La fiebre mundialista pasó por Chuscha

Cientos de niños y adolescentes que asisten a escuelas de la localidad compartieron la pasión futbolera durante el segundo.

22 Jun 2018

A 70 kilómetros de la capital, el pueblo de Chuscha vive la pasión mundialista con el mismo fervor que caracteriza a los hinchas argentinos. A medida que se avanza por el camino de ripio, las primeras banderas hacen su aparición; algunas ahí desde el partido contra Islandia y, otras, desde la celebración del día de nuestra enseña nacional.

A menos de 100 metros de distancia, dos escuelas viven el Mundial a su manera. Por iniciativa del ministerio de Educación, los alumnos se reunieron para compartir una jornada especial y mirar el partido de Argentina.

La Escuela N° 221 “Enrique Bustos Avellaneda” recibe a los alumnos con una enorme bandera en su portón principal. Dentro, unos 60 niños miran expectantes la pantalla gigante y, entre juegos, esperan el comienzo del partido. Al fondo del salón, Jazmín Fernández (8 años), salta junto a sus compañeras envuelta en una bandera al ritmo de “AR- GEN- TI - NA”. Otros, agitan sus carteles de apoyo.

“Chuscha es un pueblo muy futbolero. Los domingos, las familias se preparan para ir a la cancha: padres, abuelos, nietos y primos, con el mate”, celebró Adriana Torres, profesora de la escuela primaria.


La preparación comenzó desde muy temprano con actividades didácticas. “Localizaron países en el mapa. Algunos jugaron a ser relatores y otros analizaron la estructura del Mundial”, explicó Ramona Ramírez, directora de la escuela.

A pocos metros, los gritos de euforia se replicaban en la Escuela Secundaria de Chuscha. A diferencia de los más chicos, los adolescentes no tuvieron clases y comenzaron a llenar el aula principal minutos antes del partido.

Pasadas las 14, llegó un colectivo con integrantes del programa “Educación sin paredes”. El sonido de los redoblantes se escuchó incluso antes de abrir las puertas. En fila india, el grupo, con bombos, banderas y pinturas comenzó a desfilar hasta la escuela encabezando la fiesta. “La idea es que los chicos disfruten del trinomio: partido, escuela, familia”, contó Fernando Barro, miembro del programa.

El director de la Escuela Media, José López, recibió a los invitados con los brazos abiertos y una camiseta de la Selección sobre los hombros, dejando por unas horas su rol de directivo.


A la hinchada, se sumaron familias de la zona. El fan más pequeño fue Lautaro Díaz (3), que jugó a patear penales vistiendo su camiseta de Lionel Messi. “Si bien no entiende mucho el Mundial, le gusta el fútbol”, contó entre risas María José Díaz, mamá del pequeño hincha que sorprendió a todos.

La música no faltó. Los más experimentados en bombos y redoblantes como Franco Dorado, lideraron la batucada. Lograron sumar interesados por la percusión. Uno de ellos fue Juan Mansilla, adolescente que trató de seguir el compás.

A 10 minutos del comienzo de Argentina-Croacia, desde Rodeo Grande, nuevos integrantes se sumaron a la espera. El aula quedó colmada con más de 100 espectadores.

La maestra, Fátima Tropiano, contó la dificultad de los chicos para acceder a los partidos por la ubicación de la escuela. “Llegaron muy entusiasmados a ver el partido y vienen trabajando desde comienzo de mes en relación al mundial”, reconoció Tropiano.


Cuenta regresiva

La amistad, como el Mundial, no distingue camisetas. Dos alumnas, María José Báez (16) y Pilar Villa (16), mantienen su amistad a pesar de la rivalidad de sus pasiones. “Yo, como hincha de Boca, lo quiero a Armani en el arco porque el Mundial es otra cosa, sea del equipo que sea, el jugador tiene que contar con el de todos”, dijo María José. En la misma sintonía, Pilar defiende el sentimiento “albiceleste”. “Cuando juega la Selección a la ‘banda roja’ la dejo un poco de lado. Yo lo pido a Pavón porque en el partido contra Islandia hizo mucho más en 15 minutos que Di Maria en todo el partido”, afirmó la hincha de River.

La acción

La primera mitad se vivió a pura expectativa. Con cada llegada argentina al área rival, los espectadores se levantaban de sus sillas y los gritos de angustia fueron al compás de intentos de goles fallidos. El remate de Enzo Pérez, exaltó hasta al más distraído. La última jugada del primer tiempo mantuvo la fe.


La ansiedad acumulada desde la primera mitad y los ánimos fueron decayendo con la llegada de los goles rivales. Eso se vio reflejado en los últimos tres minutos cuando los espectadores comenzaron a retirarse. Algunos hablando por lo bajo, otros apretando el cotillón y rasgando los dientes.

“No le tenía fe al equipo. Jugó re mal y le faltaron ganas. Yo haría jugar más a Dybala y a Pavón. Son dos de mis favoritos”, analizó Santiago Romano (17). Gilda Ruiz (17) coincidió. “El partido me decepcionó, pero todavía se puede tener esperanzas”, reconoció.

Quienes mantienen vigente la confianza en el equipo son los niños que lograron sobrellevar la amarga jornada con una taza de arroz con leche.


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