Cartas de lectores

21 Jun 2018 Por LA GACETA
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la gaceta / foto de franco vera (archivo)

Los monumentos

Con fecha 17 de junio, en la sección “Tu Historia”, el doctor Carlos Páez de la Torre (h), bajo el título “Singular maltrato a los Monumentos”, reseña el poco apego que tienen nuestra ciudadanía y los gobernantes sobre los mismos. Muchos de ellos desaparecieron y la prueba de que en su momento los representantes, en nombre del pueblo, reivindicaron su figura instalando monumentos en distintos lugares. Aún varios de ellos subsisten y otros desaparecieron como por arte de magia a través del tiempo. Es difícil determinar qué pasó con ellos; lo atribuyo, quizás, a las constantes interrupciones institucionales que sufrió nuestro país, y quiera Dios que sea hasta 1983, que fue que dichos monumentos o fueron desplazados o sufrieron el vandalismo de nuestros semejantes. Debo hacer notar que en cuanto al busto de Rivadavia, que estaba emplazado en la plaza que llevaba su nombre, en calle Bolívar entre Batalla de Chacabuco y Batalla de Ayacucho, dicha Plaza cambió su nombre por el de “Los Decididos de Tucumán”, Ordenanza 4478/12. El busto al que hace referencia dicho historiador, por iniciativa de la Secretaría de Relaciones Institucionales del Municipio, solicitó que el mismo se ofreciera en donación a la Escuela Bernardino Rivadavia. El Intendente dispuso, ad referéndum, a través del Concejo Deliberante, dicha donación a través del Decreto 1688/SSP, del 16 de mayo de 2016. Es de hacer notar que dicho busto estuvo resguardado en el Departamento de Artes de la Dirección de Espacios Verdes, para evitar que corriera la suerte de los anteriores.

José Luis Avignone

Secretario de Relaciones Institucionales Municipalidad de San Miguel de Tucumán

Día del Escritor

En reiteradas oportunidades, el editorial de LA GACETA, en consonancia con el Día del Escritor, que se recordó el 13 de junio pasado, hace referencia a la necesidad de apoyar la labor de los autores tucumanos de libros, en lo que hace a la impresión, publicación y difusión de los mismos. A propósito, siempre se habla de la falta de identidad de los pueblos, hecho que en los libros de referencia se puede encontrar. Son incontables los escritores y escritoras que dedicaron su tiempo y saber para investigar y redactar poesías, o en el desarrollo de los pueblos y/o barrios, bibliografía con que deberían contar las escuelas y colegios de cada lugar para ilustración de alumnos y docentes que prestan servicios en las zonas rurales, que como se sabe provienen de los centros urbanos del Gran San Miguel de Tucumán. A su vez, los alumnos, por ser jóvenes y por falta de transmisión generacional, al igual, ignoran la historia y el desarrollo de los lugares donde habitan y/o se desempeñan. En lo personal, investigué, recopilé, redacté e imprimí libros regionales para del departamento Burruyacu, ejemplares que distribuyo en los establecimientos educativos de sus respectivos territorios. Con sorpresa y satisfacción, puede comprobar que los trabajos expuestos por los alumnos en las ferias de Ciencias que se efectúan anualmente, en su mayoría fueron tomados de mis libros. Ojalá que sirva esto como antecedente para el proyecto de ley y reglamentación y aprobación que se reclama se implemente sobre el particular.

Ysmael Díaz

Mario Bravo 247 Banda del Río Salí

El FMI y la última oportunidad

El acuerdo con el FMI fue firmado por Mauricio Macri. Nos prestarán U$S 50.000 millones, a medida que vayamos cumpliendo las condiciones impuestas para no caer en otra hiperinflación y cesación de pagos. El nuevo acuerdo no reclama aumentos de impuestos para la población, ni despidos en el sector privado, ni cierre de empresas. Sólo exige que la clase política se apriete el cinturón y haga el ajuste que nunca quiso hacer. Las condiciones del FMI para prestarnos son: A) Restaurar el valor de la moneda argentina, y B) Terminar con el despilfarro que el Estado hace del dinero tomado de los contribuyentes mediante impuestos, deuda pública y emisión de moneda. Las medidas tienden a reducir el gasto público del 48% al 25%, eliminar el déficit primario en el año 2020, reducir impuestos que arrebatan la riqueza creada por las personas, y hacer converger el superávit fiscal con el superávit de la balanza de pagos, para poder exportar y pagar las deudas. Son medidas excepcionales para un país donde sus políticos se acostumbraron a gastar y a despilfarrar el dinero de los contribuyentes. Si la clase política no entra en razones y pretende seguir gastando por encima de las posibilidades, enfrentarán un único panorama: el retorno al año 2001, donde cada semana se cambiaba presidente. La gran mayoría del pueblo argentino volverá a pedir “que se vayan todos”. El préstamo del FMI es la última oportunidad para los políticos. Nadie, en ningún lugar, por ningún motivo y bajo ninguna forma, nos prestará un solo centavo de dólar para financiar el exceso de subsidios, gastos públicos o el festín de la clase política.

Julio Argentino Gómez

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Yerba Buena

Salvar nuestro cerro es salvarnos a nosotros mismos. Basta de “permisos especiales”. La opinión pública ya tiene un claro concepto de lo que eso significa en política; prudente sería que no se siga usando ese argumento tan lábil y que sólo causa sospechas. Los políticos no sólo deben ser, sino parecer. Lo expreso con mi mejor buena fe, sin acusación de por medio y con afecto por los actuales gobernantes, debo decir. Los malos pensamientos existen, pero no alimentemos la fogata. Las fuentes de nuestros recursos acuíferos deben ser extremadamente cuidadas. El maravilloso y singular interés turístico de nuestro Aconquija, marco y regalo de Dios donde vive y palpita Yerba Buena, no puede ni debe ser vulnerado por la vulgaridad del menudeo comercial. Debe ser preservado por su monumentalidad. Al paso que nos llevan algunos soñadores de la inmediatez, pronto deberemos comprar un telón de fondo con cerros y árboles pintados, cual escenografías de un paraíso perdido. Eso sí, si sobrevivimos a la feroz comercialización de la densidad poblacional o a los deslaves de la montaña a causa de la tala a que es sometida, todo, para instalar nuevos “desarrollos”. Así, estamos perdiendo nuestros árboles autóctonos, con la correspondiente pérdida de nuestros pájaros. Así, las tormentas arrastran nuestros áridos y la tierra del San Javier, según se ve y, esto cada vez más a mayor velocidad. Si hasta ya tuvimos personas muertas y arrastradas al canal, con auto y todo por ese motivo. ¿O nos hemos olvidado? ¿Qué esperamos para detener este mercadeo? ¿Qué esperamos para volver a vivir con “calidad de vida”? ¿Es que acaso elegimos vivir aquí por el tráfico desordenado, la imposibilidad de cruzar la avenida como un peatón, el qué me importa el vecino total, “yo estaciono donde quiero”? De jardines y paisaje, mejor es no hablar. Estamos cambiando una forma de vida por shoppings, bares, mesas en las veredas, tala descarada de árboles urbanos, semáforos (al menos), tráfico desmedido y malos servicios de transporte público. Vale preguntarse, entonces, ¿en qué somos tan especiales los yerbabuenenses? No pasarán muchos años en que la avenida Aconquija, tan cotizada y destruida hoy, sea un cementerio de catedrales comerciales y, los vecinos, aquellos que elegimos vivir aquí, hayamos huido. Triste y peligroso proceso de despersonalización y falta de identidad de una ciudad que, por mucho tiempo, fue bellísima.

Manuel A.R. Sancho Miñano

Juan Heller 164

Yerba Buena

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