Un “mercado persa” de sistemas

20 Jun 2018
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CHARLA TÉCNICA. Sampaoli analiza con Mascherano el encuentro de mañana. Reuters.

HÉCTOR LAURADA | TÉLAM - ENVIADO ESPECIAL

Jorge Sampaoli llegó al seleccionado argentino con una idea madre y varias alternativas sobre cómo parar al equipo ante determinados rivales. Otras buscaban adaptar algunos sistemas al gusto de los jugadores más experimentados del plantel, a los históricos liderados futbolísticamente por Lionel Messi y afuera del campo por Javier Mascherano.

De entrada nomás el técnico propuso línea de tres, algo que funcionó relativamente en el primer partido de su corto historial (apenas una docena de presentaciones en el banco argentino) al vencer por 1 a 0 a un Brasil alternativo con gol de Gabriel Mercado.

La siguiente presentación fue ante el extremadamente débil Singapur (6-0) y entonces el “Zurdo de Casilda” fue por más, aprovechando que la situación daba para arriesgar. Propuso un planteo 2-3-3-2, similar al que empleó el pasado sábado ante Islandia, aunque con algunas restricciones a la hora del retroceso.

Dos aspectos quedaron claros después de esa experiencia: que a Islandia no le sobra nada pero tampoco es Singapur, y que si se retrocede con la misma lentitud con la que se avanza es probable que ocurra lo que sucedió el sábado: que apenas el rival intente atacar, consiga convertir.

Después de lo acontecido en su primera gira, Sampaoli siguió insistiendo con la línea de tres, aunque a la hora de la verdad, en las eliminatorias, el equipo anduvo a los tumbos y casi no viaja a Rusia. Contra Ecuador el sistema fue 1-10: Messi y 10 más.

Para entonces los jugadores, o mejor dicho el núcleo fuerte del equipo, ya reclamaban casi a viva voz retornar a la línea de cuatro que siempre fue de su preferencia. Y Sampaoli, contradiciendo sus propias convicciones, algo que también le había sucedido a su predecesor, Edgardo Bauza, arrió las banderas para conformar a Messi y compañía. Sobre todo y más que todo al capitán.

“Sampaoli es mejor que yo, porque sabe adaptarse al juego de los rivales, mientras que en mi caso soy obcecado y no renuncio a mi idea. Muero con las botas puestas. Por eso me fue mal muchas veces”, remarcó Marcelo Bielsa, de cuna ñulista como él. Seguramente el “Loco” no se refería puntualmente al gusto de los jugadores cuando hablaba de “adaptación”.

Pero ahora llegó el Mundial, y aunque ya vivió el de Brasil 2014 dirigiendo a Chile, su “sueño del pibe” era conducir en una cita ecuménica a la Selección de su país, y lo está haciendo.

Todo partido inaugural de una Copa del Mundo marca el destino de un equipo, para bien o para mal. También empieza a consolidar un sistema de juego o a desechar otro. Le pasó a Alejandro Sabella justamente en la primera fecha ante Bosnia, en Brasil, cuando salió con una línea de cinco defensores y los referentes se lo hicieron cambiar en el entretiempo por otro más ofensivo.

En este caso la situación es inversa. Sampaoli resignó sus convicciones en el partido inaugural pero ahora está dispuesto a imponerlas ante la inminencia de un colapso si no les gana a los croatas.

El retorno a la línea de tres inicial, para proponerle al seleccionado albirrojo un 3-4-3 “bielsista”, más afín a sus ideas, lo hace ser “más Sampaoli” y menos “Messi dependiente”. Para bien o para mal, el técnico sabe que esta oportunidad histórica, quizá única en su vida, que alberga el sueño máximo de su vida futbolística, que acunó desde pibe, debe afrontarlo siendo él mismo, sin traicionarse.

Por eso va a coincidir con con su admirado “Loco” Bielsa y aunque suene hasta temerario, también va a elegir “morir con las botas puestas” antes que vivir con los pies descalzos. Y quizá así, por convicción simplemente, le vaya bien. A él y al seleccionado argentino, que son y deben ser lo mismo.

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