La desnudez de los maniquíes

17 Jun 2018

MISCELÁNEA

DESNUDOS DE VIDRIERA

REYNALDO SIETECASE

(Reservoir Books - Buenos Aires) 

Resulta interesante analizar los juegos de representación de Desnudos de vidriera, obra compuesta por una sucesión de imágenes fotográficas y un extenso poema. El libro se abre con una frase de Homero Expósito: “porque eres algo para todos ya como un desnudo de vidriera”. Desde el epígrafe, se anuncia una desnudez particular, la de los maniquíes. Sietecase focaliza rostros, cuerpos enmarcados en negocios o depósitos en las vidrieras del barrio de Once, donde el poeta los descubrió y llegaron a inquietarlo porque “están ahí/ esperan/permanecen/ deambulan/ se detienen”. Es un mundo de cuerpos alineados, abandonados, acompañando el poema citado, que se dirige a la segunda persona para poner en relieve su actitud de espera y permanencia: “Desprovistos de todo/destino de presidio/en las vidrieras/como vos/ tampoco se rebelan”. Aclara que captaron su atención durante tres años por cuanto “definían el paisaje del mismo modo que los porteños del Abasto, los inmigrantes peruanos o los religiosos judíos”. Les adjudica un deseo de eliminar la raza humana ya que “sueñan/ con el día del juicio/ la hecatombe nuclear/ la peste que arrase/ el mundo de los hombres”. La construcción lírica resuena en melodiosas metáforas que desgranan el descubrimiento de esos seres.

Más allá de las palabras, las fotografías de diversos muñecos se centran en rostros diferentes que van sucediéndose como en una calle agitada o cuerpos metalizados de cuadros futuristas. Sin embargo, la última toma es de una pareja con expresión de complacencia, frente a numerosas manos que intentan acercarse. Reconocemos una intención narrativa que recorre el poema y connota nuevas interpretaciones poéticas porque “sus ojos asombrados dicen más de lo que callan”. Si tenemos en cuenta la cita mencionada al inicio, con el final del poema, podríamos inferir que ambas naturalezas, maniquíes y humanos se unen en soledades y esperas.

© LA GACETA

ANA MARÍA MOPTY

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