerlo en el Hyde Park, en el llamado Speaker’s Corner. Andrés Aizicovich preparó una plataforma móvil para su pieza “El rincón de los parlantes”, que cambiará de lugar casi permanentemente. Todo está listo para que los invitados usen el micrófono abierto para performances, discursos y karaoke.

En el ingreso del MUNT, y disfrazado como una oreja, el artista adelanta que invitará al público a expresarse. Pero prevé que esa plataforma pueda correrse del museo y estar en parques o llevarla a la propia Casa Histórica. “A partir de la superposición de proclamas políticas, sermones religiosos, un show de stand up y cualquier participación anónima, propongo un desbarajuste de las jerarquías del discurso, una economía de las igualdades”, contó Aizicovich.

Toda acción abierta, se sabe, significa correr riesgos y el artista parece dispuesto a asumirlo. Toda intervención pública es política. El púlpito de Aizicovich da para todo eso que denomina “desbarajuste”. Afuera o adentro, moviéndose de un lugar a otro, “El rincón de los parlantes” se sitúa en el espacio público, lejos o no de las instituciones y del mismo salón en el que participa.

Cuando se entra al museo se advierte con sorpresa que la famosa sala de Juan B. Terán (donde se halla documentación del fundador de la UNT, un espacio conservador y solemne por donde se lo vea) está intervenida. Reflejos, espejos, cabezas-torsos, que, efectivamente, exhiben otra realidad, en esos restos-rastros, adjudicados a una Italia neoclásica. Es la obra de Marina Alessio de extenso título “No le caigo bien a nadie pero eso es porque soy un espejo puesto en habitaciones donde la gente cree que está sola”.

La artista indica que sus obras dialogan con las que hay en la sala Terán, aunque en rigor debiera decir que hay una convivencia (término que también utiliza). Los curadores impusieron desde hace mucho esta relación de diálogo, pero la realidad nos indica que ese vínculo es, a veces, un enfrentamiento o un romance.

Zona franca

Curiosamente la zona central del MUNT, la sala más grande y deseada por todos, está ocupada por el colectivo El Bondi, un grupo reconocido por trabajar en estéticas contestatarias, con problemáticas marginales; sus trabajos con un carrito cartonero y venta de usados son conocidos en la ciudad. Así como en la creación de situaciones, sobre todo de quienes se reconocen situacionistas, un movimiento político-artístico que influyó en el Mayo Francés. “Zona Franca” (“Duty Free”) es una instalación de una feria de copias, piratas, ropa usada, PC’s que disparan textos y una fotocopiadora.

Puede decirse que la obra de El Bondi (como la de Aizicovich) son acciones, trabajos que están en movimiento, un arte que depende de la participación del espectador, sin la cual no llega a existir. Y más que acciones: prácticas artísticas. Un arte político que no tanto se desmarca de la institución (museo, salón) sino que le interesa incorporar la realidad a esas instituciones y dislocar su situación de obra.

Reflexión: el espacio central del MUNT lo ocupa una instalación marginal, que trabaja en los bordes, algo que se podría ver, sin mayor dificultad, en la vieja terminal de ómnibus o en el Mercado Persia.

La dura realidad, pero con humor e ironía, también se cuela en la puesta de Lucrecia Lionti: “High School”. La artista crea su propia aula de trabajo y estudios. Recupera la manualidad para el arte. Y las noticias de los diarios y los mensajes están presentes, como ese corazón dibujado en una tela que plantea “Austeros y cuidadosos”.

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