El tren de la esperanza

En el viaje de retorno desde Nizhni Nóvgorod a Moscú, los hinchas argentinos sufrieron el partido entre Nigeria e Islandia; festejaron el triunfo de las "Súper Äguilas" y esperan que la Selección tenga cuerda para rato en esta Copa del Mundo.

23 Jun 2018 Por Leo Noli
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-PARA PASAR EL RATO. Todos quisieron ver el album antes de opinar de fútbol. LA GACETA / FOTO DE LEO NOLI (Enviado Especial).

El viaje. El tren de regreso a Moscú es una sala de terapia intensiva en movimiento. Los pacientes no hablan. Tampoco se quejan de las escasas comodidades de un rápido que para ellos es tan lento como una tortuga renga. No avanza, y eso que corre por encima de los 150 kilómetros por ahora. Apure chofer, Nigeria está por jugar.

La intención. Los primeros murmullos en el vagón número uno hacen acto de presencia a través de Martín. El de barba tupida maneja con la zurda su celular y con la derecha la pantalla. “Por Google se puede seguir el partido”. Islandia y Nigeria bailan ya. Nervios. Martín ha despertado al resto del vagón. Hay consultas, métodos de búsqueda y una catarata de puteadas porque la señal de todos los teléfonos ha desaparecido. Mariano se lamenta. A rezar.

Qué sufrimiento

Cortar clavos. No hay novedades. Alguien consulta si por el barrio circula un teléfono con línea de celular rusa. Quieren saber cómo va el partido. Nada. Se acerca una parada corta. Respiro. Van 15 del primer tiempo y lo poco que se sabe es que el partido sigue 0 a 0. Lo malo de ese es que según los comentarios de Google Islandia ya le llegó dos veces al arco de Nigeria. Eso significa que llegó más veces que en el partido contra Argentina. Lo bueno, no marcó. Qué alegría. Otra vez se pierde la señal. Pucha.

Martín está a punto de recibirse de operador de telefonía móvil o algo así. Nadie sabe cómo, pero el tipo engancha un hilo de datos e informa que todo sigue igual, que el entretiempo está al caer y que el empate sigue sin derrumbarse. No es un mal resultado, dicen las cabezas de los pasajeros de este vagón, en una meneíto que brinda algo de tranquilidad. Vamos Nigeria.

El gol. Entradas las 19 en Rusia, con el tren en su curso normal y el pasaje con poca señal, alguien se desboca. Es en el vagón número dos. “¿Es joda?”, pregunta Fernando, otro de River que está con cuatro amigos. El “Mono”, de su troupe, ni se percata. Es un oso hipnotizado por la música de sus auriculares bluetooth. Gooooool. Ahora sí, la confirmación que llega del otro vagón se suma a la de Martín y a la de un nuevo amigo que brota de la nada con toda su humanidad. ¡Vamos Argentina!

“De no creer, gritamos un gol de Nigeria”, se ríe Hernán. “Este Mundial da para todo”, le responde Abel, el más grande de los opinólogos, el que está con su hijo y su nieto. A Abel no se le pasó la bronca del 0-3. “Faltan huevos”, dice y busca aliados. Se le suma un par. Otros creen que la historia no pasa por ahí. “No hay equipo y no se sabe qué juega la Selección”, opina Santiago Velasco, con domicilio en Valencia, España, pero que lleva la celeste y blanca a todos lados. Pide garra Santiago, quizás envalentonado porque lleva puesta la camiseta de Los Pumas, sinónimo nacional de retroceder nunca, rendirse jamás. Gol.

Respiro

Nigeria 2-Islandia 0. Confirmado. “Mamita. Estamos vivos”. El vagón se convierte en un bar. Cautela. Soñemos. “Ese no es el problema, el problema a resolver ahora es cómo ganarle a Nigeria”, Argentina es una cantera de dilemas, piensa Guillo. Qué difícil es todo esto. Un parto. “Rebeldía, rebeldía necesitamos”, Martín insiste en esa, y Mariano en que hay que cambiar esquema, nombres. Al arquero, a Wilfredo Caballero. Basta de oportunidades. “No es momento”, Mariano tiene razón, lo acompaña la tropa, menos dos integrantes de la manada: el usurpador y Tatiana.

Hablamos sin hablar. Le dicen el usurpador pero quizás le cabería mejor el apodo de Bernardo, el amigo fiel y mudo del Zorro. El usurpador está en un asiento que no es el suyo. El usurpador no habla, no levanta la mirada más allá de su Iphone 8 Plus y sólo cambia de posición cuando el tren llega a nuevo destino. Se esfuma. Va hacia el vagón número dos. Arranca el tren y de nuevo el usurpador en casa. Penal para Islandia. Caramba. El Usurpador, en la suya. Tipo raro.

La señora que está con sus hijos y su marido canta la posta. “Ya está: lo erraron, me lo dijo mi hermano”, notición. Qué desahogo para el resto, de manos levantadas volviendo a creer que nada está perdido, y que la Selección tiene una vida más. Hay que cantar, hay que bailar. Sí, se puede, Selección. El tornado de alegría se estrella en la frialdad del usurpador. Una piedra el hombre. ¿Y Tatiana? Una dulce.

Ella es rusa. No se ha movido ni medio segundo desde que el tren salió de Nizhni. Es una muñeca de torta inmaculada. Lo único que choca un poco de ella es la combinación de ropa, camisa blanca, pollera roja. “El mantel de Croacia”, hay dolor todavía en esas palabras. Tatiana, ni enterada. No es el usurpador, porque si le hablan , ella responde. Es rusa, pero caza el español. “Sí, chau, hola, je”, ídola.

Que no pase el tren

Hablemos de fútbol. Lo difícil. Ponerse de acuerdo en cómo formará la Argentina el martes contra Nigeria es tan complicado como que a Jorge Sampaoli le florezca el pelo y pueda dejarse una melena como el rey de la selva, Simba. Le pasó el tren al DT de la Selección, el tren del cabello. “Esperemos que no el del Mundial. Tiene una chance más, que no la pudra”, pide Hernán, que entre pausa y pausa recuerda su paso por Nizhni como una experiencia que no desearía volver a vivir. “Perdimos con baile, no quiero volver”, quizás en cuartos de final toque. “Primero le ganemos a Nigeria, pero ¿cómo?”, ahora pregunta Alejandro, intentando atar cabos a futuro con el albúm de Panini en la mano. La Biblia.

Discusiones

Argentina es para los hinchas lo que un acertijo sin pregunta, un misterio. “Con (Edgardo) Bauza no nos pasaba que nos metan tres”, evoca el pasado Fernando. “Con Bauza Brasil nos metió tres”, le responde Mariano. Pasado, pisado. Abel, que mete la cuchara con la eficiencia de un cirujano plástico. “Sampaoli es el único técnico que logró que los hinchas de Boca pidan por Armani y los de River por Pavón. Que los ponga ahora, loco”, manos en estado de rezo general. “Se terminó la grieta”, bien por Mariano metiendo la cuchara con un chiste que alegra a todos, menos al… Usurpador. Es un robot este hombre que sí habla español, que sí es argentino, pero que de fútbol con desconocidos no habla, aparentemente. Su Iphone no lo deja.

Tatiana se mueve. Milagro. Saluda a Joaquín, el pebete de la mesa. Tatiana es feliz sin entender una palabra de lo que le dice el resto del vagón. Tatiana es rusa, pero ha dejado en claro que le gustan los argentinos. Son simpáticos. “Vamos aryentina”, Tatiana se ha ganado el corazón del vagón. El usurpador, ni enterado. Malo.

Moscú. Adiós, es la despedida que deja una carta abierta entre los pasajeros. “Ojalá nos volvamos a ver en San Petersburgo el martes”, “ojalá nos veamos en Kazán”, “ojalá que sigamos en cuartos”, “deliremos”, uno a uno, los integrantes de la manada dejan sus sentimientos en unas últimas palabras. Menos el usurpador, claro.

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