La Reforma llega al rectorado de la UNT

25 Jun 2018

Manuel Riva | Redacción LA GACETA

Aprovechando la llegada de fin de año nuestro diario realiza, desde casi sus comienzos, producciones especiales sobre diversos temas de la realidad social, política, cultural, económica, educativa entre otros. Para el cierre de 1929 se realizó una producción dedicada a la Universidad Nacional de Tucumán bajo el título “La que la Universidad significa para nuestros estudiantes”, allí se evaluaba la trascendencia que había tomado para la región con apenas 15 años de vida y con ocho de nacionalizada. Haciendo una destacada valoración del movimiento reformista de 1918 en Córdoba y del que los estudiantes tucumanos participaron activamente. La nacionalización, que fue considerada clave para el fundador de la casa de estudios, Juan B. Terán desde un principio, fue uno de los temas impulsados por los estudiantes desde un principio del movimiento.

La elección de Prebisch

Justamente 1929 fue otro año clave ya que fue electo el primer rector reformista, el doctor Julio Prebisch. Con esta consideración nuestro diario indicaba que “con el triunfo del dr. Julio Prebisch para rector de nuestra Universidad, ha conquistado por primera vez los altos cargos directivos de una tendencia que desde el año 1918 lucha en los claustros universitarios: la Reforma” y agregaba que “significa un conjunto de principios y normas que revolucionan fundamentalmente el régimen universitario en su triple faz docente, electoral y administrativo”. Asimismo reconocía que con la Reforma el concepto de cátedra “ha variado en absoluto” ya que sus principios obligan a quien quiera acceder a una a “haber probado capacidad y méritos”. En cuanto a la docencia libre indicaba que “permite la apreciación de valores que con el antiguo régimen hubieran quedado ocultas”. A esto el cronista lo consideraba un avance y un beneficio para el estudiante que le “permite elegir a sus mejores maestros”. Junto con la elección de sus profesores, los alumnos “participan con una cuarta parte de electores en la designación de autoridades: rector, decanos, consejeros, etc” y tenían el derecho de enviar dos delegados al Consejo Superior y consultivos, sólo con voz. La otra faceta destacada era la extensión universitaria que “significa la exclaustración de la ciencia que hasta hoy ha permanecido embotellada en las universidades y accesibles solo a determinadas clases sociales”. Además explicaba que eran las misma instituciones las que debían llegar al pueblo “por medio de conferencia, folletos, bibliotecas, radiotelefonía, cinematógrafo, etc”.

La crónica destacaba que en aquel año ocurrieron dos hechos importantes. Uno fue la elección de Prebisch en octubre y el otro fue la incorporación de la Escuela de Agricultura y Sacarotecnia. En cuanto a la elección del nuevo rector indicaba que era “la primera vez que triunfaba la tendencia reformista”. Y agregaba que había puesta grandes esperanzas al ser “el primero que llega en esa forma en nuestro país”. Prebisch se convertía así en el primer rector reformista del país.

Principios reformistas

El 29 de julio de 1896, nació en San Miguel de Tucumán Julio Faustino Segundo Prebisch Linares, hijo de una familia salteña. En su adolescencia, abandonó la provincia para estudiar Medicina en Buenos Aires, donde se recibió con honores. En la Capital, además de conocimientos científicos invaluables, Prebisch tomó contacto con las ideas de la reforma mientras estaba al frente del Centro de Estudiantes de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

Antes de ser elegido rector se desempeño como presidente del Concejo Deliberante de la capital tucumana en representación del partido Defensa Comunal, un desprendimiento del partido Liberal.

La elección de Prebisch expresaba la voluntad de estudiantes y egresados, decididos a poner en vigencia los postulados reformistas. El discurso del nuevo rector reflejaba esta aspiración y destacaba la resistencia del grupo fundador y de los docentes que no aceptaban la participación estudiantil en las decisiones universitarias: “quiero haceros recordar que vengo a la Universidad venciendo la resistencia de casi la totalidad de los profesores que ven en mi llegada –con razón y con dolor- la oficialización de propósitos reformistas”.

Las autoridades que acompañaban a Prebisch eran como vicerrector Alejandro Pérez, como consejeros profesores: Julio Villafañe, Carlos Díaz, Celedonio Gutiérrez, Iván Fontana, Max Awechalon, Miguel Lillo y Alberto Torres; y delegados de la Federación Universitaria Carlos Cuenya (h) y Leovino Benavídez.

Beneficios estudiantiles

Los beneficios para los estudiantes que ofrecía nuestra universidad eran varios. Sin embargo criticaba lo poco conocida que era su oferta académica en la región de influencia. “Fuera de la numerosas carreras que en ella se cursan, en su profesorado hay elementos valiosos que por su talento y dedicación al estudio han logrado imponerse en otros medios, nacionales y extranjeros”. También se ponderaba la parte arancelaria, que eran “exiguos en comparación con las demás universidades del país”. Los costos de entonces eran 25 pesos de inscripción por año y 50 por el diploma al final de la carrera. Cabe recordar que una camisa valía por entonces entre 5 y 10 pesos o un ambo unos 65.

Además informaba que existía, “única en Sud América”, la Casa del Estudiante administrada por la Federación Universitaria para estudiantes de otras provincias. Las pensiones particulares cobraban entre 50 y 90 pesos. “Todas estas series de consideraciones permiten llegar a la conclusión de que nuestra Universidad ofrece ventajas visibles sobre los otros centros de la misma índole”, destacaba la crónica.


Escuela de Agricultura

Lugar destacado ocupaba en el artículo la transferencia de la Escuela de Agricultura y Sacarotecnica y allí se decía que “la importancia de este establecimiento es notoria, porque además de la índole de sus estudios, cuanta con instalaciones valiosas como son el internado, la quinta agronómica y el ingenio modelo”. La escuela fue cedida a la Universidad por el decreto del presidente Hipólito Irigoyen y del ministro de Instrucción Pública, Juan de la Campa del 8 de octubre de 1929. Dejaba de estar en la esfera del Ministerio de Agricultura. Las nuevas autoridades universitarias expresaron su “propósito de interesarse especialmente en la reorganización de esta Escuela, revisando sus planes, programas y actuales condiciones, para introducir en ella todas las reformas necesarias para conseguir su más elevada eficacia técnico-regional en la preparación de peritos agrónomos”. Por eso el cronista consideraba que estos profesionales eran de importancia para nuestra provincia debido a la diversidad de cultivos como eran la caña de azúcar, los citrus, el tabaco, algodón, arroz, yerba mate u hortalizas. “Modernizando y racionalizando estas industrias agrícolas y sus derivadas, el norte argentino habrá solucionado el angustioso problema que la superproducción de azúcar significa”.

En el recuento de actividades académicas que hacía la nota, se destacaba que desde su fundación se le imprimió una orientación técnica-regional preparando profesionales para desenvolverse en las actividades económicas locales. La Facultad de Ingeniería estaba dividida en dos escuelas, una de ingeniería industrial y la otra de agrimensura. Las nuevas autoridades habían resulto “crear en el año próximo (1930), la carrera de ingeniero civil” que se convertiría en la primera en el norte del país. La facultad de Farmacia ofrecía ese título que era “una verdadera garantía en el desempeño de tan delicadas funciones relacionadas con la salud pública”.

Las escuelas secundarias dependientes tenían un lugar destacado. El Instituto Técnico formaba bachilleres técnico mecánicos que podían ingresar a la facultad de ingeniería y si realizaban un año de práctica en fábricas obtenían el título que los habilitaba a trabajar en las industria.

La Escuela Vocacional Sarmiento, de larga tradición y “merecidos prestigios en el norte del país”, contaba con un Departamento de Aplicación y de enseñanza especial, ciencias domésticas, leguas vivas, práctica comercial entre otras.

También estaba la Escuela de Dibujo y Artes Aplicadas, que comprendía dos secciones: la de maestro de dibujo –“exclusivamente para mujeres”- y la de artes aplicadas que abarcaban tres especialidades como Carpitenría, herrería y albañilería.

La escuela de Electromecánica y mecánica estaba destinada a los obreros y tenían un régimen nocturno. Las especialidades que se brindaban eran: maquinista ferroviario, electricistas, “chauffeurs”, entre otras. Debido a la calidad de sus egresados el establecimiento tenía contactos directos con los gremios del sector para formar a sus afiliados.

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